Un estudio del INTA Manfredi, en Córdoba, reveló que después de 12 años de riego por goteo enterrado la concentración de sales solubles en el suelo fue superior a la de un sector sin riego. Entre los 40 centímetros y los 2 metros de profundidad, los valores promedio de conductividad eléctrica resultaron 2,4 veces mayores, mientras que el porcentaje de sodio intercambiable alcanzó registros de hasta 13%. A pesar de estos cambios, los investigadores no observaron pérdidas de productividad en trigo, soja y maíz. El trabajo advierte sobre la necesidad de monitorear periódicamente el perfil del suelo para prevenir posibles problemas de salinidad y sodicidad.
El INTA evaluó qué ocurrió con el suelo después de 12 años de riego enterrado
El INTA Manfredi, en la región central de Córdoba, evaluó los efectos de largo plazo del riego por goteo enterrado sobre las propiedades químicas del suelo en módulos experimentales destinados a cultivos extensivos.
La investigación analizó la evolución de la salinidad, la sodicidad y el pH después de doce años de utilización de esta tecnología, mediante muestras tomadas hasta los dos metros de profundidad.
Los resultados constituyen un primer aporte nacional para estudiar estos procesos en sistemas de goteo subterráneo aplicados a la agricultura extensiva.
El principal hallazgo fue una mayor concentración de sales solubles y sodio en las parcelas regadas respecto de un sector de secano utilizado como referencia.
Sin embargo, estos cambios no estuvieron acompañados por una disminución de los rendimientos agrícolas.
Carolina Álvarez, responsable del Laboratorio de Suelos y Aguas del INTA Manfredi, presentó los resultados durante la 9.ª Reunión Internacional de Riego, realizada en la estación experimental.
Cómo se realizó el ensayo con trigo, soja y maíz
Los módulos experimentales comenzaron a instalarse entre 2012 y 2013 para evaluar el funcionamiento del riego por goteo enterrado en una rotación de trigo, soja y maíz.
El estudio comparó cuatro configuraciones de riego, con separaciones entre laterales de 0,8, 1 y 1,6 metros y caudales de emisores de 0,6 y 1 litro por hora.
El agua utilizada proviene de fuentes subterráneas y presenta una calidad intermedia, con concentraciones de sales y sodio que requieren atención según los criterios de clasificación considerados.
Los investigadores extrajeron muestras en seis estratos del suelo, desde la superficie hasta los dos metros de profundidad.
Los resultados se compararon con los obtenidos en un sector sin riego que mantiene la misma rotación agrícola.
Álvarez explicó que esta tecnología cuenta con antecedentes de utilización en cultivos intensivos y regiones áridas de otros países, pero su incorporación a la agricultura extensiva argentina es relativamente reciente.
“En la Argentina no era común su uso en cultivos extensivos, por lo que es necesario evaluar sus efectos en estos sistemas”, señaló.
La concentración de sales fue hasta 2,4 veces superior en profundidad
Uno de los resultados más importantes estuvo relacionado con la conductividad eléctrica del suelo, un indicador utilizado para evaluar la salinidad.
En los primeros 20 centímetros, la conductividad eléctrica de las parcelas regadas fue casi el doble de la registrada en el sector de secano.
Las diferencias fueron mayores en profundidad.
Entre los 40 centímetros y los dos metros, los valores promedio resultaron 2,4 veces superiores en las parcelas con riego enterrado.
En el sector sin riego se registraron valores de entre 0,5 y 0,8 decisiemens por metro (dS/m), mientras que en las parcelas regadas las mediciones alcanzaron hasta 1,8 dS/m en profundidad.
Estos resultados muestran una acumulación diferencial de sales bajo las condiciones del ensayo.
Sin embargo, los investigadores aclararon que la magnitud y evolución de estos procesos dependen de factores como la calidad del agua, las características del suelo, las precipitaciones y el manejo del riego.
Las sales también llegaron a la superficie por capilaridad
Uno de los hallazgos que sorprendió al equipo técnico fue el incremento de sales en los primeros centímetros del suelo.
En el riego por goteo enterrado, el agua se distribuye mediante líneas instaladas debajo de la superficie.
Por esa razón, los investigadores esperaban una menor acumulación superficial.
“Esperábamos que las sales no ascendieran hacia la superficie, pero comprobamos que sí lo hicieron por capilaridad, debido a la evaporación del agua del suelo”, explicó Álvarez.
El resultado demuestra que, bajo las condiciones evaluadas, las sales pueden desplazarse tanto hacia capas profundas como hacia sectores cercanos a la superficie.
La ubicación subterránea de los emisores no impidió el movimiento ascendente de sales dentro del perfil del suelo.
Este comportamiento constituye uno de los aspectos relevantes para comprender los efectos de largo plazo de la tecnología.
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El sodio intercambiable alcanzó valores de hasta 13%
La investigación también evaluó el porcentaje de sodio intercambiable, un indicador relacionado con el riesgo de deterioro de la estructura del suelo.
En el sector de secano se registraron valores cercanos al 3% y 4%, mientras que en las parcelas regadas se observaron niveles de entre 6% y 13% por debajo de los 40 centímetros.
El mayor registro correspondió a la configuración con laterales separados a 0,8 metros y emisores de 0,6 litros por hora.
En los tratamientos con mayor separación entre las líneas de riego, los valores fueron menores.
Los investigadores señalaron que estas diferencias requieren nuevos análisis para determinar con mayor precisión la influencia de cada configuración.
