Resistencia o tolerancia en malezas: la ciencia difumina el límite y replantea el manejo

Mata de gramón resistente emergiendo en un lote de soja, mostrando la presencia de malezas perennes en un cultivo agrícola.
En Argentina, donde ya se registran 52 biotipos de malezas resistentes según la REM de Aapresid, la distinción clásica entre resistencia y tolerancia a herbicidas empieza a mostrar sus límites. La investigación en genética de poblaciones y mecanismos metabólicos revela que ambos conceptos funcionan más como extremos de un continuo que como categorías opuestas, lo que obliga a repensar las estrategias de manejo desde la biología de las poblaciones.

Durante décadas, la distinción pareció simple: resistencia era el resultado de un proceso de selección dentro de una población expuesta a un herbicida; tolerancia, la capacidad natural de una especie de sobrevivir a ese producto sin haber atravesado ese proceso. Sobre el papel, la frontera era clara.

Pero la biología presenta escenarios que complican esa división. ¿Qué ocurre cuando una población recibe genes de resistencia a través del flujo génico, sin haber sido expuesta localmente al herbicida? ¿Es tolerante porque nunca fue seleccionada en ese ambiente, o resistente porque porta mutaciones que sí lo fueron en otro lugar? La respuesta ya no es evidente.


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A esto se suma otro factor: en algunas especies, la resistencia está tan extendida que prácticamente no quedan poblaciones susceptibles para establecer comparaciones, lo que erosiona una de las bases históricas para definir el concepto.

Parte de la literatura científica ya refleja esta ambigüedad, utilizando ambos términos para describir simplemente distintos niveles de sensibilidad, sin establecer una separación estricta entre ellos.

El cambio de perspectiva es profundo. La resistencia dejó de ser vista como un fenómeno excepcional para entenderse como un proceso evolutivo dinámico, impulsado por la presión de selección, el intercambio genético y una diversidad creciente de mecanismos biológicos. La distinción entre resistencia y tolerancia conserva utilidad práctica y comunicacional, pero el foco se desplaza: comprender cómo evolucionan las poblaciones es hoy la base para diseñar estrategias de manejo realmente eficientes.

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