La colza, la carinata, la camelina y los cultivos de servicio ganan terreno como herramientas para mejorar la rentabilidad, diversificar las rotaciones y potenciar la sustentabilidad de los sistemas productivos. En A Todo Trigo 2026, especialistas del INTA, FAUBA y la UNMdP compartieron recomendaciones clave de manejo y destacaron su aporte al rendimiento y al cuidado del suelo.
Los cultivos de servicio, energéticos y oleaginosos de invierno dejaron de ser una alternativa marginal para transformarse en una pieza estratégica dentro de los esquemas agrícolas. En el marco de A Todo Trigo 2026, especialistas coincidieron en que especies como colza, carinata y camelina no compiten con el trigo, sino que complementan las rotaciones y permiten construir sistemas más eficientes y sustentables.
Leonardo Coll, especialista del INTA Paraná, explicó que tanto la colza como la carinata ofrecen oportunidades concretas para diversificar las secuencias agrícolas y mejorar la estabilidad productiva. “Nunca estamos hablando de competir con cultivos de trigo”, aclaró, al remarcar que estas especies permiten sumar alternativas comerciales y agronómicas.
Uno de los puntos centrales del manejo es la fecha de implantación. Según Coll, los retrasos en la siembra generan pérdidas de rendimiento, especialmente en variedades de ciclo largo. Además, advirtió que existe una fuerte interacción entre ambiente y cultivar, por lo que la elección del material debe ajustarse a cada situación productiva.
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El técnico también remarcó la importancia de seleccionar lotes fértiles, sin riesgo de anegamiento y libres de residuos de herbicidas, especialmente del grupo ALS, debido a la alta sensibilidad de la colza. En materia de siembra, recomendó no superar los tres centímetros de profundidad para lograr una rápida emergencia y mejorar la competencia frente a las malezas.
Respecto de la nutrición, sostuvo que tanto la colza como la carinata son cultivos muy demandantes de azufre y sugirió aplicar entre 20 y 30 kilos por hectárea utilizando la fuente más económica disponible. Como mensaje final, insistió en que la planificación anticipada es determinante para lograr una implantación exitosa y ubicar correctamente el período crítico del cultivo.
Por su parte, Daniela Becheran, investigadora de la Facultad de Agronomía de la UBA, puso el foco en la camelina, un cultivo oleaginoso orientado a la producción de biodiésel de alta calidad que todavía se encuentra en una etapa inicial de desarrollo en Argentina.
La especialista destacó que una de las principales ventajas de la camelina es su ciclo corto, lo que le permite insertarse entre cultivos y reemplazar el barbecho invernal. Ese aporte genera beneficios agronómicos adicionales, como la reducción de malezas y la entrega de lotes más limpios para el cultivo siguiente.
Becheran señaló que, al igual que ocurre con la colza y la carinata, la planificación es clave para evitar problemas de implantación. Recomendó elegir lotes sin residuos de herbicidas y sin riesgo de inundación, además de reducir la distancia entre hileras para favorecer el cierre temprano del cultivo, que en sus primeras etapas presenta baja competitividad frente a las malezas.
En cuanto a la densidad de siembra, sugirió trabajar entre 10 y 15 kilos por hectárea. Además, explicó que la viabilidad económica y agronómica de la camelina depende de variables como el rendimiento, la generación de biomasa, la eficiencia en el uso del nitrógeno y la calidad final obtenida.
El cierre de la jornada estuvo a cargo de Walter Carciochi, de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Mar del Plata, quien presentó resultados concretos sobre el impacto de los cultivos de servicio en los sistemas agrícolas.
El especialista afirmó que el primer paso es definir qué servicio ecosistémico se busca obtener para elegir correctamente la especie a implantar. También destacó la necesidad de ajustar el manejo del nitrógeno según el cultivo de servicio y el momento de terminación para maximizar la eficiencia y el rendimiento de los cultivos posteriores.
Entre los resultados presentados, Carciochi señaló que la inclusión de vicia antes del maíz puede resultar rentable en ambientes con buena disponibilidad hídrica y respuesta positiva al nitrógeno, especialmente en años húmedos. Sin embargo, aclaró que en soja no se observaron mejoras significativas de rendimiento debido a la sustitución de fuentes nitrogenadas.
Más allá de los números inmediatos, el especialista remarcó que el verdadero impacto de los cultivos de servicio debe analizarse en el mediano y largo plazo, considerando no sólo la productividad sino también la salud del suelo y la sustentabilidad integral de los sistemas agrícolas.
Fuente: Prensa A Todo Trigo









































