De 30 a 50 kilos: el modelo del INTA que duplica el rendimiento del cordero sin afectar la agricultura

Rebaño de ovejas pastorea sobre un cultivo de cobertura en un sistema agrícola-ganadero integrado, con maquinaria agrícola trabajando al fondo en un establecimiento de la región pampeana.
El INTA desarrolla un modelo productivo que integra la cría de corderos pesados con los planteos agrícolas tradicionales de Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y el norte de Buenos Aires, aprovechando pasturas, cultivos de cobertura y subproductos del campo para producir más carne ovina sin desplazar otras actividades. El sistema forma parte de un proyecto ganadero macrorregional que trabaja simultáneamente con bovinos, porcinos y ovinos.

“Es la primera vez que tenemos un proyecto macrorregional ganadero de estas características, porque trabaja con tres especies animales —bovinos, porcinos y ovinos— y cuatro cadenas de producción”, destacó Néstor Franz, jefe de la Agencia INTA Coronel Moldes.

El diferencial central del modelo es que no compite con la agricultura sino que la complementa. “La idea no es desplazar ninguna actividad productiva que ya está en marcha, sino complementarla y potenciarla”, explicó Franz. El ciclo corto del ovino permite adaptarse a los cambios de fisonomía que el campo agrícola atraviesa cada seis meses por la rotación de cultivos. Cuando los lotes están ocupados, los animales permanecen en playones de alimentación, y el ovino aprovecha rastrojos, hasta un 50% de los cultivos de cobertura e incluso malezas, sin compactar el suelo y aportando nutrientes a través de las deyecciones.

El resultado productivo es contundente: mientras un cordero criado bajo métodos convencionales registra entre 28 y 30 kilos vivos y aporta cerca de 14 kilos de carne, el modelo del INTA logra animales de 50 kilos en pie que faenan entre 20 y 25 kilos de carne. La clave es trabajar con animales jóvenes —de entre cuatro y cinco meses— antes de que entren en la etapa de maduración sexual, lo que evita alteraciones en la calidad de la carne.


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Para alcanzar ese peso, el esquema combina dos sistemas nutricionales durante el período de amamantamiento: creep grazing, con pasturas de mejor calidad exclusivas para las crías, y creep feeding, basado en alimento balanceado compuesto principalmente por maíz y pellets de soja o girasol. “Con esa ración aumentamos la ganancia de peso predestete, y eso nos da el impulso necesario para alcanzar los objetivos de producción”, afirmó Franz.

No cualquier raza sirve para este modelo. Las orientadas a producción mixta o textil acumulan grasa de forma prematura al ser llevadas a pesos de faena más elevados. Las razas que mejor funcionan son Hampshire Down, Texel y Dorper —en sus variantes White y Black—, además de incorporaciones más recientes como Suffolk, Charollais e Ile de France. “Los productores, a través de estos proyectos de producción de carne, incorporaron estas razas, invirtieron en genética y trajeron animales del exterior. Esa genética ya se está produciendo en la zona”, señaló Franz. El INTA cuenta con centros de desarrollo genético en Esquel para las razas Texel y Poll Dorset, y un módulo ovino con Poll Dorset en INTA Manfredi.

Uno de los principales desafíos de la actividad ovina es la mortalidad de corderos en sus primeras etapas, agravada porque los partos invernales coinciden con el ciclo de servicios de otoño. Para resolverlo, el INTA adaptó una tecnología desarrollada originalmente para porcinos: los túneles de cama profunda, ideados por el INTA Marcos Juárez para el engorde porcino, ahora se usan para proteger los partos ovinos y mejoraron de forma notoria la tasa de supervivencia de los neonatos. Las razas prolíficas integradas al sistema también aportan: permiten porcentajes de destete de entre el 120% y el 125% de corderos.

El crecimiento del modelo también responde a una lógica comercial concreta. “Es un animal que se utiliza para cortes, no se vende entero”, explicó Franz. Las piezas logradas en animales de gran porte oscilan entre 380 y 400 gramos, con una relación favorable entre tejido muscular y óseo —en animales más livianos, de unos 14 kilos, esa relación se invierte y predomina el hueso sobre la carne—. El sistema apunta así a un producto de mayor valor comercial que, además, facilita la venta fraccionada sin obligar al consumidor a comprar la pieza completa o el medio canal.

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