La campaña gruesa 2026/27 comienza a tomar forma con reservas de agua útil que rondan entre 70% y 80% en el área analizada por INTA Chascomús y un escenario climático asociado a El Niño que aumenta las posibilidades de lluvias superiores a lo normal durante los próximos meses. Frente a ese panorama, especialistas del organismo recomiendan preservar el piso, evitar movimientos innecesarios del suelo y ajustar las fechas de siembra de maíz, girasol y soja según la capacidad de drenaje de cada lote, para aprovechar la disponibilidad hídrica sin quedar expuestos a encharcamientos e inundaciones.
Más agua abre oportunidades, pero también cambia los riesgos
El punto de partida hídrico aparece favorable para el comienzo de los cultivos estivales.
Mariano Cicchino, jefe del INTA Chascomús y especialista en manejo de cultivos y verdeos, señaló que la disponibilidad de agua útil presenta niveles similares a los observados al inicio de la campaña anterior.
“Hoy nos encontramos en una situación buena en cuanto a reserva de agua útil en el suelo, que ronda el 70-80%, parecida a como empezamos la campaña pasada”, explicó.
La diferencia está en las perspectivas para los próximos meses.
Según indicó el especialista, el escenario asociado a El Niño plantea una mayor probabilidad de precipitaciones por encima de los valores habituales, una condición que puede elevar el potencial de los cultivos de verano cuando los lotes tienen buena capacidad de infiltración y drenaje.
Pero más lluvia no representa automáticamente un beneficio para todos los ambientes.
Los lotes bajos enfrentan un escenario diferente
En sectores tendidos, bajos o con dificultades para evacuar los excedentes, una campaña húmeda puede transformar rápidamente la disponibilidad de agua en una limitante.
Los riesgos incluyen encharcamientos, inundaciones, pérdida de superficie implantada y dificultades para realizar labores agrícolas.
También pueden aparecer consecuencias sobre la sanidad y la calidad de los cultivos.
“En lotes más tendidos o con baja capacidad de retención de agua se pueden producir excesos, pérdidas de superficie sembrada por encharcamiento o inundación, o bien deterioro de la calidad de los granos”, sostuvo Cicchino.
La mayor humedad también puede modificar la dinámica de enfermedades y plagas, afectar la calidad de la semilla y reducir las ventanas disponibles para ingresar con maquinaria.
“Ganar piso”, una de las claves antes de sembrar
Ante ese escenario, una de las recomendaciones centrales del INTA consiste en preservar la capacidad de tránsito de los lotes.
En ambientes donde el suelo ya presenta una buena estructura, realizar labores innecesarias puede aumentar el riesgo de perder piso después de períodos de lluvias frecuentes.
“Básicamente, las recomendaciones son tratar de manejar las labranzas, no mover mucho el suelo donde no sea necesario como para ganar piso y, sobre todo, apuntar a fechas de siembra tempranas”, indicó Cicchino.
El objetivo es aprovechar las ventanas disponibles antes de eventuales períodos de mayor humedad y disminuir el riesgo de que las precipitaciones demoren la implantación.
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Maíz, girasol y soja no enfrentan la misma ventana
La planificación también debe contemplar el orden habitual de avance de los cultivos estivales.
Las primeras implantaciones corresponden al maíz, luego avanza el girasol y posteriormente toma protagonismo la soja.
Los tres cultivos ofrecen alternativas para retrasar la implantación cuando las condiciones impiden ingresar a los lotes, pero hacerlo no resulta neutro desde el punto de vista agronómico.
Las fechas tardías requieren estrategias específicas de manejo y, dependiendo del cultivo y el ambiente, pueden trabajar con potenciales de rendimiento diferentes respecto de las implantaciones tempranas.
Por eso, el especialista remarca que no existe una única fecha adecuada para todos los lotes.
En los mejores ambientes, el agua permite elevar el techo
El escenario cambia en los sectores con buen drenaje y capacidad para sostener una mayor disponibilidad hídrica.
Allí, una campaña con lluvias abundantes puede permitir explorar techos de rendimiento elevados, siempre que otras variables productivas acompañen.
Las decisiones pasan entonces por ajustar los niveles de fertilización, la elección de híbridos o variedades y el manejo general del cultivo de acuerdo con el potencial disponible.
La mayor oferta de agua permite asumir estrategias diferentes a las que se utilizarían bajo una perspectiva de déficit hídrico.
Pero esa intensificación debe realizarse lote por lote.
Los ambientes con riesgo de anegamiento pueden necesitar esperar
En sectores someros, tendidos o históricamente afectados por excesos de agua, adelantarse a sembrar no necesariamente constituye la mejor alternativa.
En esos ambientes puede resultar conveniente esperar hasta encontrar condiciones adecuadas de tránsito y humedad.
De esta manera, una misma campaña puede requerir fechas de siembra diferentes dentro de un establecimiento, según la posición topográfica, la capacidad de drenaje y el estado hídrico de cada sector.
Ese manejo diferencial será particularmente importante si las precipitaciones terminan ubicándose por encima de los promedios durante la primavera y el verano.
El Niño no garantiza por sí solo una buena campaña
El escenario de mayor disponibilidad hídrica representa una oportunidad después de campañas donde el agua fue una de las principales restricciones productivas.
Sin embargo, los especialistas insisten en que un contexto Niño no asegura automáticamente buenos rindes.
La cantidad de lluvia, su distribución, la intensidad de cada evento y las características físicas de cada lote terminarán determinando qué ambientes pueden aprovechar el agua y cuáles deberán manejar los excesos.
Con reservas favorables de partida, la campaña gruesa ofrece posibilidades para explorar rendimientos elevados. Pero en los sectores con menor drenaje, conservar el piso, anticipar las decisiones y ajustar la fecha de siembra serán tan importantes como disponer de agua.





































