El Niño llegará en primavera y el INTA advierte que el golpe más duro para los tambos llegará en marzo y abril

Vacas lecheras pastando en un tambo bajo cielo nublado, con canal de drenaje e instalaciones rurales al fondo, en una escena que ilustra la preparación ante excesos hídricos.
Especialistas del INTA Rafaela advirtieron que la ventana de tiempo entre ahora y la llegada de El Niño en primavera es la oportunidad clave para que los sistemas lecheros se preparen y reduzcan el impacto de los excesos hídricos que se esperan a partir de la primavera y con mayor intensidad en el otoño de 2027. El ingeniero agrónomo Guillermo Cavallero, del Área de Desarrollo Rural del INTA Rafaela, detalla las medidas concretas que los productores deben tomar ahora.

La señal de alerta ya está en los datos: entre enero y junio de 2026, la región registró 624 milímetros de lluvia, cuando el promedio histórico para ese período es de 553 milímetros. “Es una señal de que el sistema ya está muy cargado de agua”, advirtió Cavallero. A eso se suma que los modelos climáticos asignan una probabilidad superior al 80% de que un evento El Niño se instale hacia fines de este año.

El punto más crítico para los tambos no será la primavera sino el otoño. “El problema no lo vamos a ver necesariamente durante la primavera o el verano. El mayor impacto probablemente aparezca en marzo y abril del próximo año”, explicó Cavallero. Las pasturas base alfalfa, que representan entre el 70% y el 80% de la alimentación en muchos tambos de la región, son el eslabón más vulnerable: si permanecen anegadas, las raíces sufren por falta de oxígeno, la planta se pierde y desaparece una parte importante de la oferta forrajera.


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Para reducir ese riesgo, el especialista recomendó actuar en cuatro frentes antes de que lleguen las lluvias más intensas:

Infraestructura hídrica: revisar el abovedado de callejones, mantener cunetas, sistematizar el drenaje interno del campo y controlar corrales y patios de alimentación. “Nuestros campos tienen pendientes muy bajas, por eso es fundamental ordenar el flujo del agua dentro del establecimiento”, explicó.

Ubicación estratégica de reservas: posicionar las bolsas de silo y los sectores de alimentación en lugares altos y de fácil acceso para el otoño, cuando el ingreso de maquinaria puede ser muy complicado.

Mayor volumen de reservas forrajeras: “Si normalmente planificamos una determinada superficie para silaje, probablemente sea momento de producir un poco más pensando en un eventual déficit forrajero”, señaló Cavallero, recordando que en los eventos Niño de 2015 y 2016 muchos tambos debieron comprar alimentos de baja calidad y a costos elevados.

Revisión de la carga animal: evaluar con anticipación si la carga actual es sostenible ante excesos hídricos y decidir qué categorías mantener. “Trabajar con dos vacas por hectárea no es lo mismo que hacerlo con una carga menor cuando aparecen excesos hídricos”, remarcó.

“Las decisiones que tomemos hoy son las que van a permitir atravesar con mejores resultados el próximo otoño. Preparar la infraestructura, asegurar reservas y planificar el manejo del rodeo son inversiones que ayudan a disminuir los riesgos cuando llegan las lluvias”, concluyó Cavallero. La historia reciente del sector —con dos episodios Niño de alta intensidad en los últimos diez años— muestra que anticiparse hace la diferencia entre sostener la producción o salir a buscar forraje caro en el peor momento.

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