El Niño impulsa nevadas clave para las regiones áridas de la Argentina

Cordillera de los Andes cubierta de nieve y un río de deshielo en primer plano, imagen vinculada con la recarga de reservas de agua durante años El Niño.
Las nevadas registradas durante el invierno de 2026 en la cordillera de los Andes, especialmente entre el norte de Mendoza y Catamarca, mejoraron la acumulación de una reserva estratégica para las regiones áridas y semiáridas de la Argentina. Especialistas del INTA y del IANIGLA explicaron que los años El Niño suelen favorecer estos episodios en los Andes centrales, aunque advirtieron que la relación no es automática y que los temporales también requieren medidas preventivas.

La nieve vuelve a alimentar las reservas de agua

La evolución de El Niño concentra la atención del sector agropecuario por la posibilidad de lluvias abundantes y excesos hídricos en diferentes regiones del país. Sin embargo, el fenómeno también puede generar un efecto favorable sobre la disponibilidad de agua en la cordillera.

Los años El Niño suelen aumentar las probabilidades de nevadas importantes en el centro de los Andes, tanto del lado argentino como del chileno. Esa acumulación funciona como una reserva que, durante los meses más cálidos, alimenta ríos, arroyos, humedales, acuíferos, napas y sistemas de riego.

Pablo Mercuri, director del Centro de Investigación de Recursos Naturales del INTA, explicó que existe una relación entre las fases cálidas del fenómeno y la presencia de mayores acumulaciones de nieve, especialmente en la región cordillerana ubicada al sur del Aconcagua.

El especialista señaló que las nevadas de este invierno fueron importantes en numerosos sectores y alcanzaron provincias que durante los últimos años atravesaron situaciones de escasez hídrica, como San Juan, La Rioja y Catamarca.

Más de cuatro metros de nieve en un evento excepcional

Uno de los episodios más destacados se produjo entre el 15 y el 19 de julio de 2026.

Según Maximiliano Viale, investigador del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales, durante ese evento se acumularon más de cuatro metros de nieve en diferentes sectores cordilleranos comprendidos entre el norte de Mendoza y Catamarca.

El investigador calificó el episodio como excepcional por la intensidad y por la extensión geográfica alcanzada.

En la cordillera del norte mendocino, el total acumulado hasta el 29 de julio no era extraordinario en términos históricos. No obstante, ya se acercaba a los promedios anuales que en gran parte de los últimos 15 años no habían podido alcanzarse.

Entre San Juan y Catamarca, en cambio, los registros se ubicaban por encima de los niveles habituales, de acuerdo con los datos observados en estaciones meteorológicas de la región.

Una reserva estratégica para la producción

La importancia de las nevadas no se limita al paisaje cordillerano. El agua almacenada en forma de nieve sostiene buena parte de la producción agropecuaria desarrollada en los ambientes secos del oeste argentino.

“Gran parte de la Argentina es árida o semiárida y depende del agua de deshielo”, recordó Mercuri.

La nieve acumulada durante el invierno comienza a derretirse con el aumento de las temperaturas y aporta caudal a los ríos que abastecen los oasis productivos y los sistemas de riego.

Este proceso resulta central para actividades como la vitivinicultura, la fruticultura, la horticultura, la producción de forrajes y la ganadería bajo riego.

También contribuye a recuperar acuíferos, napas, humedales y otras reservas que abastecen a las poblaciones rurales y urbanas.

Una temporada con mayor disponibilidad de agua puede reducir las restricciones que condicionaron a varias cuencas durante los últimos años y mejorar las posibilidades de planificación para las próximas campañas.


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El INTA propone identificar lotes con mayor potencial

Mercuri consideró que la recuperación de las reservas representa una oportunidad para revisar los planteos productivos de las regiones que dependen del riego.

El especialista recomendó identificar los lotes que podrían disponer de una oferta hídrica superior y evaluar estrategias orientadas a expresar un mayor potencial productivo.

Esto no implica aumentar automáticamente la superficie implantada o el consumo de agua. La planificación deberá considerar la evolución real de los caudales, las reservas disponibles, la infraestructura de riego y las condiciones particulares de cada cuenca.

El objetivo es aprovechar una eventual mejora hídrica mediante esquemas productivos eficientes, sin perder de vista la necesidad de conservar el recurso.

Una mayor acumulación nival puede permitir la recuperación de reservas, pero sus beneficios dependerán de la velocidad del deshielo, la distribución del agua y la capacidad de almacenamiento y conducción de cada sistema.

La relación con El Niño no es automática

Viale aclaró que la asociación entre El Niño y las nevadas no se cumple de manera directa en todos los años ni con la misma intensidad en toda la cordillera.

Existe evidencia de que durante las fases cálidas del fenómeno suele nevar más en los Andes centrales argentinos. Sin embargo, también se registraron excepciones.

