La soja perdió el trono del aceite y el girasol se quedó con las inversiones más grandes de la década

Extenso cultivo de girasol en floración al atardecer, representando el crecimiento de la producción de oleaginosas y la expansión de la industria aceitera orientada a la exportación.
El girasol dejó de ser el cultivo secundario del agro argentino. Con el área casi duplicada en diez años —de 1,4 a 3,2 millones de hectáreas— y exportaciones que en 2026 podrían superar los 5 millones de toneladas del complejo, las grandes aceiteras están apostando por esta oleaginosa con inversiones que no se veían desde hace una década, mientras la soja muestra signos de estancamiento.

El cambio de tendencia tiene una explicación concreta: la industria aceitera entendió que el negocio del futuro no pasa por la harina proteica sino por el aceite. Y ahí el girasol tiene una ventaja estructural sobre la soja: mientras del poroto se extrae apenas un 20% de aceite, las oleaginosas soft como el girasol, la colza, la carinata y la camelina superan el 40%.

Ese razonamiento está detrás de una oleada de inversiones que no tiene precedentes recientes. Molinos Agro reacondicionó su planta para procesar girasol. Louis Dreyfus Company actualizó su instalación en el Up River para operar con múltiples productos —girasol, colza, carinata— y acaba de anunciar una nueva planta en Bahía Blanca con una inversión de 400 millones de dólares y capacidad de molienda de hasta 4.000 toneladas diarias, que se ubicará entre las mayores del mundo en su tipo.


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Los números de la campaña 2025/26 explican el entusiasmo. La producción de girasol más que se duplicó en diez años, de 3 a 7,4 millones de toneladas. Las exportaciones de aceite ya suman 914.000 toneladas anotadas al 5 de junio —un volumen que hasta hace pocas campañas correspondía a un año completo— y Argentina está desplazando a Ucrania como principal proveedor de aceite de girasol a la India. Con estos ritmos, el complejo podría cerrar 2026 con más de 5 millones de toneladas exportadas, contra 3,3 millones en la campaña anterior.

El punto de partida del fenómeno está en el productor. La sequía y la aparición de la chicharrita en el maíz empujaron a muchos agricultores a reconvertir lotes hacia el girasol, un cultivo que volvió a zonas donde hacía años no se sembraba y que encontró en el norte del país condiciones climáticas favorables para consolidar su expansión.

La soja, en tanto, lleva años sin grandes inversiones industriales. Su producción alcanzó un pico en la campaña 2015/16 y desde entonces muestra un sostenido estancamiento. El contraste con el dinamismo inversor que genera el girasol marca, según los analistas del sector, un posible punto de inflexión en la matriz oleaginosa argentina: el aceite como driver, y el girasol como su principal protagonista.

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