El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) publicó el miércoles pasado su informe mensual de oferta y demanda agrícola, en el que recortó los rindes proyectados de maíz y soja tras un julio marcado por altas temperaturas y falta de lluvias en las zonas productoras norteamericanas, pero sorprendió al mercado al sumar simultáneamente superficie a ambos cultivos, una decisión que ayudó a morigerar la suba de precios en Chicago, según el análisis del especialista Diego de la Puente, socio de la consultora Nóvitas.
El reporte era esperado con particular expectativa porque los stocks estadounidenses de granos resultan extremadamente sensibles a variaciones menores en el rinde. Una caída de apenas 150 a 200 kilogramos por hectárea en la producción de maíz y soja bastaría para llevar la relación stock/consumo en Estados Unidos a niveles históricamente ajustados. El USDA, en efecto, recortó los rindes incluso algo más de lo que el mercado descontaba.
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Sin embargo, la verdadera sorpresa no estuvo en los rindes sino en la superficie sembrada. Desde hace tres campañas, el organismo con sede en Washington incorpora en su informe de agosto los datos de área que los productores declaran ante la Agencia de Servicios Agrícolas (FSA) para acceder a programas de asistencia, y este año se apoyó en esa fuente más que nunca. Lo inusual fue que modificó al alza el área tanto de maíz como de soja al mismo tiempo, algo atípico: habitualmente, cuando crece la superficie de un cultivo lo hace en detrimento del otro, como ocurrió en el informe de agosto del año pasado, cuando ganó terreno el maíz a costa de la soja.
Esta vez, el USDA sumó unas 570.000 hectáreas a cada uno de los dos cultivos. De esta manera, no solo compensó la caída de rendimientos, sino que en el caso puntual de la soja también equilibró el incremento de la demanda. Aun con ese ajuste, la relación stock/consumo de maíz bajó un punto hasta ubicarse en 10% al cierre del ciclo 2026/27, mientras que en soja el ratio quedó en 7%, cifras que el mercado sigue considerando existencias muy ajustadas para Estados Unidos. Pese al mayor volumen proyectado, Chicago tuvo una fuerte suba el día de la publicación del reporte, reflejo de que los números continúan siendo estrechos en términos históricos.
El propio de la Puente advierte que el escenario todavía puede modificarse: las mediciones objetivas de rinde a campo recién comienzan en septiembre, por lo que el dato de agosto funciona como un boceto preliminar y no como una cifra definitiva. A esto se suman otras variables abiertas, como la evolución de la demanda, el comportamiento de los conflictos geopolíticos en curso y las condiciones climáticas de cara a la próxima siembra de la cosecha gruesa en Sudamérica.
“El mercado, como un malabarista de circo, mantiene muchas pelotas en el aire”, resumió el analista, en referencia a la multiplicidad de factores que aún pueden reacomodar los precios internacionales de los granos en las próximas semanas.







































