Maíz, soja, trigo y girasol: las decisiones que pueden achicar las brechas de rendimiento

Especialistas analizan genética, edición génica y manejo de cultivos para reducir brechas de rendimiento en el Congreso Aapresid 2026.
Híbridos de trigo, edición génica, nuevos materiales y una selección más precisa de genotipos, fechas de siembra y densidades aparecen entre las herramientas con mayor potencial para aumentar los rendimientos de los principales cultivos argentinos. Especialistas de FAUBA, Conicet y UNLPam analizaron estas tendencias durante el Congreso Aapresid 2026, en Rosario, y advirtieron que en maíz la brecha entre los rindes actuales y alcanzables todavía se ubica entre 45% y 48%.

Las tecnologías que podrían modificar el manejo del trigo y las decisiones necesarias para reducir las brechas productivas de maíz, soja y girasol ocuparon parte de la agenda técnica de la última edición del Congreso Aapresid 2026 con la fuerza de Expoagro.

Los especialistas coincidieron en que parte de las mejoras futuras llegará de la genética, pero otra proporción importante dependerá de decisiones agronómicas que en muchos casos no implican mayores costos.

Los híbridos de trigo vuelven a entrar en discusión

Daniel Miralles, investigador de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA) y especialista en cereales, repasó algunas de las tecnologías que actualmente se discuten para el futuro del trigo.

Durante el panel “Antes de que sea tendencia: ¿Qué desafíos anticipamos para el trigo y cómo lo transformamos en genética adaptada?”, Miralles recuperó algunos de los debates planteados recientemente en el Congreso Internacional de Trigo realizado en Bologna, Italia.

Uno de ellos es el posible avance de los trigos híbridos, una tecnología que Argentina ya conoció durante las décadas de 1980 y 1990.

“Tuvimos cuatro híbridos comercializados pero eran muy costosos. En esa época no era barato hacer la androesterilidad. Ahora seguramente serán más económicos y de eso dependerá su adopción en el país”, explicó.

Entre sus ventajas mencionó una mayor expresión del vigor híbrido, sistemas de raíces más profundos, mayor capacidad de macollaje y un potencial productivo superior.

La contracara es que, como ocurre con otros cultivos híbridos, el productor no puede reservar la semilla para volver a utilizarla y debe adquirirla nuevamente en cada campaña.

La edición génica abre nuevas posibilidades en trigo

Otro de los avances analizados fue la edición génica.

Miralles explicó que, aunque todavía no existe un único gen identificado como responsable del rendimiento, la reducción de los costos de genotipado permitió secuenciar completamente el genoma del trigo y avanzar en la identificación de características vinculadas con la productividad.

Entre ellas mencionó genes relacionados con la supervivencia floral, el número de granos y la fenología.

El conocimiento detallado del genoma abre así la posibilidad de desarrollar materiales mejor adaptados a determinadas condiciones productivas y ambientales.

Trigos BNI y una nueva estrategia para el nitrógeno

El especialista también puso el foco sobre los denominados trigos BNI, otra de las líneas de investigación observadas por el sector.

Según explicó Miralles, estos materiales incorporan una característica proveniente de centeno silvestre que modifica la dinámica del nitrógeno en el sistema.

“Es como una urea de liberación lenta, pero metida en el cultivo”, graficó.

La tecnología apunta a lograr un aprovechamiento más gradual del nitrógeno durante el ciclo y aparece dentro de una agenda que busca combinar mayores rendimientos con una utilización más eficiente de los nutrientes.


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El maíz mantiene una brecha de hasta 48%

La discusión pasó luego de las tecnologías emergentes a un problema más inmediato: cuánto rendimiento está dejando de capturar actualmente la agricultura argentina.

Octavio Caviglia, investigador del Conicet, sostuvo durante el panel “Brechas de rendimiento en cultivos de verano” que el maíz presenta actualmente una brecha de entre 45% y 48%.

Entre las principales causas señaló la nutrición, el deterioro de la calidad fisicoquímica de los suelos, la sanidad y protección del cultivo y la interacción entre fecha de siembra, híbrido y densidad.

Para el investigador, la elección genética adquiere especial importancia debido a la variabilidad de los ambientes productivos argentinos.

“El ambiente en Argentina es, muchas veces, poco predecible”, explicó.

Elegir el genotipo adecuado puede marcar diferencias

Caviglia advirtió que no todos los híbridos responden de la misma manera frente a una mejora o deterioro de las condiciones ambientales.

Una genética con una espiga poco flexible puede tener menor capacidad de aumentar el número de granos ante un ambiente favorable, mientras que otros materiales pueden responder mediante una segunda espiga, una mayor flexibilidad de la espiga principal o un incremento del peso de los granos.

Por eso, la elección del genotipo debería formar parte de una estrategia integrada con el ambiente, la fecha de siembra y la densidad.

Y varias de esas decisiones tienen una característica particularmente relevante desde el punto de vista económico: no necesariamente aumentan el costo de producción.

“El híbrido puede tener un precio distinto, pero la elección de una u otra fecha de siembra, o la densidad, cuestan lo mismo. Y son decisiones que tienen mucho impacto en el cierre de brechas”, afirmó.

Rotación y salud del suelo, variables todavía subexploradas

Diego Rotili, investigador de la Universidad Nacional de La Pampa (UNLPam), amplió el análisis hacia variables de manejo de mediano y largo plazo.

Según sostuvo, aspectos como la rotación, el cultivo antecesor y la salud del suelo todavía están subexplorados a la hora de explicar tanto las brechas como el potencial de rendimiento.

“Eso ha sido muy poco estudiado y por lo tanto son cosas que no sabemos, pero seguramente tengan una injerencia fuerte”, señaló.

La advertencia implica que una parte de las mejoras futuras podría depender no solamente de las decisiones tomadas dentro de una campaña, sino también de la historia productiva de cada lote.

En soja, la fecha de siembra aparece como factor central

Para el caso de la soja, Rotili identificó a la fecha de siembra como el principal factor asociado con las brechas de rendimiento a escala nacional.

A esa variable se suman la rotación, la nutrición y la protección del cultivo, especialmente cuando se analiza el comportamiento del sistema a largo plazo.

La interacción entre estos factores puede determinar cuánto del potencial productivo de cada ambiente termina efectivamente transformándose en rendimiento cosechado.

Qué determina el rendimiento del girasol

El girasol presenta una combinación diferente de variables.

Según Rotili, entre los factores que muestran mayor influencia aparecen el cultivo antecesor, la fecha de siembra y la nutrición.

La evidencia presentada durante el Congreso refuerza así una idea central: no existe una única tecnología capaz de cerrar las brechas productivas.

Mientras el trigo comienza a discutir nuevamente el potencial de los híbridos, la edición génica y materiales con nuevas características fisiológicas, en los cultivos de verano todavía existe un amplio margen para producir más mediante una mejor combinación de genética, ambiente y decisiones de manejo.

En ese escenario, la reducción de las brechas no dependerá exclusivamente de tecnologías futuras. Parte del rendimiento adicional podría surgir de ajustar decisiones que los productores ya toman cada campaña y que, en algunos casos, no requieren incrementar la inversión por hectárea.

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