Un fertilizante mejoró la respuesta del sorgo en suelos con salinidad y alcalinidad

Cultivo de sorgo en un lote agrícola, utilizado para evaluar estrategias de fertilización en suelos con salinidad, sodicidad y alcalinidad.
Una investigación del INTA determinó que el sulfato de amonio puede mejorar el crecimiento, el estado nutricional y la actividad fotosintética del sorgo cultivado en suelos alcalinos, salinos y sódicos, con mejores respuestas que las observadas con urea. El trabajo también comprobó que el efecto depende del híbrido utilizado, lo que refuerza la importancia de combinar genética y manejo nutricional en ambientes con restricciones edáficas.

El estudio fue realizado con tres híbridos de sorgo, mediante ensayos a campo y en condiciones de invernadero, comparando tratamientos con sulfato de amonio, urea y un testigo sin fertilizar. Al finalizar los experimentos, los investigadores evaluaron variables del suelo y de las plantas, entre ellas pH, contenido de nutrientes, clorofila y funcionamiento del aparato fotosintético.

El sulfato de amonio marcó una diferencia

Los resultados mostraron que la fuente de nitrógeno elegida puede modificar de manera significativa la respuesta del cultivo cuando se trabaja sobre suelos afectados simultáneamente por alcalinidad, salinidad y sodicidad.

En comparación con la urea, la aplicación de sulfato de amonio redujo el pH del suelo y permitió mejorar el estado mineral de las plantas.

Uno de los principales efectos se observó en las concentraciones foliares de nitrógeno y fósforo, nutrientes directamente vinculados con el crecimiento y el funcionamiento metabólico del cultivo.

Belén Ciacci, investigadora del Instituto de Fisiología y Recursos Genéticos Vegetales del INTA y responsable del trabajo, destacó que las plantas tratadas con sulfato de amonio presentaron un mejor estado nutricional.

Más clorofila y mejor desempeño fotosintético

La fertilización también tuvo efectos sobre el funcionamiento de las plantas bajo estrés.

Según el estudio, el sulfato de amonio ayudó a mitigar algunas de las alteraciones que los ambientes alcalinos-salinos-sódicos provocan sobre el aparato fotosintético.

Las plantas fertilizadas con esta fuente mostraron mayor contenido de clorofila y un mejor funcionamiento del fotosistema II, uno de los componentes fundamentales de la fotosíntesis.

Ese comportamiento estuvo acompañado por una mayor acumulación de biomasa frente a las plantas no fertilizadas.

De esta manera, el efecto del fertilizante no quedó limitado al aporte de nitrógeno, sino que también estuvo relacionado con cambios en el ambiente químico del suelo.


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Por qué importa bajar el pH

Los suelos con altos niveles de alcalinidad pueden limitar la disponibilidad de determinados nutrientes y dificultar su absorción por parte de las plantas.

En este contexto, el sulfato de amonio presenta una característica adicional: su efecto acidificante.

La reducción del pH registrada en los tratamientos favoreció la disponibilidad y absorción de nutrientes, lo que podría explicar parte de la mejora observada en el estado nutricional del sorgo.

Los investigadores concluyeron que esta propiedad convierte al sulfato de amonio en una herramienta potencial para mejorar el manejo del cultivo en ambientes considerados marginales para la agricultura.

No todos los híbridos respondieron igual

Uno de los resultados más relevantes del trabajo fue que la respuesta a la fertilización estuvo condicionada por el genotipo.

“No todos los híbridos responden de la misma manera”, explicó Ciacci.

Los materiales que presentaron una mayor tolerancia al estrés alcalino-salino-sódico fueron también los que mostraron una respuesta más favorable a la aplicación de sulfato de amonio.

En algunos casos, esos híbridos alcanzaron niveles de crecimiento comparables con los obtenidos por plantas desarrolladas en suelos neutros y sin problemas de salinidad.

La observación introduce una variable importante para el manejo: la elección del fertilizante por sí sola no garantiza la misma respuesta en todos los materiales genéticos.

Genética y nutrición, una estrategia combinada

Los resultados plantean así un abordaje integrado para producir sorgo en ambientes con limitaciones edáficas.

La elección de un híbrido tolerante y la selección de una fuente de nitrógeno adaptada a las características del suelo podrían complementarse para reducir parte del impacto generado por la salinidad, la sodicidad y la alcalinidad.

El sorgo ya es considerado un cultivo con capacidad para adaptarse a ambientes restrictivos y ha sido utilizado en zonas donde otros cultivos presentan mayores dificultades. Ruralnet publicó anteriormente experiencias del INTA sobre su utilización en ambientes marginales y su tolerancia relativa frente a suelos salinos, aunque sin abordar esta estrategia específica de fertilización.

Una herramienta para suelos con limitaciones

El trabajo no implica que el sulfato de amonio sea una solución uniforme para todos los planteos. La magnitud de la respuesta depende del híbrido y de las condiciones del suelo, por lo que el diagnóstico previo sigue siendo clave.

Sin embargo, los resultados muestran que, en suelos alcalinos-salinos-sódicos, la fuente de nitrógeno puede modificar de manera sustancial la respuesta fisiológica y nutricional del sorgo.

El estudio concluye que el sulfato de amonio puede constituir una herramienta agronómica para mejorar el crecimiento del cultivo en suelos marginales, especialmente cuando su uso se combina con materiales genéticos capaces de tolerar ese tipo de estrés.

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