En uno de los primeros paneles del congreso A Todo Trigo 2026, referentes de la producción, exportación, comercio y molinería coincidieron en un mensaje: Argentina tiene oportunidades concretas en el mercado internacional, pero necesita previsibilidad, calidad y condiciones estables para crecer.
Desde la producción y la exportación hasta la industria molinera, el diagnóstico fue unánime: Argentina cuenta con una oportunidad concreta para consolidarse en el mercado mundial, pero para capitalizarla necesita previsibilidad, estabilidad y una estrategia de largo plazo.
Argentina compite con “subsidios negativos”
El encargado de abrir el análisis internacional fue Maximiliano Moreno, quien planteó un dato que marcó el tono del panel.
Según explicó, mientras gran parte del mundo sostiene políticas activas de apoyo a su agroindustria, Argentina continúa en una situación desventajosa.
“El promedio mundial de apoyo al agro es del 9%; en los países de la OCDE supera el 13%; mientras que Argentina está en -11,9%”, sostuvo.
Pese a esa situación, remarcó una mejora frente a períodos anteriores en los que el indicador llegó a niveles cercanos al -30%.
Además, advirtió que la inserción comercial argentina continúa siendo limitada frente a sus competidores directos.
Mientras otros países poseen acuerdos equivalentes a entre el 40% y el 60% del PBI mundial, Argentina apenas alcanza entre el 6% y el 8%. Sin embargo, destacó que el país mantiene una posición estratégica:
“Argentina es el décimo exportador mundial y el tercer exportador neto de trigo”.
El mundo cambia y la demanda busca proveedores confiables
Las tensiones geopolíticas, la disputa comercial entre China y Estados Unidos y las nuevas estrategias de abastecimiento global están modificando el comercio internacional.
Moreno advirtió que el escenario futuro será cada vez más proteccionista y desafiante.
“El 45% de los subsidios agrícolas del mundo los explica China”, afirmó.
En ese contexto, la confiabilidad del proveedor y la competitividad serán factores decisivos para capturar nuevas oportunidades comerciales.
La proteína gana protagonismo y abre nuevos mercados
Desde el sector exportador, Facundo Fontán puso el foco en la calidad del producto argentino y especialmente en el valor de la proteína.
“Estamos abriendo nuevos negocios y el mensaje tiene que ser claro: la proteína vale”, sostuvo.
La última campaña permitió alcanzar exportaciones récord y consolidar mercados estratégicos como Vietnam, Indonesia, Brasil y distintos destinos africanos.
La calidad ya comenzó a tener un reconocimiento económico concreto. En algunos casos, Brasil llegó a pagar primas de entre 20 y 30 dólares por tonelada para lotes con mayores niveles proteicos.
Por su parte, Dominic Ovejero señaló perspectivas alentadoras para el mercado mundial.
Las proyecciones indican una caída en la producción australiana y una mayor necesidad de importaciones brasileñas, reduciendo la sobreoferta global.
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“Hoy ya no hablamos de un mercado sobrante de trigo”, fue una de las conclusiones compartidas durante el panel.
La molinería pide fortalecer el mercado interno
El presidente de Federación Argentina de la Industria Molinera, Diego Cifarelli, remarcó que una industria fuerte resulta clave para sostener toda la cadena.
“La producción argentina necesita una molinería fuerte. Y esto no es corporativo, es estratégico”, afirmó.
Actualmente, la capacidad instalada permite moler hasta 13 millones de toneladas anuales, aunque el sector trabaja con volúmenes cercanos a las 6,5 o 7 millones.
Además, alertó sobre los elevados niveles de informalidad dentro de la actividad y estimó pérdidas cercanas a los 400 millones de dólares por evasión.
Calidad y previsibilidad: el reclamo que unificó a toda la cadena
El cierre dejó un mensaje compartido entre todos los participantes.
El presidente de la Federación de Acopiadores, Fernando Rivara, insistió en la necesidad de generar reglas estables que premien la calidad de manera permanente.
“Si la proteína se bonifica, tiene que bonificarse siempre, no solamente cuando falta trigo”, señaló.
El escenario internacional ofrece oportunidades concretas por la menor oferta global y el crecimiento de la demanda en regiones como África, Medio Oriente y el sudeste asiático.
Sin embargo, el mensaje que atravesó todo el debate fue claro: sin competitividad, previsibilidad y continuidad, el potencial argentino podría volver a quedar a mitad de camino.









































