La Organización Meteorológica Mundial advirtió que El Niño continuará intensificándose durante agosto, septiembre y octubre de 2026 y modificará los patrones de lluvias y temperaturas en distintas regiones del planeta. Para la Argentina, el escenario aumenta la atención sobre el Litoral y la Cuenca del Plata, mientras la NOAA calcula un 97% de probabilidad de que el fenómeno persista hasta comienzos de 2027 y un 81% de que alcance una intensidad muy fuerte hacia fin de año.
El Niño entra en una etapa de mayor intensidad
La OMM informó el 31 de julio que se encuentra en desarrollo un episodio fuerte de El Niño y que su influencia dominará buena parte del clima global durante el trimestre agosto-octubre.
Los modelos combinados de los principales centros climáticos proyectan que las anomalías de la temperatura superficial del océano podrían superar los 2,9 °C en zonas clave del Pacífico ecuatorial durante el período.
El organismo también anticipó temperaturas superiores a los valores normales en gran parte del planeta y cambios significativos en la distribución de las precipitaciones. Algunas regiones tendrán condiciones más húmedas, mientras que en otras aumentará la probabilidad de sequías.
Entre los sectores con mayor probabilidad de lluvias por encima del promedio aparece el sudeste de Sudamérica, una zona que comprende parte de la Argentina, Uruguay, Paraguay y el sur de Brasil.
NOAA eleva la probabilidad de un evento muy fuerte
El Centro de Predicción Climática de la NOAA confirmó que el acoplamiento entre el océano y la atmósfera continúa fortaleciéndose en el Pacífico ecuatorial.
Durante julio se amplió la superficie oceánica con anomalías térmicas superiores a 1 °C y el índice semanal de la región Niño 3.4 alcanzó los 1,2 °C. Al mismo tiempo, los vientos y la circulación atmosférica mostraron señales consistentes con una intensificación del fenómeno.
Según el organismo estadounidense, existe un 97% de probabilidad de que El Niño persista hasta comienzos de la primavera del hemisferio norte de 2027, período que coincide con el final del verano y el inicio del otoño en la Argentina.
El dato más relevante para los próximos meses es la intensidad proyectada: la NOAA calcula un 81% de probabilidad de que El Niño alcance la categoría de muy fuerte entre octubre y diciembre de 2026. De concretarse, podría ubicarse entre los episodios más intensos del registro iniciado en 1950.
El SMN confirma que la fase cálida ya está activa
El último boletín del Servicio Meteorológico Nacional señaló que las condiciones oceánicas y atmosféricas son consistentes con una fase cálida de El Niño-Oscilación del Sur.
El organismo detectó temperaturas superiores a las normales en todo el Pacífico ecuatorial, con las mayores anomalías cerca de la costa sudamericana. También observó un debilitamiento de los vientos alisios y valores negativos del Índice de Oscilación del Sur.
De acuerdo con los modelos dinámicos y estadísticos utilizados por el SMN, la probabilidad de que El Niño se mantuviera durante el trimestre julio-agosto-septiembre era cercana al 100%.
La evolución internacional divulgada posteriormente por la OMM y la NOAA refuerza ese escenario y extiende las altas probabilidades de continuidad hasta los primeros meses de 2027.
Qué puede ocurrir en el Litoral argentino
Los episodios de El Niño suelen aumentar la probabilidad de precipitaciones superiores a los valores habituales en el sudeste de Sudamérica, especialmente durante la primavera y el verano.
En la Argentina, el seguimiento se concentra principalmente en Misiones, Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe, Chaco, Formosa y el este de Buenos Aires. Parte de esas provincias integra la Cuenca del Plata y contiene extensas áreas agrícolas, ganaderas, urbanas y ribereñas expuestas a los excesos hídricos.
Un trimestre con tendencia lluviosa no implica precipitaciones permanentes ni permite conocer con anticipación la ubicación exacta de las tormentas. Significa que, al considerar el período completo, aumenta la posibilidad de que los acumulados terminen por encima del promedio histórico.
