Una investigación encuestó a 120 vecinos de CABA y encontró un uso generalizado de tóxicos domésticos con escaso conocimiento de los riesgos. Casos extremos: pipetas para perros usadas contra piojos en niños.
Mientras el debate público sobre fitosanitarios suele apuntar al campo, un estudio de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA) pone el foco donde menos se lo espera: en las casas de la ciudad. Y los datos son llamativos.
El hallazgo principal
La investigación, realizada por Bárbara Lutfi como tesis de la Licenciatura en Ciencias Ambientales, encuestó a 120 vecinos de los barrios porteños de Caballito, Agronomía y Villa del Parque. El resultado fue contundente: el 100% admitió usar sustancias tóxicas para controlar insectos o roedores en su hogar. Sin embargo, apenas el 20% sabía qué tipo de producto estaba aplicando o qué hacer en caso de intoxicación.
Una falsa sensación de seguridad
Según Lutfi, el problema central es la normalización del uso de estos productos sin información adecuada. Aunque el 70% de los encuestados aseguró leer las etiquetas de los envases, en la práctica la mayoría termina confiando en su propia interpretación. Ante una emergencia, la gran mayoría no sabe a qué centro de toxicología recurrir.
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Casos graves y prácticas de riesgo
Las entrevistas con médicos toxicólogos de la ciudad revelaron situaciones extremas que se repiten con frecuencia. Entre los ejemplos más preocupantes: una madre que detectó larvas en una herida en la cabeza de su hija y aplicó veneno antes de consultar a un médico. Los especialistas también alertaron sobre una práctica que consideran recurrente: familias que utilizan pipetas antiparasitarias para perros para tratar piojos en niños.
El problema del descarte
La investigación también detectó fallas críticas en la forma en que se desechan estos productos. El 30% de los encuestados recicla los envases, pero sin lavarlos previamente, enviando restos de veneno al flujo de basura común. El diagnóstico de Lutfi es claro: en CABA no existen lineamientos claros ni canales oficiales para descartar estos residuos especiales de manera segura.
El campo vs. la ciudad: un contraste que sorprende
La investigación subraya una paradoja que suele quedar fuera del debate: en el ámbito rural, el uso de fitosanitarios está regulado, requiere formación profesional y se toman precauciones concretas. En el hogar urbano, en cambio, los mismos compuestos —o incluso más peligrosos— se aplican sin capacitación, sin equipos de protección y sin un sistema de descarte adecuado.











































