Los equipos permiten tratar sectores específicos, trabajar con dosis variables y realizar labores en suelos húmedos, pendientes o cultivos donde el ingreso de maquinaria resulta dificultoso.
El INTA Marcos Juárez presentará en la 138.ª Exposición de Ganadería, Agricultura e Industria Internacional el potencial de los drones aplicadores para realizar tratamientos localizados, utilizar dosis variables y trabajar en ambientes donde las máquinas terrestres encuentran restricciones. La muestra se desarrollará del 16 al 26 de julio en el predio de La Rural de Palermo, en la ciudad de Buenos Aires.
La tecnología formará parte del espacio que el organismo ocupará dentro del stand de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación. Allí, los visitantes podrán observar un dron aplicador y conocer algunos de sus posibles usos en cultivos extensivos, pasturas, producciones regionales y sistemas frutales.
Aunque los drones destinados al monitoreo aéreo ya se utilizan para relevar cultivos y detectar diferencias dentro de los lotes, los modelos aplicadores comenzaron a ampliar su participación en tareas que hasta hace pocos años estaban concentradas en pulverizadoras terrestres o aeronaves tripuladas.
Aplicaciones precisas sobre sectores específicos
Una de las principales ventajas de estos equipos es la posibilidad de intervenir únicamente en las zonas que necesitan un tratamiento.
“Entre sus ventajas se destacan la precisión en las aplicaciones, la posibilidad de trabajar con dosis variables y la capacidad de intervenir de manera localizada sobre sectores específicos del lote”, explicó Carlos Navarro, especialista del INTA Marcos Juárez.
Los vuelos pueden programarse mediante mapas de prescripción previamente elaborados o a partir de una delimitación realizada desde el control remoto. De esta manera, el equipo recorre únicamente las áreas seleccionadas y evita cubrir toda la superficie con una aplicación uniforme.
“A partir de mapas de prescripción o mediante delimitación directa desde el control remoto, los drones permiten tratar únicamente áreas de interés, como manchones de malezas, cabeceras o sectores puntuales que requieren una intervención específica”, detalló Navarro.
Este tipo de operación permite ajustar el uso de los insumos a la variabilidad existente dentro del lote. La tecnología no reemplaza el diagnóstico agronómico, pero ofrece una alternativa para ejecutar intervenciones más focalizadas una vez identificado el problema.
Una opción cuando la maquinaria no puede ingresar
Los drones aplicadores también ofrecen una respuesta frente a situaciones en las que el estado del suelo impide o demora el ingreso de tractores y pulverizadoras.
Esto puede ocurrir luego de lluvias intensas, en sectores anegados, en cultivos con un desarrollo avanzado o en terrenos con pendientes pronunciadas. Al operar desde el aire, el equipo no genera huellas sobre el lote ni necesita transitar entre las plantas.
“Otra ventaja importante es la posibilidad de trabajar cuando las condiciones del suelo dificultan el ingreso de maquinaria terrestre, evitando daños sobre el cultivo y reduciendo problemas de compactación”, indicó el especialista.
La ausencia de tránsito permite intervenir sin aplastar plantas ni alterar la estructura del suelo. También puede ampliar la ventana disponible para determinadas labores, especialmente cuando el momento de aplicación resulta decisivo y las condiciones del terreno retrasan el ingreso de los equipos convencionales.
La capacidad de trabajar en zonas de acceso complejo es uno de los beneficios técnicos que también destacan especialistas en agricultura de precisión, aunque la calidad final de la aplicación depende de variables como altura de vuelo, velocidad, dirección de trabajo, tamaño de gota y condiciones meteorológicas.
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De los fitosanitarios a la siembra de cultivos de servicio
El potencial de los drones no se limita a la aplicación de productos fitosanitarios. Los equipos también pueden utilizarse para distribuir semillas y realizar otras labores que requieren una cobertura aérea precisa.
“Asimismo, estos equipos permiten realizar tareas como la siembra de cultivos de servicio antes de la cosecha del cultivo antecesor o la implantación de pasturas en ambientes con pendientes pronunciadas o de difícil acceso”, explicó Navarro.
La siembra anticipada de cultivos de servicio permite comenzar la implantación antes de retirar el cultivo principal del lote. De esa manera, puede aprovecharse mejor la humedad disponible y reducirse el período durante el cual el suelo permanece sin cobertura.
En pasturas, la aplicación aérea facilita la distribución de semillas sobre sectores donde la topografía, la vegetación o el estado del terreno dificultan el trabajo con sembradoras convencionales.
Los drones también ganan terreno en economías regionales y producciones frutales, donde pueden desplazarse sobre las copas de los árboles y adaptarse a lotes con formas irregulares o pendientes.
Dos equipos para aplicar y relevar los cultivos
El INTA Marcos Juárez trabaja con tecnologías destinadas tanto a la intervención directa como al relevamiento de los lotes.
Para tratamientos específicos utiliza un dron Agras T50, mientras que las tareas de observación y seguimiento se realizan con un Mavic 3 Multiespectral. Este último permite obtener imágenes para analizar diferencias en el desarrollo de los cultivos y generar información que luego puede utilizarse en la planificación de las labores.
La combinación de ambos equipos posibilita detectar un sector problemático, delimitarlo mediante imágenes georreferenciadas y posteriormente realizar una aplicación localizada.
La capacitación, una condición para su adopción
Desde el organismo advirtieron que disponer del equipo no garantiza por sí solo una aplicación eficiente. La planificación del vuelo, la calibración, las condiciones ambientales, la selección de productos y el diagnóstico previo continúan siendo determinantes.
“Su adopción requiere capacitación, planificación y una adecuada evaluación de cada situación productiva, entendiendo que se trata de una herramienta complementaria dentro de un manejo integral del sistema”, remarcó Navarro.
El especialista señaló que los drones deben incorporarse como parte de una estrategia agronómica y no como una solución aislada. Cada uso requiere evaluar el cultivo, el ambiente, el objetivo de la intervención y las condiciones existentes al momento del vuelo.
Una red nacional para validar la tecnología
A través de su Red de Drones, el INTA articula el trabajo de técnicos y estaciones experimentales de diferentes regiones del país. La iniciativa reúne experiencias relacionadas con relevamiento, monitoreo, aplicación y generación de información agronómica.
Carlos Navarro participa de esta red nacional, creada para coordinar los trabajos del organismo vinculados con el uso de drones en la actividad agropecuaria.
El objetivo es evaluar los equipos en distintas condiciones productivas, validar metodologías y transferir conocimientos que ayuden a mejorar la seguridad y la eficiencia de las intervenciones.
La presentación en la Exposición Rural permitirá mostrar que los drones agrícolas dejaron de ser únicamente herramientas para observar los cultivos desde el aire. Con capacitación y planificación, también pueden ejecutar labores puntuales, complementar a la maquinaria tradicional y abrir nuevas posibilidades de manejo en ambientes donde antes resultaba difícil intervenir.











































