Un estudio realizado durante dos campañas agrícolas por especialistas del INTA Paraná, en Entre Ríos, comprobó que el uso de urea con un inhibidor de la ureasa redujo significativamente las pérdidas de nitrógeno por volatilización de amoníaco en maíz respecto de la urea convencional. En los ensayos de las campañas 2024/25 y 2025/26, las pérdidas con el tratamiento llegaron a ubicarse entre 5% y 7% del nitrógeno aplicado, mientras que con urea tradicional alcanzaron valores de hasta 20%, información que busca mejorar la eficiencia de la fertilización del cultivo.
El nitrógeno que se pierde antes de llegar al maíz
La volatilización de amoníaco constituye una de las principales vías por las que puede perderse parte del nitrógeno aplicado mediante fertilizantes.
Para medir la magnitud de este proceso y evaluar alternativas de manejo, investigadores de la Estación Experimental Agropecuaria del INTA Paraná realizaron ensayos a campo durante las campañas 2024/25 y 2025/26.
“El objetivo del trabajo fue evaluar las pérdidas de nitrógeno por volatilización de amoníaco a partir de la aplicación de urea con y sin inhibidor de la ureasa, y analizar su impacto sobre la respuesta a la fertilización nitrogenada en maíz”, explicó Anabel Gamarra, investigadora del INTA Paraná.
El trabajo forma parte de una red nacional de evaluación de pérdidas gaseosas de nitrógeno en maíz, con experimentos desarrollados en distintas regiones productivas, entre ellas Paraná, Balcarce, Corrientes, Manfredi y Salta.
Urea convencional versus urea con inhibidor
Los especialistas compararon urea convencional con urea tratada con un inhibidor de la ureasa, utilizando dosis de 100 y 200 kilos de nitrógeno por hectárea, además de un tratamiento testigo sin fertilización nitrogenada.
Las condiciones ambientales resultaron particularmente útiles para evaluar la volatilización.
En ambas campañas se habían registrado lluvias de entre 24 y 39 milímetros durante los días previos a las aplicaciones, lo que dejó niveles elevados de humedad en el suelo y condiciones predisponentes para las pérdidas de nitrógeno.
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La diferencia entre las fuentes comenzó a observarse rápidamente.
Con urea convencional, el mayor pico de volatilización se produjo entre el segundo y el tercer día después de la aplicación. Con el inhibidor, en cambio, las pérdidas fueron menores y aparecieron distribuidas de manera más estable en el tiempo.
Las pérdidas bajaron del 14%-15% al 6%-7%
Durante la campaña 2024/25, entre el 14% y el 15% del nitrógeno aplicado mediante urea convencional se perdió por volatilización.
Cuando se incorporó el inhibidor de la ureasa, esa proporción cayó a apenas 6%-7%.
Los resultados volvieron a repetirse, e incluso mostraron una diferencia mayor, durante la campaña siguiente.
En 2025/26, las pérdidas con urea convencional oscilaron entre el 13% y el 20% del nitrógeno aplicado, mientras que con el inhibidor se mantuvieron entre apenas 5% y 6%.
Los datos muestran que bajo condiciones favorables para la volatilización, el tratamiento de la urea logró conservar una mayor proporción del nutriente aplicado.
¿El menor desperdicio de nitrógeno aumentó el rendimiento?
Uno de los puntos relevantes del ensayo es que la reducción de las pérdidas de nitrógeno no se tradujo en diferencias estadísticas de rendimiento entre las dos fuentes de fertilizante evaluadas.
Sí se detectaron respuestas relacionadas con la cantidad de nitrógeno aplicada.
Los rendimientos obtenidos durante las experiencias oscilaron entre 5.277 y 11.915 kilos por hectárea, mientras que la eficiencia de uso del nitrógeno fue mayor con la dosis más baja, independientemente de la fuente utilizada.
El resultado permite separar dos cuestiones: el inhibidor mostró capacidad para reducir la pérdida del nutriente, pero eso no implicó automáticamente un aumento estadísticamente comprobado del rendimiento bajo las condiciones específicas de estos ensayos.
El clima puede definir cuánto nitrógeno queda disponible
La importancia de este tipo de herramientas aumenta cuando coinciden condiciones que favorecen la volatilización después de fertilizar.
Características del suelo, humedad, temperatura y el tiempo que transcurre entre la aplicación y una lluvia capaz de incorporar el fertilizante son algunas de las variables que pueden modificar la magnitud de las pérdidas.
Por eso, más allá de la fuente utilizada, los resultados aportan información para ajustar las decisiones de fertilización según las condiciones de cada lote y campaña.
“Los resultados muestran que la incorporación de un inhibidor de la ureasa permite reducir significativamente las pérdidas de nitrógeno por volatilización de amoníaco respecto de la urea convencional”, señaló Carolina Gregorutti, investigadora del INTA Paraná y directora del trabajo.
Según explicó, esta información aporta evidencia para optimizar la fertilización nitrogenada en situaciones especialmente predisponentes a este tipo de pérdidas.
La investigación ahora apunta al óxido nitroso
El estudio se desarrolla conjuntamente entre INTA, CONICET, Profertil, la Facultad de Ciencias Agrarias de Balcarce y la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), y forma parte de la tesis doctoral de Gamarra.
La investigación continuará ahora con la evaluación de las emisiones de óxido nitroso (N₂O).
El objetivo será ampliar la información disponible para diseñar estrategias que mejoren simultáneamente la eficiencia del uso del nitrógeno y la sustentabilidad de los sistemas de producción de maíz.






































