Colza, cártamo y camelina en ocho provincias. El programa de Agricultura Regenerativa de la compañía triplicó su superficie y apunta a duplicarla en la próxima campaña.
Bunge alcanzó las 90.000 hectáreas sembradas con cultivos de baja huella de carbono en Argentina, distribuidas en más de 1.000 lotes a lo largo de ocho provincias. El aceite producido entre diciembre y enero ya llegó a Europa, donde se utilizará en la fabricación de biocombustibles de segunda generación.
El resultado triplica el volumen de la campaña anterior y consolida a la compañía como referente en agricultura regenerativa orientada a la descarbonización del sector energético.
Tres cultivos, ocho provincias, un objetivo
El programa trabaja con tres oleaginosas: colza, cártamo y camelina, cada una con distintas posibilidades genéticas y adaptadas a diferentes regiones y rotaciones. La colza es el cultivo más desarrollado del esquema y ya cuenta con nueve híbridos con características diferenciadas, algunos importados desde Alemania.
Todos estos cultivos se implantan en reemplazo de barbechos, es decir, en períodos en que el suelo permanecería improductivo. De esta forma actúan como “puentes verdes con cosecha”: aportan carbono al suelo y generan un ingreso adicional para el productor sin desplazar cultivos tradicionales.
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Certificación de emisiones al más alto nivel
Jorge Bassi, Director de Marketing y Nuevos Negocios de Bunge, explicó que todos los cultivos del programa obtuvieron los mejores certificados de emisiones de carbono. En algunos casos, se comprobó incluso fijación neta de carbono y efectos positivos sobre el ambiente.
Para lograrlo, se realizó un extenso trabajo de campo que incluyó muestreos de suelo, análisis de contenido de carbono y mapeo de nutrientes. Esa información sirve tanto para la certificación de emisiones como para mejorar el manejo en futuras campañas.
Alianzas estratégicas y genética de punta
Para escalar el programa, Bunge avanzó en alianzas clave. En camelina, invirtió junto a Chevron en Chacraservicios, una empresa local con genética propia. En cártamo, trabaja con semillas provenientes de Norteamérica y mantiene acuerdos de investigación para el desarrollo de nueva genética.
La próxima campaña: duplicar la superficie
Bassi anticipó que las expectativas para la campaña entrante apuntan a duplicar las áreas y la producción. El crecimiento, según explicó, se sostiene en la combinación de buena genética, asesoramiento técnico preciso y márgenes atractivos para el productor.
Más allá del negocio, el impacto a nivel país es concreto: mayor producción agrícola, más fijación de carbono en los suelos y agregado de valor local, ya que los cultivos se transforman en aceite dentro del país y las harinas resultantes se destinan a la alimentación animal.
Fuente: Bunge









































