El Niño toca niveles excepcionales, pero las lluvias todavía no alcanzan: el trigo entra en una etapa clave

Productor observa un cultivo de trigo con falta de humedad mientras avanzan nubes de tormenta sobre el campo argentino.
El Pacífico ecuatorial alcanzó anomalías de hasta +3,0 °C y todos los modelos analizados por el IRI anticipan que El Niño seguirá muy fuerte durante los próximos meses. Sin embargo, esa señal climática todavía no se traduce en lluvias suficientes en toda el área agrícola argentina: 160.000 hectáreas de trigo están en condición regular en la zona núcleo y la falta de humedad también comienza a limitar la siembra de maíz.

La primavera comenzó con una aparente contradicción para el agro argentino: El Niño ya alcanzó una intensidad excepcional en el océano Pacífico, pero las lluvias continúan siendo insuficientes en sectores productivos que empiezan a necesitar agua con urgencia. La última actualización del International Research Institute for Climate and Society (IRI), publicada el 21 de septiembre, confirmó que el fenómeno continúa fortaleciéndose y podría ubicarse entre los episodios más intensos registrados.

El dato adquiere especial importancia en momentos en que el trigo se aproxima a etapas críticas para la definición del rendimiento y la siembra de maíz temprano avanza sobre la región núcleo.

La clave es que un El Niño intenso no implica lluvias abundantes de manera inmediata y simultánea en todas las regiones. La influencia del fenómeno depende de la época del año, la circulación atmosférica y la ubicación geográfica, mientras que históricamente los eventos ENSO tienden a alcanzar su máxima intensidad entre octubre y febrero.

El Niño ya alcanzó +3,0 °C

La actualización de septiembre del IRI muestra una fuerte aceleración del calentamiento del Pacífico ecuatorial.

El promedio del índice Niño 3.4 alcanzó +2,03 °C durante junio-agosto, mientras que solamente en agosto la anomalía llegó a +2,52 °C.

Pero el dato más significativo apareció a mediados de septiembre: el último registro semanal, centrado en el 16 de septiembre, alcanzó +3,0 °C.

Para dimensionar la magnitud, el sistema de clasificación utilizado por el organismo considera como “muy fuerte” a un episodio que supera +2,0 °C.

La señal también aparece debajo de la superficie oceánica. El IRI detectó un reservorio excepcional de aguas cálidas en el Pacífico central y oriental, con anomalías superiores a 8 °C entre aproximadamente 50 y 150 metros de profundidad en algunos sectores.

Los indicadores atmosféricos acompañan ese calentamiento, una señal de que el acoplamiento entre océano y atmósfera característico de El Niño está consolidado.


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Los 22 modelos anticipan un Niño muy fuerte

La actualización del organismo internacional muestra además una coincidencia poco habitual entre los modelos climáticos.

Los 22 modelos analizados por el IRI —13 dinámicos y nueve estadísticos— proyectan condiciones de El Niño muy fuerte desde la primavera de 2026 hasta el verano 2026/27.

Incluso una parte importante de las simulaciones estima valores del Niño 3.4 cercanos o superiores a +3,0 °C, por encima de la categoría máxima definida actualmente por el instituto.

El IRI advierte, por ese motivo, que si la evolución continúa, El Niño 2026 podría ubicarse entre los eventos más intensos del registro histórico.

Además, la probabilidad de que El Niño continúe activo se mantiene en 100% hasta el trimestre febrero-marzo-abril de 2027 en la perspectiva objetiva elaborada por el organismo.

Pero intensidad oceánica y lluvia local no son equivalentes.

Por qué un Niño muy fuerte no significa lluvias inmediatas

Los eventos El Niño suelen desarrollarse durante el otoño y el invierno boreales y alcanzar su máxima intensidad entre octubre y febrero, justamente durante la primavera y el verano del hemisferio sur.

Por eso, el hecho de que el Pacífico ya muestre temperaturas extraordinariamente elevadas no significa que cada región agrícola argentina tenga que registrar inmediatamente precipitaciones superiores a lo habitual.

La influencia de ENSO modifica las probabilidades climáticas de gran escala, pero cada episodio de lluvia depende también de la circulación atmosférica regional.

Y esa diferencia entre la señal global y lo que ocurre actualmente en los lotes comienza a ser relevante para la campaña 2026/27.

El trigo de la zona núcleo empieza a necesitar agua

En la región núcleo, septiembre dejó precipitaciones inferiores a los valores habituales.

Según la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario, los acumulados durante el mes se ubicaron entre 5 y 35 milímetros, mientras que los valores históricos para septiembre oscilan entre 30 y 70 milímetros, dependiendo de la zona.

La consecuencia ya aparece en el estado de los cultivos.

Actualmente unas 160.000 hectáreas de trigo, equivalentes al 10% del área implantada en la región núcleo, se encuentran en condición regular por falta de agua.

El dato cobra relevancia porque el cereal comienza a aproximarse al período crítico de definición del rendimiento.

De todos modos, el escenario general continúa lejos de representar un deterioro generalizado: el 50% de los lotes permanece en condición muy buena, el 25% buena y otro 15% excelente.

Es decir, el 90% del trigo regional todavía conserva condiciones entre buenas y excelentes, aunque la evolución de las precipitaciones durante las próximas semanas será determinante.

El maíz también empieza a encontrar un límite

La escasez de humedad superficial también comenzó a condicionar el fuerte avance inicial del maíz temprano.

La siembra ya cubrió unas 970.000 hectáreas en la región núcleo, cerca del 40% de la superficie prevista, después de incorporar aproximadamente 470.000 hectáreas en apenas una semana.

Sin embargo, en algunos sectores las sembradoras comenzaron a encontrar un nuevo obstáculo: falta de agua en los primeros centímetros del suelo.

En General Villegas, por ejemplo, los lotes provenientes de trigo y soja de segunda conservan humedad, aunque prácticamente sin margen, mientras que numerosos cuadros con antecesor soja de primera todavía no reúnen las condiciones necesarias para avanzar con la implantación.

En Cañada de Gómez, los técnicos también señalaron la necesidad de nuevas precipitaciones para recomponer la humedad superficial y continuar con las labores.

Las lluvias volverán, pero con una distribución desigual

Las perspectivas de corto plazo contemplan el ingreso de nuevos sistemas de precipitaciones sobre el área agrícola argentina, aunque nuevamente con una distribución irregular.

Parte de la región Pampeana, Mesopotamia, el este de Cuyo, el este del NOA y sectores del Chaco podrían recibir acumulados moderados a abundantes, mientras que otros sectores del oeste y centro del área agrícola tendrían aportes más limitados.

Para el trigo, la cuestión no será solamente cuánto llueva, sino dónde y cuándo lo haga, porque una proporción creciente de los lotes está entrando en fases de elevada demanda hídrica.

Una primavera marcada por el contraste

El comienzo de la primavera encuentra así al agro argentino frente a un escenario singular.

Por un lado, el Pacífico muestra uno de los calentamientos asociados a El Niño más intensos de las últimas décadas y los modelos proyectan que seguirá fortaleciéndose durante los próximos meses.

Por otro, en el terreno, algunos sectores productivos continúan esperando las lluvias necesarias para sostener el potencial del trigo y mantener el ritmo de implantación del maíz.

El próximo tramo de la primavera será decisivo para determinar si la creciente influencia de El Niño comienza a traducirse en una mayor frecuencia de precipitaciones sobre las principales regiones agrícolas argentinas.

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