El Niño llegará hasta 2027: la primavera, provincia por provincia

Cultivo recién emergido en la llanura pampeana bajo lluvias y nubes de tormenta con claros de sol
El Niño alcanza una magnitud extraordinaria y la ONU confirma que seguirá activo hasta 2027. El SMN ya delineó su impacto en cada provincia argentina para esta primavera, mientras el agro empieza a proyectar qué significa para la campaña 2026/27.

El fenómeno El Niño, impulsado por unas aguas del Pacífico tropical excepcionalmente cálidas, está firmemente establecido y se encamina a convertirse en un episodio muy fuerte en los próximos meses, con una probabilidad cercana al 100% de persistir hasta febrero de 2027, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM). El organismo advirtió que el fenómeno intensificará el riesgo de sequías, inundaciones y calor extremo en distintas regiones del planeta. En la Argentina, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) ya delineó su impacto local: una primavera con más lluvias en el norte del Litoral y el oeste de Cuyo, y temperaturas por debajo de lo habitual en la región pampeana y buena parte de Cuyo y la Patagonia.

Un episodio “de magnitud extraordinaria”

El fenómeno ya está firmemente establecido y, según la OMM, se intensificará hasta alcanzar su punto máximo hacia fines de 2026, aunque sus repercusiones se extenderán bien entrado 2027. Un episodio de esta magnitud puede modificar de forma significativa los patrones de lluvias, las temperaturas y la circulación atmosférica, con consecuencias para la agricultura, la salud, la energía, los recursos hídricos y la gestión de desastres.

“El Niño está adquiriendo una magnitud extraordinaria ante nuestros ojos. La ciencia no deja lugar a dudas: el planeta se encuentra en aguas desconocidas, y esas aguas se están calentando”, afirmó el secretario general de la ONU, António Guterres, quien remarcó que la carrera se libra entre el aumento de los riesgos climáticos y la capacidad de actuar a tiempo para proteger a la población.

Un Pacífico que no da tregua

La confianza de los científicos se apoya en las temperaturas registradas en la superficie y en profundidad del Pacífico tropical. En su zona central y oriental —el corazón de El Niño—, el indicador utilizado para monitorear el fenómeno marcó una anomalía media de 1,5 °C entre mayo y julio, que llegó a 2 °C en julio y se ubicó entre 2,2 °C y 2,6 °C por encima del promedio entre fines de julio y mediados de agosto. Bajo la superficie, el calentamiento fue todavía mayor: en algunas zonas, la anomalía superó los 8 °C durante julio y principios de agosto.

Qué prevé el SMN para cada región de la Argentina

Con ese marco global como telón de fondo, el Servicio Meteorológico Nacional difundió su Pronóstico Climático Trimestral para septiembre, octubre y noviembre, con la primera lectura de cómo El Niño repercutirá en el territorio nacional. La influencia del fenómeno suele notarse con más fuerza sobre el Litoral y el noreste, donde tiende a favorecer las lluvias intensas.

Temperaturas. El norte del país —la región del NOA, en particular— tiene mayor probabilidad de un trimestre con valores normales o superiores a la normal. La tendencia se invierte hacia el centro y el oeste: Buenos Aires, La Pampa, Mendoza, La Rioja y buena parte de Cuyo muestran mayor probabilidad de temperaturas por debajo de lo habitual, con chances de entre el 40% y el 55% según la zona. Córdoba, el sudoeste de Santa Fe, Chubut, Río Negro y Neuquén integran una segunda franja, con probabilidades de hasta el 45%. En el sur del Litoral y buena parte de la Patagonia —incluidas Corrientes, Tierra del Fuego y gran parte de Santa Cruz— se espera, en cambio, un trimestre dentro de los valores normales.


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Lluvias. El norte del Litoral y el oeste de Cuyo concentran las mayores probabilidades de lluvias superiores a lo normal, categoría que también alcanza a La Pampa, el sudoeste bonaerense y el noreste patagónico. Misiones y Corrientes encabezan la tendencia dentro del NEA, con Formosa, Chaco y sectores de Santa Fe mostrando una señal similar, mientras que el centro-oeste de Formosa y Chaco, el este de Salta y Santiago del Estero se mantienen dentro de valores normales. En Mendoza y San Juan, al oeste de Cuyo, se prevén algunas de las mayores anomalías: un dato sensible para una región con buena parte de sus reservas hídricas atadas a la nieve y que arrastra un déficit hídrico prolongado. La Ciudad de Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba, San Luis, Neuquén y sectores de Río Negro y Chubut tienen, por su parte, probabilidades de hasta el 45% de lluvias más intensas. En el otro extremo, el NOA —Jujuy, Salta, Catamarca, Tucumán y La Rioja—, junto con el sudoeste de Santa Cruz y Tierra del Fuego, muestran mayor probabilidad de precipitaciones normales o por debajo de lo normal.

Qué significa para la campaña 2026/27

Para el sector agropecuario, el fenómeno llega en un momento clave: la definición de la próxima campaña gruesa. Según el último informe estacional de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), la intención de siembra de maíz para la campaña 2026/27 se ubica en 10,4 millones de hectáreas, un 7,3% menos que en el ciclo anterior, aunque igual sería la segunda mayor superficie sembrada con este cultivo en la historia del país. El maíz nuevo arranca, además, con perfiles de suelo cargados de agua y con pronósticos de lluvias abundantes a partir de octubre, en sintonía con el escenario de Niño fuerte a muy fuerte que manejan los analistas de la BCR.

El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) coincide en que el fenómeno puede abrir una combinación de oportunidades y riesgos, según la región y el manejo agronómico. Mientras algunas zonas podrían acceder a rindes excepcionales gracias a una mejor disponibilidad hídrica, otras —particularmente las cuencas bajas vinculadas a los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay, y la cuenca del río Salado bonaerense— enfrentan mayor riesgo de anegamientos, crecidas y problemas sanitarios tanto en agricultura como en ganadería.

Un fenómeno fuerte no golpea igual en todas partes

La OMM insiste en que la intensidad de El Niño no define por sí sola la gravedad de sus consecuencias en cada país: los efectos varían según la ubicación, la época del año y su interacción con otros patrones climáticos en los océanos Índico y Atlántico. Por eso, tanto la OMM como el SMN remarcan que las categorías del pronóstico —normal, superior o inferior— describen tendencias promedio para el trimestre y no anticipan la intensidad ni la duración de cada evento puntual.

La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, advirtió que el fenómeno tiene potencial para asestar “un golpe enorme” a comunidades y economías de todo el mundo, y remarcó que ya se observan perturbaciones por sequías e inundaciones que podrían agravarse a medida que El Niño se intensifique.

La prioridad ahora, según la OMM, es convertir el pronóstico en acción temprana: contar con estas proyecciones con meses de anticipación permite ajustar el manejo del agua, planificar la siembra y anticipar riesgos antes de que el fenómeno alcance su punto máximo, previsto para fines de 2026. Tanto la OMM como el SMN adelantaron que seguirán actualizando sus informes a medida que el episodio evolucione, con nuevas lecturas que irán precisando el impacto en cada región del país a lo largo de la primavera.

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