Investigadores del INTA Las Breñas y del Instituto de Investigaciones Forestales y Agropecuarias (IIFA) de Chaco evalúan en un establecimiento del paraje El Palmar, en el sudoeste chaqueño, un sistema de cortinas forestales diseñado para reducir la erosión eólica, retener humedad y mejorar la estabilidad productiva de los lotes agrícolas y ganaderos. La experiencia combina tres hileras de eucaliptos híbridos con algarrobo blanco y apunta a recuperar funciones ambientales perdidas por el uso intensivo del suelo, al mismo tiempo que abre posibilidades de ingresos futuros mediante madera, leña y carbón.
Árboles para recuperar funciones que perdió el sistema
El sudoeste del Chaco presenta ambientes productivos donde la exposición del suelo, el viento y la pérdida de cobertura vegetal pueden incrementar los procesos de degradación.
La estrategia evaluada por los especialistas consiste en reincorporar árboles y arbustos dentro de la matriz agrícola y ganadera, no como una forestación independiente, sino como parte integral del sistema productivo.
“Las cortinas forestales permiten intervenir de manera directa sobre variables clave del sistema, como el viento, la humedad y la estabilidad del suelo, con impacto en la producción”, explicó Verónica Sauer, investigadora del INTA que participa del proyecto.
La especialista remarcó que el planteo forma parte de un diseño agroforestal más amplio, donde los componentes forestales interactúan con las actividades agrícolas y ganaderas.
Menos viento y mayor protección del suelo
Uno de los principales efectos de las cortinas forestales es la reducción de la velocidad del viento.
Este aspecto cobra especial importancia en regiones donde el suelo queda expuesto durante determinados períodos y puede sufrir pérdidas por erosión eólica.
Ruralnet ya había informado sobre la vulnerabilidad de los suelos del Gran Chaco frente a tormentas de tierra y sobre la función de bosques y cortinas forestales como barreras para limitar el desplazamiento de partículas.
En la experiencia chaqueña, la incorporación de franjas vegetadas busca disminuir ese impacto y generar un microclima más favorable alrededor de las áreas productivas.
Según los investigadores, las cortinas también pueden reducir el estrés mecánico que provocan los vientos sobre cultivos y animales.
Más humedad disponible dentro del sistema
La reducción de la velocidad del viento tiene otra consecuencia: disminuye la pérdida de humedad desde el suelo y la vegetación.
De acuerdo con el INTA, el sistema contribuye a mejorar las condiciones hídricas del ambiente y favorece la retención de humedad tanto en el suelo como en el aire.
Esto puede traducirse en una mayor eficiencia en el aprovechamiento del agua disponible, un recurso especialmente valioso en regiones donde las precipitaciones presentan elevada variabilidad.
La combinación de protección frente al viento y una mejor conservación de la humedad ayuda a estabilizar las condiciones en las que se desarrollan los cultivos y las pasturas.
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Tres filas de eucaliptos y una de algarrobo
La disposición elegida para la experiencia no fue aleatoria.
En el sitio experimental se implantaron tres hileras de eucaliptos híbridos, materiales seleccionados por su productividad y adaptación.
Los árboles se encuentran separados dos metros entre plantas y cinco metros entre líneas.
A cinco metros de la última fila de eucaliptos se incorporó además una línea de algarrobo blanco, especie nativa que fue implantada con una mayor distancia entre ejemplares para permitir su desarrollo.
“El arreglo no es casual. La densidad y la disposición de las especies buscan maximizar el efecto de barrera contra el viento y, al mismo tiempo, incorporar una especie nativa que complemente el sistema”, explicó Sauer.
El algarrobo agrega además otras funciones ecológicas y productivas, y está pensado como un componente de mayor permanencia dentro del planteo.
No se busca solamente producir madera
La propuesta agroforestal tiene una lógica diferente de una forestación convencional.
El objetivo principal es que los árboles aporten servicios al sistema agrícola y ganadero, aunque a mediano y largo plazo también pueden generar una producción comercial propia.
Entre los posibles destinos aparecen madera, leña y carbón.
Esto permite que una inversión inicialmente destinada a proteger el suelo y mejorar las condiciones ambientales pueda sumar una nueva fuente de ingresos en el establecimiento.
La actividad forestal integrada a la producción agropecuaria ya ha sido evaluada en diferentes regiones del país por su capacidad para generar beneficios ambientales y productivos.
Recuperar corredores biológicos
El proyecto también apunta a una escala mayor que la de cada lote.
El equipo del INTA Las Breñas y del IIFA busca restaurar servicios ecosistémicos en paisajes productivos degradados.
La regulación hídrica y la protección del suelo forman parte de esos objetivos, pero también se pretende favorecer la biodiversidad y reconstruir conexiones entre sectores con vegetación.
Las franjas forestales pueden funcionar como corredores biológicos, facilitando el desplazamiento y refugio de distintas especies dentro de paisajes fuertemente transformados por la producción.
De esta manera, la estructura arbórea deja de ser únicamente una barrera física contra el viento para transformarse en un componente funcional del paisaje rural.
Un diseño que deberá seguir siendo evaluado
La experiencia todavía continuará aportando información.
A medida que crezcan los árboles, los investigadores medirán el comportamiento de las especies, las interacciones entre los diferentes componentes y sus efectos sobre la producción agrícola y ganadera.
Ese seguimiento permitirá determinar qué distancias, especies y densidades resultan más convenientes para las distintas condiciones del sudoeste chaqueño.
El objetivo final es que el modelo pueda ser adaptado por productores de la región según las características de cada establecimiento.
“Lo que buscamos es que esto sea replicable, que el productor pueda tomar esta experiencia y adaptarla a su realidad”, resumió Sauer.
El ensayo plantea así una estrategia de largo plazo para campos donde viento, degradación y pérdida de cobertura condicionan la productividad: volver a incorporar árboles dentro del sistema para proteger el suelo, conservar agua y generar una producción más estable.






































