Un estudio del INTA y Aapresid, desarrollado a partir de 62 ensayos de la Red de Maíz NEA en el Gran Chaco argentino, identificó que la materia orgánica del suelo y el agua disponible al momento de la siembra son dos factores determinantes del rendimiento del cultivo. Según los investigadores, ajustar la fecha de siembra, la disponibilidad de nitrógeno y la elección del híbrido puede mejorar la producción alrededor de un 20%, equivalente a unos 1.500 kilos por hectárea. Los resultados serán presentados el 4 y 5 de noviembre en Las Breñas, Chaco.
El INTA identificó los factores que más influyen sobre el rendimiento del maíz en el NEA
La productividad del maíz en el noreste argentino depende de una combinación de condiciones ambientales y decisiones agronómicas que pueden determinar diferencias importantes entre establecimientos y campañas.
Un trabajo desarrollado por la Red de Maíz NEA, con participación del INTA y Aapresid, permitió cuantificar cuáles son los factores con mayor influencia sobre el rendimiento del cultivo en el Gran Chaco argentino.
La investigación analizó información de 62 ensayos realizados en diferentes localidades, con el objetivo de evaluar cómo interactúan las características de los suelos, la disponibilidad de agua y las prácticas de manejo.
Los resultados identificaron dos factores ambientales de gran importancia: el contenido de materia orgánica del suelo y el agua disponible al momento de la siembra.
Carlos Simón, coordinador técnico de la Red de Maíz NEA e investigador del INTA Las Breñas, explicó que ambos aspectos permiten comprender buena parte de las diferencias productivas observadas entre ambientes.
“La disponibilidad de agua en el suelo al momento de la siembra constituye otro de los factores que más explican las diferencias de rendimiento entre ambientes”, señaló el especialista.
Materia orgánica: cada punto porcentual adicional se asocia con 1.200 kilos más de maíz
Uno de los resultados más relevantes del estudio fue la cuantificación de la relación entre el contenido de materia orgánica y la productividad del cultivo.
De acuerdo con el análisis, cada punto porcentual adicional de materia orgánica se asocia con aproximadamente 1.200 kilos más de maíz por hectárea.
Este resultado evidencia la importancia de conocer las características de los lotes antes de definir las estrategias de manejo.
“El aporte de la materia orgánica es muy significativo. Cada punto porcentual adicional se traduce en alrededor de 1.200 kilos más de maíz por hectárea. Ese dato resume la importancia que tiene este componente dentro del sistema productivo, con lo cual es importante medirlo para caracterizar los lotes de mayor productividad”, sostuvo Simón.
La investigación destaca que conservar y aumentar la materia orgánica representa un componente central para sostener mejores niveles de productividad a largo plazo.
Sin embargo, el dato no debe interpretarse como una respuesta automática ni como un incremento garantizado, sino como una relación identificada dentro de las condiciones analizadas por el estudio.
Fecha de siembra, nitrógeno e híbridos: cómo mejorar hasta un 20% el rendimiento
Además de los factores ambientales, los investigadores identificaron tres decisiones de manejo que pueden modificar significativamente la productividad del maíz.
Se trata de la disponibilidad de nitrógeno al momento de la siembra, la fecha de implantación y la elección del genotipo, considerando materiales templados o subtropicales.
Según el análisis, ajustar estas variables a las condiciones particulares de cada lote permite mejorar el aprovechamiento del potencial productivo.
“Las variables de manejo con mayor influencia fueron la disponibilidad de nitrógeno, la fecha de siembra y el tipo de híbrido. Cuando esas decisiones se ajustan de acuerdo con las condiciones de cada lote, el rendimiento puede incrementarse cerca de un 20%, lo que representa aproximadamente 1.500 kilos por hectárea”, explicó Simón.
El resultado plantea que parte de las mejoras productivas puede alcanzarse mediante una planificación agronómica que considere las características particulares de cada ambiente.
La elección del lote, el análisis del suelo, el seguimiento del agua disponible y la selección del híbrido aparecen como decisiones centrales para mejorar la eficiencia del cultivo.
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Los 62 ensayos registraron rendimientos de entre 2.235 y 11.141 kilos por hectárea
La investigación reunió información de 62 ensayos distribuidos en múltiples localidades del Gran Chaco argentino.
En cada sitio se evaluaron entre 9 y 28 híbridos de maíz, lo que permitió analizar diferencias de comportamiento frente a distintas condiciones ambientales y de manejo.
Los rendimientos obtenidos presentaron una amplia variabilidad, desde 2.235 hasta 11.141 kilos por hectárea.
Esta diversidad de resultados permitió desarrollar y validar un modelo para explicar la respuesta productiva del cultivo mediante variables ambientales y agronómicas.
“El modelo confirmó que existen pocos factores con una incidencia muy marcada sobre el rendimiento y que actuar sobre ellos podría mejorar los resultados productivos”, indicó Simón.
Los resultados también muestran que las decisiones tomadas antes de la implantación pueden tener consecuencias importantes sobre la producción final.