También pueden alternarse semanas secas con episodios breves de lluvias muy intensas. Por ese motivo, las perspectivas estacionales deben complementarse con los pronósticos semanales, las alertas meteorológicas y los avisos de muy corto plazo.
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Las inundaciones no son una consecuencia automática
La intensidad de El Niño no determina por sí sola la magnitud de sus impactos en cada región.
La NOAA remarcó que incluso los eventos más fuertes no producen necesariamente los efectos típicos en todos los lugares. Una mayor intensidad inclina las probabilidades hacia determinados patrones, pero no garantiza que se produzcan lluvias extremas o inundaciones en una provincia específica.
El resultado dependerá de la ubicación, frecuencia y magnitud de las precipitaciones, además del estado previo de los suelos, lagunas, humedales, canales y cursos de agua.
Cuando los perfiles ya tienen una elevada carga de humedad, una sucesión de tormentas puede generar anegamientos con mayor rapidez. En cambio, sectores con capacidad de almacenamiento disponible pueden absorber parte del agua y reducir el impacto inicial.
Atención sobre los ríos de la Cuenca del Plata
El comportamiento de los ríos Paraná, Paraguay, Uruguay e Iguazú será otro de los puntos centrales durante los próximos meses.
Una secuencia de lluvias abundantes sobre las cuencas superiores puede elevar los aportes y trasladar el aumento de los caudales hacia los tramos argentinos. La respuesta no es inmediata ni uniforme: depende del lugar donde llueva, de la extensión del evento y de la situación hidrológica previa.
El Instituto Nacional del Agua opera un servicio permanente de pronóstico y alerta hidrológica para la Cuenca del Plata. El sistema incluye reportes diarios, información hidrométrica, gráficos de situación y pronósticos actualizados para el río Paraná y otros cursos de agua.
Este seguimiento permite detectar variaciones relevantes de los niveles y aportar información para la toma de decisiones de las autoridades, los sectores productivos y las poblaciones ribereñas.
Un fenómeno natural sobre océanos excepcionalmente cálidos
El Niño es un fenómeno natural asociado con el calentamiento de las aguas del Pacífico ecuatorial central y oriental y con modificaciones en los vientos y la circulación atmosférica.
No es originado por el cambio climático. Sin embargo, el episodio actual se desarrolla en un contexto de océanos globales excepcionalmente cálidos y temperaturas medias en aumento.
La OMM señaló que esa elevada temperatura de base puede agravar determinados riesgos climáticos. A El Niño se sumaría, además, el posible desarrollo de una fase positiva del Dipolo del Océano Índico, otro patrón capaz de modificar las lluvias en distintas regiones.
El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, afirmó que El Niño ya ingresó en una etapa de fortalecimiento y advirtió que se desarrolla sobre un planeta afectado por calor extremo, incendios y temperaturas marítimas récord.
Qué implica para la producción agropecuaria
Para el agro argentino, el escenario combina oportunidades y riesgos.
Una mayor disponibilidad de agua puede beneficiar a los cultivos y pasturas en zonas que necesitan recargar los perfiles. Sin embargo, los excesos pueden dificultar las labores, demorar siembras, afectar la transitabilidad de los caminos rurales y comprometer lotes bajos.
En los establecimientos ganaderos, las precipitaciones frecuentes pueden reducir la superficie disponible, complicar el acceso a los animales y obligar a trasladar hacienda o reservas forrajeras hacia sectores más elevados.
Las áreas cercanas a ríos, arroyos, lagunas y bajos naturales presentan una exposición mayor. También será importante controlar canales, alcantarillas y desagües antes del período de lluvias más frecuentes.
El seguimiento de la OMM, la NOAA, el SMN y el INA muestra que El Niño continuará fortaleciéndose, pero la intensidad final no debe interpretarse como un pronóstico directo de inundaciones. La evolución de las lluvias y los ríos deberá evaluarse de manera permanente y con información regional y de corto plazo.






































