Con el inicio de una nueva campaña agrícola y la primavera cada vez más cerca, la Red de Carbono de Aapresid recomienda aprovechar este período para medir el carbono orgánico del suelo (COS), establecer una línea de base y evaluar cómo impactan las decisiones de manejo sobre la salud de cada lote. La metodología requiere diferenciar ambientes, tomar muestras a distintas profundidades, determinar la densidad aparente y mantener criterios uniformes para poder comparar los resultados a lo largo del tiempo.
El carbono orgánico del suelo se utiliza como uno de los principales indicadores para analizar el funcionamiento físico, químico y biológico del suelo.
Conocer su nivel y, sobre todo, seguir su evolución en el tiempo permite evaluar el efecto de las rotaciones, los cultivos de servicios, la nutrición y la siembra directa.
Desde la Red de Carbono de Aapresid señalan que el comienzo de la primavera representa una buena ventana para realizar el muestreo debido a la combinación de humedad adecuada en el perfil y menor actividad biológica asociada a las bajas temperaturas.
Por qué no alcanza con medir carbono una sola vez
La primera medición permite establecer lo que los especialistas denominan línea de base.
Ese valor funciona como punto de partida para observar si el manejo posterior mantiene, aumenta o reduce el stock de carbono presente en el suelo.
Por eso, el verdadero valor de la medición aparece cuando el análisis se repite periódicamente bajo condiciones comparables.
Desde la Red de Carbono recomiendan efectuar los nuevos muestreos siempre en una época similar del año, admitiendo desvíos de alrededor de 30 días, y utilizar intervalos que pueden coincidir con la duración de la rotación agrícola.
De esta forma, es posible construir la historia del lote y evitar interpretar como tendencia lo que podría ser solamente una variación puntual.
Paso 1: definir los ambientes dentro del lote
Antes de ingresar con el barreno, el primer trabajo consiste en dividir el establecimiento o lote en ambientes relativamente homogéneos.
Para hacerlo deben considerarse variables como:
- tipo de suelo;
- relieve;
- textura;
- cobertura;
- historial de manejo.
El objetivo es evitar mezclar en una misma muestra sectores que tienen características productivas o edáficas claramente diferentes.
Cada ambiente deberá tener posteriormente su propio recorrido de muestreo.
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Paso 2: preparar los materiales
Entre los elementos necesarios para realizar el trabajo a campo, Aapresid enumera:
- barreno tubular de aproximadamente un metro;
- maza antirrebote;
- bolsas plásticas transparentes;
- balde limpio;
- materiales para identificar correctamente las muestras.
También se necesitan herramientas para determinar la densidad aparente (DAP), un dato indispensable para calcular posteriormente la reserva de carbono.
Para ello pueden utilizarse cilindros metálicos tipo anillo, de entre 5 y 10 centímetros de diámetro y con filo interior, o un barreno tubular adecuado.
Paso 3: elegir cómo recorrer el ambiente
Una vez delimitadas las zonas homogéneas, debe definirse el recorrido de muestreo.
La Red de Carbono menciona dos posibilidades principales: muestreo sistemático o por estaciones.
El método sistemático es uno de los más sencillos.
Consiste en recorrer el ambiente siguiendo un esquema tipo zigzag o “banda griega”, tomando aproximadamente 25 submuestras o “piques”.
El material obtenido en esos puntos se utiliza posteriormente para formar una muestra compuesta representativa del ambiente.
Paso 4: tomar muestras a tres profundidades
En los lotes agrícolas, cada punto debe muestrearse en tres estratos:
- 0 a 10 centímetros;
- 10 a 30 centímetros;
- 30 a 50 centímetros.
En sistemas forestales o con cultivos perennes se agrega una cuarta profundidad, correspondiente al segmento de 50 a 100 centímetros.
Antes de introducir el barreno debe retirarse la broza superficial.
También se recomienda evitar lugares que puedan distorsionar el resultado, como huellas de tránsito, sectores con excretas, cercanías de alambrados o zonas de riego.
Paso 5: medir también la densidad aparente
La determinación del carbono no termina con la muestra enviada al laboratorio.
En cada sitio en el que se realiza una extracción para COS también debe obtenerse información de densidad aparente.
Para ello, en el centro de las franjas correspondientes a 0-10 y 10-30 centímetros debe introducirse verticalmente el cilindro metálico.
Luego se excava alrededor, se enrasa el volumen de suelo y se retira cuidadosamente.
Este dato permitirá posteriormente transformar el porcentaje de carbono informado por el laboratorio en una estimación de la cantidad almacenada en el suelo.
Paso 6: conservar e identificar correctamente las muestras
Todo el material recolectado debe colocarse en bolsas plásticas cerradas y correctamente rotuladas.
Las muestras destinadas al análisis de carbono orgánico deben mantenerse refrigeradas cuando el envío al laboratorio vaya a realizarse inmediatamente.
Las muestras para densidad aparente, en cambio, deben ser secadas en estufa a 105 °C hasta alcanzar un peso constante.
La correcta identificación de cada bolsa resulta fundamental para relacionar posteriormente el resultado con ambiente, profundidad y punto de muestreo.
Paso 7: elegir el laboratorio y mantener la metodología
La Red de Carbono recomienda enviar las muestras a un laboratorio acreditado en el SAMLA y con certificación PROINSA.
También considera fundamental trabajar, en la medida de lo posible, siempre con el mismo laboratorio y el mismo método de análisis.
La razón es evitar que diferencias metodológicas introduzcan variaciones que luego puedan confundirse con cambios reales en el suelo.
El laboratorio entrega el resultado de COS expresado como porcentaje de carbono, es decir, la cantidad de carbono presente cada 100 kilos de suelo.
Cómo se calcula la reserva de carbono
Para conocer el stock de carbono del suelo no alcanza con observar el porcentaje informado por el laboratorio.
El cálculo debe integrar tres variables:
porcentaje de carbono + profundidad analizada + densidad aparente del suelo.
La combinación de esos datos permite estimar la reserva existente en cada estrato del perfil.
De allí la importancia de que el muestreo de densidad aparente se realice junto con la extracción destinada a determinar carbono.
La clave es volver a medir
Desde Aapresid enfatizan que un resultado aislado solo establece el punto de partida.
El objetivo es construir una serie que permita determinar si las prácticas agronómicas adoptadas generan cambios en el stock de carbono.
Rotaciones, incorporación de cultivos de servicios, nutrición y diferentes estrategias de manejo pueden evaluarse de esta forma sobre una base cuantificable.
Mantener época, metodología, laboratorio y criterios de muestreo mejora la comparabilidad entre campañas.
Un protocolo común para productores y asesores
Para facilitar el procedimiento, la Red de Carbono de Aapresid dispone de un tutorial específico de muestreo y de un Protocolo para la medición del Carbono Orgánico del Suelo, desarrollado junto con la Asociación Argentina de la Ciencia del Suelo (AACS) y CREA.
Desde la entidad señalaron que el protocolo atravesó distintos testeos a campo y continúa en revisión, por lo que podrá incorporar ajustes a medida que avance la experiencia.
Con la nueva campaña en el horizonte, la recomendación apunta a aprovechar la próxima ventana de muestreo para establecer una línea de base confiable y comenzar a construir información propia de cada lote. El dato más valioso no será solamente cuánto carbono tiene hoy el suelo, sino cómo cambia con los años frente a las decisiones de manejo.








































