Carinata, camelina y colza: los cultivos de invierno que se suben al boom global de los biocombustibles

Cultivo de carinata en plena floración con flores amarillas bajo cielo despejado en un lote agrícola argentino.

Contratos cerrados, precios asegurados y demanda internacional: cómo funciona el negocio que promete transformar millones de hectáreas en Argentina

Mientras la agricultura argentina busca alternativas rentables y sustentables para diversificar las rotaciones, la carinata, la camelina y la colza comienzan a consolidarse como protagonistas de una nueva economía agrícola ligada a la transición energética global.

Con contratos que integran toda la cadena, valores de referencia definidos antes de la siembra y un destino industrial prácticamente garantizado, estas oleaginosas invernales avanzan en un mercado donde la demanda internacional crece más rápido que la oferta.

El nuevo informe elaborado por Giuliana Dellamaggiore, Emilce Terré y Julio Calzada analiza cómo se comercializan estos cultivos en Argentina, cuáles son los márgenes que ofrecen y por qué las empresas energéticas globales ya los consideran materias primas estratégicas para producir combustibles sostenibles de aviación (SAF).

Un modelo integrado que cambia las reglas del negocio agrícola

A diferencia de la soja o el girasol, donde el productor vende su cosecha en mercados abiertos, la cadena de carinata, camelina y parte de la colza funciona bajo esquemas integrados.

Las empresas no solo comercializan semillas: también financian, brindan asistencia técnica, gestionan certificaciones ambientales y garantizan la compra del grano.

El objetivo es asegurar trazabilidad y sustentabilidad, dos condiciones imprescindibles para ingresar al negocio internacional de los biocombustibles avanzados.

En colza conviven actualmente dos modelos. Por un lado, empresas que ofrecen contratos integrales desde la semilla hasta la comercialización; por otro, productores que operan de manera independiente y venden libremente su producción.

En carinata, el esquema es todavía más concentrado: una sola compañía domina el desarrollo genético y articula toda la cadena comercial. La producción termina vinculada a una multinacional energética global que utiliza el aceite certificado para fabricar combustible sostenible para aviación, con acuerdos de abastecimiento vigentes hasta 2050.

La camelina, en tanto, muestra un esquema mixto con fuerte presencia de grupos internacionales y joint ventures argentinas que avanzan en molienda local y exportación de aceite.

Precios definidos antes de sembrar: el atractivo para el productor

Uno de los factores que más interés despierta entre los productores es la previsibilidad comercial.

En estos cultivos, el precio de referencia suele fijarse antes de la siembra y puede ajustarse parcialmente durante el ciclo productivo.

Para colza y carinata, las referencias se toman del mercado francés MATIF, descontando una prima comercial. En camelina, la referencia se vincula a la soja Chicago posición noviembre más una prima adicional que actualmente ronda los USD 75 por tonelada.

Según proyecciones oficiales para la campaña 2025/26, los márgenes brutos estimados alcanzan:

  • USD 261,8/ha en colza
  • USD 143,6/ha en camelina
  • USD 103,7/ha en carinata

Además, referentes del sector aseguran que los rindes comerciales pueden superar ampliamente los niveles de equilibrio económico.

En colza ya se registraron rindes de hasta 2.750 kg/ha en el sudeste bonaerense, mientras que en carinata el rendimiento de indiferencia se ubicaría entre 850 y 1.000 kg/ha, con potencial productivo cercano a 2.000 kg/ha.

El negocio detrás del aceite: biocombustibles y aviación sostenible

El gran motor de expansión de estas oleaginosas está fuera del mercado alimenticio.

La demanda proviene principalmente de la industria energética global y, especialmente, del combustible sostenible para aviación (SAF), uno de los segmentos con mayor crecimiento dentro de la transición energética.

La colza produce aceites que pueden destinarse tanto a consumo humano como a biodiésel y lubricantes industriales. La carinata genera un aceite no comestible altamente demandado para biocombustibles avanzados, mientras que la camelina se posiciona como materia prima estratégica para combustibles renovables y productos industriales.

En todos los casos, la harina residual también gana valor como suplemento proteico para alimentación animal.


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Argentina acelera inversiones para industrializar localmente

Aunque gran parte de la producción todavía se exporta como grano, el país comienza a dar pasos hacia una integración industrial más profunda.

En enero de 2026 se inauguró en Timbúes una nueva línea de molienda con capacidad para procesar hasta 3.000 toneladas diarias de camelina, carinata y canola.

La apuesta apunta a generar mayor valor agregado local mediante la producción de aceites certificados que luego puedan refinarse en Argentina o exportarse para procesamiento final.

Actualmente, Argentina ya es considerada el principal exportador mundial de carinata, mientras que la camelina avanza rápidamente en industrialización doméstica.

Certificaciones: la llave para entrar al negocio global

El acceso a los mercados energéticos internacionales depende de estrictos procesos de certificación ambiental.

La Unión Europea exige demostrar reducción de emisiones, trazabilidad completa y ausencia de deforestación mediante esquemas como RED III, 2BSvs, ISCC y RSB.

Estas certificaciones son las que permiten que los aceites ingresen al segmento de biocombustibles avanzados con doble contabilización dentro de los objetivos energéticos europeos.

La presión por reducir emisiones también está impulsada por organismos internacionales vinculados a la aviación global, como la IATA y la OACI, que establecieron metas de neutralidad de carbono hacia 2050.

Ese contexto explica por qué las empresas energéticas están dispuestas a pagar primas superiores por aceites certificados provenientes de sistemas sustentables.

Más de 10 millones de hectáreas con potencial

Según especialistas del sector, Argentina posee más de 10 millones de hectáreas aptas para expandir estos cultivos invernales.

La combinación entre demanda global insatisfecha, contratos ya operativos, nuevas inversiones industriales y ventajas agronómicas abre una oportunidad estratégica para el agro argentino.

Con el mercado internacional buscando desesperadamente materias primas sostenibles para descarbonizar la energía y la aviación, carinata, camelina y colza podrían convertirse en uno de los negocios agrícolas más dinámicos de la próxima década.

Fuente: Giuliana Dellamaggiore – Emilce Terré – Julio Calzada BCR

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