El INTA Famaillá, en Tucumán, evaluó durante las campañas 2024 y 2024/25 distintas estrategias de fertilización foliar en papa primicia y maní y registró mejoras productivas cuando los nutrientes se aplicaron de manera planificada y en función de las necesidades de cada etapa del cultivo. Los especialistas remarcaron que la técnica no reemplaza a la fertilización del suelo, sino que permite complementar la nutrición y corregir con rapidez deficiencias en momentos críticos.
Fertilización foliar: por qué puede mejorar la respuesta del cultivo
La incorporación de nutrientes a través del suelo continúa siendo la principal vía para cubrir los requerimientos de los cultivos. Sin embargo, las hojas también poseen capacidad para absorber determinados elementos y distribuirlos dentro de la planta.
Esta característica permite utilizar la fertilización foliar como una herramienta complementaria, especialmente cuando existen condiciones que dificultan la absorción de nutrientes a través de las raíces o cuando el cultivo atraviesa períodos de alta demanda.
“La fertilización foliar no reemplaza a la fertilización del suelo, sino que la complementa. Su principal ventaja es que permite corregir deficiencias de manera rápida y acompañar al cultivo en las etapas de mayor demanda nutricional”, explicó Roberto Sopena, especialista del INTA Famaillá.
La respuesta, sin embargo, depende de una serie de variables que deben ser consideradas antes de realizar una aplicación.
Entre ellas se encuentran la edad de las hojas, la temperatura, la humedad ambiente y la radiación, además de la cobertura lograda sobre la superficie foliar y la formulación utilizada según el estado fenológico del cultivo.
No todos los nutrientes se mueven igual dentro de la planta
Otro aspecto central es la movilidad que presenta cada nutriente después de ingresar por las hojas.
De acuerdo con Sopena, elementos como nitrógeno, fósforo, potasio y magnesio tienen una alta movilidad, mientras que otros, como calcio y boro, poseen una capacidad de redistribución mucho más limitada.
Esta diferencia obliga a ajustar tanto el momento como la estrategia de aplicación para que los nutrientes lleguen a la planta cuando realmente los necesita.
La elección de un producto foliar, por lo tanto, no debería realizarse de manera aislada, sino como parte de un programa nutricional definido a partir de las características del cultivo y de cada ambiente productivo.
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Qué pasó con la papa en los ensayos del INTA
Durante la campaña 2024, el INTA realizó ensayos en Monte Bello, Tucumán, para estudiar la respuesta de la papa primicia a distintas formulaciones de fertilizantes foliares.
Las aplicaciones fueron distribuidas entre los 20 y los 80 días posteriores a la emergencia, lo que permitió comparar diferentes combinaciones y momentos de suministro de nutrientes.
Los mejores resultados se registraron en el esquema que integró sucesivas aplicaciones durante el desarrollo del cultivo.
En las primeras etapas, la incorporación de cobalto y molibdeno favoreció el establecimiento de las plantas. Más adelante, la aplicación de zinc, nitrógeno, boro, potasio y calcio permitió aumentar el número y el peso de los tubérculos.
El tratamiento que combinó las distintas aplicaciones fue el que finalmente alcanzó los mayores rendimientos del ensayo.
“Los ensayos muestran que planificar la nutrición foliar durante todo el ciclo del cultivo permite aprovechar mejor el potencial productivo. Las mayores respuestas aparecen cuando las aplicaciones acompañan las necesidades fisiológicas de la planta”, señaló Sopena.
El maní también mostró una respuesta positiva
El INTA extendió la evaluación al cultivo de maní durante la campaña 2024/25, con ensayos desarrollados en el departamento Graneros, Tucumán.
En este caso, las aplicaciones foliares de potasio y zinc produjeron incrementos de rendimiento respecto del tratamiento que no había recibido fertilización.
Los investigadores observaron, además, que las combinaciones de nutrientes consiguieron respuestas superiores a las aplicaciones individuales, un resultado que indicaría un efecto complementario entre los diferentes elementos aportados al cultivo.
Los resultados de papa y maní refuerzan así la importancia de definir la estrategia nutricional en función de las demandas fisiológicas y no simplemente de aplicar un producto en un momento determinado.
Una herramienta para corregir deficiencias rápidamente
Entre las principales ventajas de la fertilización foliar, desde el INTA destacan la posibilidad de lograr una rápida disponibilidad de nutrientes y reducir las pérdidas asociadas a determinados problemas del suelo.
También puede mejorar la eficiencia de utilización de micronutrientes y ayudar a corregir desequilibrios nutricionales durante etapas específicas del ciclo.
A esto se suma la posibilidad de incorporar sustancias vinculadas con el metabolismo de las plantas, como aminoácidos, inductores de defensa y reguladores de crecimiento.
La tecnología también abre la puerta a un manejo más preciso. Las herramientas de agricultura de precisión permiten ajustar dosis, lugares y momentos de aplicación de acuerdo con las necesidades detectadas en cada sector del lote.
La clave está en integrar la práctica al manejo nutricional
Los especialistas advierten, sin embargo, que una mayor disponibilidad de fertilizantes foliares no convierte a la práctica en una solución independiente del resto del manejo.
La eficiencia depende del diagnóstico previo, de las condiciones ambientales durante la pulverización, de la calidad de aplicación y del momento fisiológico del cultivo.
En ese sentido, los avances tecnológicos en las formulaciones permitieron mejorar la absorción y la precisión de las aplicaciones durante los últimos años.
“Hoy contamos con formulaciones mucho más eficientes que hace algunos años. Eso permite mejorar la absorción de nutrientes y lograr una mayor respuesta con aplicaciones más precisas, siempre integradas dentro de un manejo agronómico adecuado”, concluyó Sopena.
Los ensayos realizados en Tucumán muestran que el potencial de la fertilización foliar no radica en sustituir la nutrición convencional, sino en utilizarla de manera complementaria para intervenir en etapas específicas y acompañar con mayor precisión las demandas de los cultivos.







