La información obtenida busca contribuir a mejorar la caracterización de los ambientes y orientar recomendaciones de manejo adaptadas a las condiciones del NEA.
Chicharrita del maíz: la genética ayuda, pero no reemplaza al manejo agronómico
La investigación también aporta elementos para analizar uno de los principales desafíos sanitarios del cultivo en el norte argentino: la chicharrita del maíz (Dalbulus maidis) y el complejo de achaparramiento.
Según Simón, actualmente existe una discusión sobre la posibilidad de reducir la superficie destinada a maíz en el norte del país y reemplazar parte de esos lotes por sorgo o soja, en muchos casos sobre rastrojos de trigo.
En este contexto, el investigador destacó el papel que puede cumplir la genética frente a la enfermedad.
“La genética es una herramienta real contra la chicharrita (Dalbulus maidis) y el complejo de achaparramiento”, afirmó.
El especialista explicó que existen evidencias de diferencias en el comportamiento de los híbridos bajo condiciones de alta presión de la enfermedad.
Sin embargo, advirtió que la elección del material genético no resulta suficiente cuando las condiciones del lote y el manejo agronómico no acompañan.
“Hay evidencia de que bajo alta presión de la enfermedad, existen híbridos que responden mejor. Pero elegir el híbrido correcto no alcanza si el lote no acompaña”, sostuvo.
Para el investigador, las posibilidades de mejorar el desempeño del maíz comienzan antes de la siembra, con la evaluación del ambiente productivo.
“Este mismo trabajo muestra que buena parte del rendimiento se define antes, en la elección del lote —niveles adecuados de materia orgánica, un análisis de suelo, seguimiento del agua disponible— y en el ajuste del manejo en consecuencia”, explicó.
La conclusión es que la genética y el manejo deben considerarse herramientas complementarias.
“No debería ser una u otra: sanidad y agronomía van juntas, y ninguna alcanza sola”, aseguró Simón.
El Gran Chaco argentino busca mejorar la productividad del maíz
La expansión agrícola de los últimos años modificó la organización productiva de numerosas áreas del Gran Chaco.
De acuerdo con los antecedentes presentados en el trabajo, la región del Gran Chaco sudamericano comprende territorios de Argentina, Brasil, Paraguay y Bolivia.
En el sector centro-sur, correspondiente al Gran Chaco argentino, durante la última década se extendió la incorporación de cereales, principalmente maíz, dentro de las rotaciones agrícolas con soja.
Este proceso aumentó la necesidad de generar información adaptada a las características ambientales y productivas de la región.
En este escenario, los resultados de la Red de Maíz NEA aportan elementos para comprender qué variables explican las diferencias de rendimiento y cuáles pueden modificarse mediante decisiones agronómicas.
Los resultados se presentarán el 4 y 5 de noviembre en Chaco
Los avances de la investigación serán presentados durante el 2.º Congreso de Cereales y Oleaginosas del Gran Chaco Argentino, que se realizará el miércoles 4 y jueves 5 de noviembre en el predio de la Sociedad Rural del Oeste Chaqueño, en Las Breñas, Chaco.
El encuentro está organizado por el INTA Las Breñas y reunirá a productores, asesores, investigadores, empresas y estudiantes.
El jueves 5 de noviembre, a las 9:30, Carlos Simón y Nicolás Neiff, de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), participarán del espacio “Manejo vs. Estreses Ambientales: ¿Cómo seguimos haciendo maíz en el NEA?”.
La exposición abordará la elección del lote, la fecha de siembra, la disponibilidad de nitrógeno y el papel de la genética frente al complejo de achaparramiento.
Ese mismo día, a las 11:00, Diego Szwarc expondrá sobre el cogollero del maíz (Spodoptera frugiperda), otra de las plagas de importancia para el cultivo en la región.
El programa también incluirá contenidos vinculados con soja, girasol, algodón, mercados agrícolas, maquinaria y drones.
Más información sobre el encuentro: Congreso de Cereales y Oleaginosas del Gran Chaco Argentino.
El manejo del suelo y del agua será determinante para sostener los rindes
Los resultados de la investigación aportan evidencia sobre la importancia de evaluar las características del lote antes de definir la estrategia productiva.
Con rendimientos observados de entre 2.235 y 11.141 kilos por hectárea, el trabajo mostró que las diferencias entre ambientes pueden ser considerables.
La materia orgánica y el agua disponible aparecen como factores de gran influencia, mientras que el ajuste del nitrógeno, la fecha de siembra y el híbrido ofrece oportunidades concretas de mejora.
Para los productores del NEA, el estudio refuerza la importancia de integrar calidad del suelo, disponibilidad hídrica, genética y manejo agronómico, en lugar de analizar cada variable de manera aislada.
Como sintetizó Simón al referirse a la relación entre sanidad y agronomía, ninguna herramienta alcanza por sí sola para expresar el potencial productivo del maíz.










































