Un equipo del INTA San Luis y productores de la zona de Villa Mercedes determinó, tras varios ciclos de medición, que los sistemas con alfalfa acumulan hasta un 25 % más de carbono orgánico en suelos arenosos que los planteos de agricultura continua. Los resultados preliminares destacan el aporte de las raíces de esta pastura perenne para mejorar la sostenibilidad y la resiliencia productiva en ambientes semiáridos.
El estudio se desarrolló en la región semiárida central de la Argentina, donde la escasez de agua y la baja capacidad de retención de los suelos arenosos condicionan la producción agropecuaria.
Frente a esas limitaciones, los especialistas evaluaron la incorporación de pasturas perennes como una estrategia para aumentar las reservas de carbono, conservar el suelo y mejorar la estabilidad de los sistemas productivos.
La alfalfa acumuló 25 % más carbono
Las evaluaciones realizadas en suelos arenosos de Villa Mercedes compararon sistemas que incorporan alfalfa con planteos basados en agricultura continua.
Juan Cruz Colazo, investigador del INTA San Luis, explicó que, después de varios ciclos de seguimiento, los lotes con pasturas perennes presentaron una acumulación de carbono orgánico un 25 % superior.
La diferencia estaría relacionada principalmente con el sistema radicular de la alfalfa. A diferencia de los cultivos anuales, esta especie mantiene raíces activas durante períodos más prolongados y puede explorar capas más profundas del perfil.
“Esto se debería a la mayor contribución de sus raíces, tanto en profundidad como en el tiempo”, explicó Colazo.
El aporte permanente de raíces y residuos vegetales incrementa el ingreso de materia orgánica al suelo. Una parte de ese carbono puede quedar almacenada de forma relativamente estable dentro del perfil, en lugar de regresar rápidamente a la atmósfera como dióxido de carbono.
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Cómo los sistemas productivos pueden almacenar carbono
Durante la fotosíntesis, las plantas capturan dióxido de carbono de la atmósfera y lo transforman en biomasa. Parte de ese carbono se incorpora a tallos y hojas, mientras otra porción llega al suelo mediante las raíces, sus exudados y la descomposición de tejidos vegetales.
Colazo señaló que los sistemas agropecuarios pueden compensar parte de sus emisiones cuando logran remover carbono atmosférico y almacenarlo de manera estable en el suelo.
La capacidad de conservarlo depende de distintos factores, entre ellos la textura, el clima, la actividad biológica, la cobertura vegetal y la continuidad de las raíces vivas.
En los ambientes semiáridos, la incorporación de pasturas perennes permite mantener el suelo cubierto durante más tiempo y disminuir los períodos sin actividad vegetal que suelen presentarse en las rotaciones exclusivamente agrícolas.
Las emisiones de óxido nitroso se mantuvieron bajas
El equipo también midió las emisiones de óxido nitroso, uno de los principales gases de efecto invernadero vinculados con la actividad agropecuaria.
María Laura Guzmán, investigadora del INTA San Luis, indicó que los valores se mantuvieron bajos y no se encontraron diferencias significativas entre los tratamientos evaluados.
Según la especialista, las condiciones secas características de la región limitan los procesos microbianos responsables de generar y liberar este gas desde el suelo.
El dato resulta relevante porque permite analizar la incorporación de alfalfa no solo por su capacidad de almacenar carbono, sino también en relación con otras emisiones que integran el balance ambiental del sistema.
Una alternativa frente a la agricultura continua
Además de contribuir al secuestro de carbono, las raíces de la alfalfa pueden favorecer la estructura del suelo, la actividad biológica y el aprovechamiento del agua disponible.
Estas características adquieren especial importancia en los suelos arenosos, que presentan menor capacidad para retener humedad y materia orgánica y son más vulnerables a procesos de degradación.
La integración de pasturas también diversifica las rotaciones y reduce la dependencia de esquemas de agricultura continua. En establecimientos mixtos, la alfalfa puede aportar forraje para la producción ganadera y, al mismo tiempo, contribuir a la recuperación del suelo.
Sin embargo, los resultados difundidos por el INTA son preliminares. La continuidad de las mediciones será necesaria para determinar cuánto tiempo permanece almacenado el carbono y cómo responden los sistemas ante diferentes condiciones climáticas y productivas.
El objetivo final es avanzar hacia modelos de agricultura climáticamente inteligente que mantengan la productividad, aumenten la capacidad de adaptación frente a la variabilidad ambiental y conserven el recurso suelo.
Para Colazo, la incorporación de alfalfa puede fortalecer el papel de los sistemas semiáridos como sumideros de carbono y mejorar su resiliencia a largo plazo.






