Por qué preocupa el aumento de sodio en el suelo
El valor convencional utilizado para clasificar un suelo como sódico se ubica en el 15% de sodio intercambiable.
En el ensayo del INTA Manfredi no se alcanzó ese umbral, aunque algunas parcelas registraron concentraciones que merecen seguimiento.
Álvarez explicó que, según los antecedentes científicos, pueden producirse alteraciones en las propiedades físicas del suelo incluso con porcentajes menores.
“Según la bibliografía, con valores de entre 8 y 10% de sodio intercambiable podrían aparecer problemas de dispersión de los coloides y, como consecuencia, de permeabilidad del suelo”, indicó.
Por ese motivo, la investigadora consideró importante evaluar si el incremento del sodio comienza a modificar las condiciones físicas del perfil.
El seguimiento permitiría detectar posibles problemas de infiltración o permeabilidad antes de que se traduzcan en consecuencias productivas.
Los rendimientos de trigo, soja y maíz no disminuyeron
A pesar de los cambios químicos identificados, el INTA no registró pérdidas de productividad en los cultivos de trigo, soja y maíz evaluados dentro del módulo experimental.
Los rendimientos promedio fueron elevados y acordes con un sistema de riego bien manejado.
Este resultado constituye una precisión fundamental para interpretar la investigación.
El aumento de sales y sodio no provocó, hasta el momento de la evaluación, una reducción observable de la producción agrícola.
Sin embargo, Álvarez advirtió que la ausencia de pérdidas actuales no elimina la necesidad de controlar la evolución del suelo.
“Si no monitoreamos estos cambios y su evolución, en el futuro podríamos tener mermas de producción”, señaló.
La investigación plantea así la importancia de identificar posibles procesos de deterioro antes de que afecten los rendimientos.
Tres años de menores lluvias pudieron influir en la acumulación de sales
Los muestreos se realizaron antes del inicio de la campaña 2025/26, después de tres años con precipitaciones inferiores a los promedios históricos de la región.
Según los investigadores, la menor disponibilidad de lluvias podría haber limitado el lavado natural de las sales acumuladas en el perfil.
Esta condición ambiental debe considerarse al interpretar los resultados.
Además, se trató de la primera evaluación de las propiedades químicas del suelo desde la instalación del sistema.
Por esa razón, todavía no es posible determinar la evolución temporal completa de los parámetros analizados.
“Un nuevo monitoreo, que permita confirmar o no los resultados obtenidos, nos daría una mejor evaluación de la evolución del suelo”, explicó Álvarez.
Qué recomienda el INTA para evitar problemas de salinidad y sodicidad
A partir de los resultados, los especialistas plantearon la necesidad de incorporar controles periódicos del suelo a las estrategias de manejo del riego.
La principal recomendación es monitorear la salinidad y el sodio a diferentes profundidades, utilizando criterios de muestreo consistentes y con asesoramiento profesional.
El seguimiento debería considerar la calidad del agua, las láminas aplicadas, las características del terreno y el régimen de precipitaciones.
Entre las alternativas de manejo mencionadas se encuentra aprovechar determinados períodos de lluvia para favorecer el lavado de sales, especialmente cuando disminuye la demanda de riego de los cultivos.
Sin embargo, Álvarez aclaró que las precipitaciones no garantizan por sí solas la corrección de estos procesos.
“No se corrige solo con las lluvias. Depende del ambiente, de la calidad del agua con la que se riega y de la cantidad de milímetros que se apliquen”, explicó.
Cuando el lavado natural no resulta suficiente, también puede evaluarse la aplicación de enmiendas, siempre en función de las condiciones particulares de cada establecimiento.
Recomiendan tomar muestras más profundas y repetir las mediciones
El INTA destacó la importancia de diseñar programas de monitoreo que permitan comparar los resultados a lo largo del tiempo.
Esto implica establecer una grilla de muestreo, mantener metodologías consistentes y determinar una frecuencia adecuada de evaluación.
Una de las recomendaciones centrales es incorporar muestras profundas para conocer hasta dónde se desplazan y acumulan las sales dentro del perfil del suelo.
“También es necesario tomar muestras a mayor profundidad para determinar hasta dónde llegan las sales dentro del perfil”, indicó Álvarez.
El seguimiento sistemático permitirá evaluar si las concentraciones observadas se mantienen, aumentan o disminuyen bajo diferentes condiciones climáticas y de manejo.
Riego enterrado: mantener la productividad sin descuidar la salud del suelo
Los resultados del INTA Manfredi aportan información sobre los efectos del riego por goteo enterrado después de doce años de utilización en cultivos extensivos.
La investigación encontró mayores concentraciones de sales solubles y sodio intercambiable respecto del sector de secano, pero no registró disminuciones de productividad en trigo, soja y maíz.
El estudio también mostró que las sales pueden desplazarse hacia la superficie, aun cuando el agua se aplica mediante emisores enterrados.
Estos resultados no permiten generalizar el comportamiento a todos los sistemas de riego, ya que corresponden a condiciones específicas de suelo, agua, clima y manejo.
La conclusión principal es que el monitoreo periódico del perfil debe formar parte de la gestión del riego, para detectar cambios químicos y evaluar medidas preventivas antes de que puedan comprometer los rendimientos agrícolas.










