El investigador mencionó como ejemplo el evento El Niño de 2015, que fue intenso pero no produjo las acumulaciones de nieve que podían esperarse.

La variabilidad se explica porque las nevadas dependen de distintos factores atmosféricos, entre ellos la trayectoria de los sistemas frontales, la temperatura, la circulación del Pacífico y la presencia de ríos atmosféricos.

Estos últimos son corredores estrechos y extensos que transportan grandes cantidades de vapor de agua desde el océano. Cuando alcanzan la cordillera bajo condiciones favorables, pueden provocar precipitaciones intensas y acumulaciones significativas de nieve.

La cordillera central recibe la mayor influencia

La incidencia de El Niño tampoco es uniforme de norte a sur.

La cordillera argentina se extiende a lo largo de más de 30 grados de latitud y atraviesa ambientes tropicales, templados, áridos y fríos. Por ese motivo, la respuesta frente a un mismo fenómeno oceánico puede variar de manera considerable.

Según Viale, la influencia de El Niño es más contundente en los Andes centrales. En cambio, su incidencia sobre las nevadas de la cordillera del sur de la Patagonia es mucho menor.

La acumulación observada en Mendoza, San Juan, La Rioja y Catamarca no debe proyectarse automáticamente sobre Neuquén, Río Negro, Chubut o Santa Cruz.

Cada región depende de sistemas meteorológicos diferentes y presenta condiciones propias de relieve, temperatura y circulación atmosférica.

El Niño muestra sus dos caras

Además de favorecer las nevadas en la cordillera central, El Niño suele estar relacionado con lluvias normales o superiores a las habituales en amplias regiones del Cono Sur.

Una de las características de estos años es que las precipitaciones pueden abarcar grandes extensiones geográficas, en lugar de concentrarse en sectores aislados.

Esta situación presenta beneficios y riesgos.

Por un lado, una mayor disponibilidad de agua permite recuperar perfiles de suelo, mejorar reservas, sostener los sistemas de riego y favorecer el rendimiento de los cultivos.

Por otro, el aumento de las lluvias puede provocar excesos hídricos, anegamientos, dificultades para realizar tareas agrícolas, problemas sanitarios y daños en caminos e infraestructura rural.

“Especialmente en la Argentina, tenemos que mencionar que El Niño tiene dos caras”, resumió Mercuri.

El investigador destacó que, en muchas regiones y lotes, los años con buena disponibilidad hídrica permiten que los cultivos expresen mejor su potencial. Al mismo tiempo, recomendó mantener una vigilancia permanente sobre las zonas más expuestas a excesos de agua.

Los temporales también generan riesgos

Las nevadas intensas representan una reserva valiosa, pero durante su desarrollo pueden ocasionar graves problemas para la población, el transporte y las actividades productivas.

Los temporales pueden interrumpir rutas y pasos fronterizos, aislar establecimientos, complicar el abastecimiento y aumentar el riesgo de avalanchas.

También pueden afectar al ganado ubicado en zonas cordilleranas y precordilleranas, especialmente cuando se combinan nieve, viento intenso y temperaturas extremadamente bajas.

Por este motivo, los especialistas recomendaron seguir los pronósticos de corto plazo y las alertas emitidas por el Servicio Meteorológico Nacional.

Las ventanas de buen tiempo deben aprovecharse para organizar movimientos de hacienda, abastecer establecimientos, revisar instalaciones y programar las tareas productivas con mayor seguridad.

Agosto comenzará con nuevas lluvias y nevadas

Los pronósticos analizados por el Instituto de Clima y Agua del INTA indicaron una mayor probabilidad de precipitaciones entre normales y superiores a las habituales durante los próximos meses en sectores del centro y sur de la cordillera.

El inicio de agosto podría presentar nuevos eventos de lluvia y nieve, algunos localmente intensos.

La evolución de estos episodios será clave para determinar el volumen final de la reserva nival y la disponibilidad de agua de deshielo durante la primavera y el verano.

El escenario ofrece una señal positiva para las cuencas que vienen de atravesar años deficitarios, aunque todavía será necesario esperar las mediciones de nieve, caudales y reservas para dimensionar el beneficio concreto.

Una oportunidad que requiere planificación

La recuperación de la nieve cordillerana puede convertirse en uno de los efectos más favorables de El Niño para las regiones secas de la Argentina.

La mayor reserva hídrica abre posibilidades para los sistemas productivos bajo riego, pero no elimina la necesidad de administrar el agua con eficiencia.

El verdadero impacto se conocerá cuando comiencen el deshielo y la recuperación de los caudales. Hasta entonces, el desafío será combinar el seguimiento climático, la prevención ante los temporales y la planificación productiva de cada cuenca.

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