Hasta 12.000 kilos de materia seca y 21% de proteína: el INTA apuesta a la alfalfa para mejorar la ganadería del norte

Cultivo de alfalfa en pleno desarrollo en un campo de la llanura pampeana argentina, con vegetación verde densa y horizonte despejado bajo un cielo azul.
El equipo de investigación y extensión del INTA El Colorado, en Formosa, trabaja en la adaptación de la alfalfa a condiciones subtropicales a partir de la demanda concreta de productores ganaderos de la región. El cultivo muestra un alto potencial: entre 10.000 y 12.000 kilos de materia seca por hectárea por año, hasta siete cortes anuales y un 21% de proteína bruta, lo que lo posiciona como un recurso estratégico frente al predominio de gramíneas en el norte argentino.

La alfalfa no es un cultivo habitual en el norte del país, pero su potencial forrajero y nutricional la convierte en una apuesta cada vez más atractiva para sistemas ganaderos de carne y leche de la región, incluyendo tambos familiares. El INTA El Colorado se incorporó a la Red Nacional de Alfalfa y actualmente evalúa 11 materiales para identificar las variedades mejor adaptadas a las condiciones locales.

Jorge Hugo Passamano, investigador del INTA, explicó que los materiales sin reposo invernal pueden alcanzar una vida útil estimada en cuatro años. Para lograr esa persistencia, la elección del lote es determinante: se requieren suelos profundos y sueltos con buena capacidad de acumulación de agua —características presentes en áreas de albardes del río Bermejo—, buen drenaje y pH cercano a neutro. La alfalfa es sensible tanto a la acidez como al anegamiento.


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La preparación del suelo también es clave. “Es aconsejable considerar un barbecho de entre 50 y 70 días para favorecer la mineralización, mejorar la estructura del suelo y reducir la presión de malezas”, señaló Passamano. El cultivo presenta además altos requerimientos de fósforo y calcio, nutrientes que impactan directamente sobre su productividad y persistencia.

En cuanto al manejo, la densidad de siembra recomendada es de aproximadamente 20 kilos de semilla por hectárea, y el momento de corte óptimo se ubica alrededor del 10% de floración para maximizar la producción de materia seca y prolongar la vida útil del alfalfar.

El valor nutricional del cultivo es su principal argumento: un 21% de proteína bruta y una elevada digestibilidad lo diferencian claramente de las gramíneas que dominan la oferta forrajera regional. Los rollos confeccionados con alfalfa pueden conservarse entre uno y dos años según las condiciones de almacenamiento.

Entre las limitantes que el equipo identificó se destacan la falta de sistemas de riego desarrollados en la zona, la escasa experiencia local en fertilización y la necesidad de un adecuado control de malezas, orugas defoliadoras y enfermedades.

La incorporación de la alfalfa a los sistemas productivos del norte argentino responde a una demanda concreta de productores que buscan mejorar la calidad y estabilidad de la oferta forrajera más allá de las gramíneas. Los resultados de los ensayos en curso en la Red Nacional de Alfalfa serán determinantes para definir qué materiales se adaptan mejor a las condiciones subtropicales y cuánto puede aportar este cultivo a la ganadería de la región.

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