Sarna ovina: las medidas clave para detectar y frenar los contagios

Majada de ovinos en la estepa patagónica, imagen vinculada con las medidas de prevención y control de la sarna ovina.
El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria reforzó el 29 de julio las medidas de prevención, detección y erradicación de la sarna ovina que deben aplicar los productores de la Patagonia durante la temporada de esquila. El objetivo es detectar tempranamente los animales infestados, cortar las vías de transmisión y evitar que la enfermedad ingrese en provincias y departamentos que conservan el estatus sanitario de libres.

La sarna ovina vuelve a encender alertas en la Patagonia

La sarna ovina continúa siendo una de las enfermedades parasitarias de mayor impacto económico para la producción de lana y carne en la Patagonia.

La enfermedad provoca pérdidas de vellón, deterioro del estado corporal, menor productividad y mayores gastos sanitarios. Además, su elevada capacidad de transmisión obliga a coordinar las acciones entre establecimientos y provincias.

Santa Cruz y Tierra del Fuego mantienen la condición de provincias libres de esta ectoparasitosis, mientras que Chubut desarrolla acciones de lucha para sostener su situación sanitaria. La enfermedad sigue generando preocupación principalmente en Río Negro, Neuquén, Buenos Aires y algunos departamentos chubutenses.

En este contexto, el SENASA señaló que la temporada de esquila representa una instancia decisiva para revisar la totalidad de las majadas y aplicar medidas de higiene sobre la ropa, las herramientas y los equipos que se trasladan entre establecimientos.

Cuáles son los principales síntomas

Los animales infestados pueden presentar caída de lana, costras sobre distintas partes del cuerpo y prurito intenso.

El productor también debe observar cambios en el comportamiento habitual de las ovejas. El rascado repetido, las mordidas sobre el propio cuerpo, las patadas y un estado permanente de molestia pueden advertir la presencia de la enfermedad.

Uno de los primeros signos que puede encontrarse al tacto es el denominado “granito”, una pequeña vesícula rodeada por una coloración verdosa o azulada de la piel.

Cuando la infestación está más avanzada, pueden aparecer zonas sin lana, costras amarillentas y sectores de piel engrosada o “acartonada”. También pueden observarse ácaros en las fosas nasales, la región perianal y los espacios interdigitales.

Revisar toda la majada al menos dos veces al año

El SENASA recomendó inspeccionar la totalidad de los animales, como mínimo, dos veces por año.

La esquila constituye uno de los momentos más adecuados para realizar esta tarea porque permite reunir, contar y observar individualmente a todos los integrantes de la majada.

La revisión debe comenzar a distancia, desde el potrero o el corral, sin alterar el comportamiento habitual de los animales. Esta primera observación permite identificar ejemplares que se rascan, se muerden o muestran signos de incomodidad.

Cuando se detecta un comportamiento anormal, el animal debe revisarse de manera individual para buscar lesiones, pérdida de lana, costras o alteraciones en la piel.

La detección temprana resulta clave para evitar que un foco se extienda dentro del establecimiento o alcance campos vecinos.


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La ropa y las herramientas pueden trasladar la enfermedad

La sarna puede propagarse mediante el contacto entre animales, pero también a través de indumentaria, máquinas, peines, cortantes y otros elementos utilizados durante la esquila.

El riesgo aumenta cuando las comparsas o los equipos de trabajo recorren diferentes establecimientos sin realizar una limpieza y desinfección adecuada entre un campo y otro.

Antes de comenzar las tareas, todos los implementos deben lavarse y desinfectarse correctamente. El procedimiento también debe aplicarse sobre la indumentaria utilizada por los esquiladores y otros trabajadores.

Para la ropa, el protocolo difundido por el SENASA indica realizar una aspersión completa con una solución de cipermetrina al 20 %, preparada en una proporción de 1 mililitro por litro de agua. El organismo remarcó que deben respetarse estrictamente las instrucciones y precauciones incluidas en el rótulo del producto.

Cómo completar el lavado de la indumentaria

Después de aplicar la solución, la ropa debe enjuagarse dos veces antes del lavado definitivo.

El procedimiento puede realizarse en una bañera con agua y detergente o mediante una manguera. El SENASA advirtió que la tarea no debe efectuarse en lugares donde circulen habitualmente personas o animales domésticos.

Posteriormente, las prendas deben lavarse con un detergente fuerte, sin mezclarlas con ropa que no haya recibido el mismo tratamiento.

El organismo recomendó utilizar abundante agua caliente, a una temperatura mínima de 60 °C, para retirar los residuos del producto y evitar colocar demasiadas prendas en una misma carga.

Finalmente, la ropa debe enjuagarse nuevamente y dejarse secar al aire libre.

Qué debe hacer el productor ante una sospecha

Cuando se detectan animales con síntomas compatibles con sarna, el productor debe notificar inmediatamente al SENASA.

La comunicación puede realizarse de manera presencial o telefónica en la oficina más cercana, mediante el correo oficial de notificaciones o a través del formulario disponible en el sitio del organismo.

El aviso permite coordinar la inspección y definir el tratamiento sanitario correspondiente. La intervención no debe limitarse a los animales que presentan lesiones visibles.

Para alcanzar una eficacia total, el tratamiento debe abarcar al 100 % de la majada y realizarse con productos veterinarios autorizados por el organismo sanitario nacional.

El baño por inmersión es el método de erradicación

El SENASA indicó que el baño por inmersión es actualmente el método disponible para erradicar la enfermedad.

El procedimiento debe realizarse bajo la supervisión de un veterinario oficial del Servicio y requiere una preparación precisa del bañadero.

Antes de iniciar el tratamiento se debe determinar la cubicación, es decir, el volumen real de agua que contiene la instalación. También deben controlarse la concentración inicial, la reposición del líquido y los refuerzos del producto a medida que ingresan los animales.

Una dosificación incorrecta, un tiempo insuficiente de inmersión o el tratamiento parcial de la majada pueden reducir la eficacia y permitir que la enfermedad permanezca dentro del establecimiento.

Por ese motivo, los productores no deben aplicar tratamientos de erradicación sin coordinación con el SENASA y el asesoramiento veterinario correspondiente.

Los alambrados también forman parte de la prevención

El ingreso de animales provenientes de campos vecinos constituye otra de las vías posibles de introducción de la sarna.

El organismo recomendó revisar periódicamente los alambrados perimetrales y reparar rápidamente roturas, sectores caídos o lugares por los que puedan cruzarse ovinos.

La integridad de los límites del establecimiento permite reducir el contacto entre majadas de diferente origen y evita el ingreso de animales cuyo estado sanitario se desconoce.

También resulta necesario mantener un registro actualizado de los movimientos, controlar los animales incorporados y evitar que ejemplares sin inspección sanitaria ingresen directamente a la majada general.

La prevención depende de toda la cadena ovina

La lucha contra la sarna no termina con el tratamiento de un establecimiento afectado. La movilidad de animales, trabajadores y equipos exige una estrategia coordinada entre productores, esquiladores, veterinarios y autoridades sanitarias.

Durante la temporada de esquila, la inspección completa de la majada, la desinfección de la ropa y las herramientas y la notificación inmediata de cualquier sospecha son las principales barreras para limitar nuevos focos.

El desafío sanitario resulta especialmente relevante para proteger a Santa Cruz, Tierra del Fuego y las demás zonas que sostienen condiciones favorables frente a la enfermedad.

La detección temprana y el tratamiento de todos los animales permiten reducir las pérdidas productivas y evitar que la sarna vuelva a instalarse en áreas donde había sido controlada.

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