220 dólares por hectárea de diferencia: por qué la nutrición es la clave para que el trigo y la cebada exploten esta campaña

Espigas de trigo maduras en campo argentino bajo cielo despejado, representando la producción de cereal y la campaña agrícola
Con perfiles de suelo cargados al 80 y 100% de agua útil en gran parte del país, Fertilizar Asociación Civil lanzó una advertencia clara para la siembra de trigo y cebada: cuando el agua deja de ser el limitante, la nutrición pasa a ser la variable que define el rendimiento, la calidad y la rentabilidad de la campaña.

La humedad no va a ser el problema esta campaña. Los perfiles de suelo muestran condiciones hídricas excepcionales en la mayoría de las zonas productivas del país, lo que abre la puerta a una campaña fina 2026 con potencial de récord. Pero desde Fertilizar AC fueron contundentes: sin una fertilización balanceada y basada en diagnóstico de suelo, ese potencial se va a desperdiciar. “Hoy la humedad no va a ser la limitante y la campaña dependerá de la ‘IA’: la ingeniería agronómica que apliquemos”, afirmó María Fernanda González Sanjuan, gerente ejecutiva de la entidad.


Suelos agotados en medio de la mejor condición hídrica en años

La paradoja de esta campaña es llamativa. Las lluvias abundantes de los últimos meses y las cosechas récord de trigo y maíz generaron un doble efecto negativo sobre los nutrientes del suelo: mayor lixiviación y mayor extracción. El resultado es un suelo húmedo pero nutricionalmente empobrecido, una combinación que puede volverse en contra si no se actúa a tiempo.

Desde Fertilizar AC insistieron en que las deficiencias nutricionales van a limitar el crecimiento, la generación de biomasa y la formación de granos, desaprovechando el potencial productivo que ofrece la campaña. El nitrógeno, el fósforo, el azufre y los micronutrientes son los nutrientes clave que el productor debe revisar antes de sembrar.

Rotondaro, Gonzalez Sanjuan, Ciarrlo y Prystupa

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El análisis de suelo: 5 dólares que pueden valer 220

Uno de los datos más impactantes de la presentación fue el análisis económico que mostró Esteban Ciarlo, coordinador técnico de Fertilizar AC. En un lote de trigo con un rendimiento esperado de 3.000 kg/ha sin fertilizar y un potencial de 5.000 kg/ha con aplicación de nitrógeno, la diferencia entre medir y fertilizar frente a no hacerlo alcanza los 220 dólares por hectárea.

El costo del diagnóstico —muestreo y análisis de suelo— es de apenas 5 dólares por hectárea. “No reviste discusión el costo del análisis”, sentenció Ciarlo.

Sin embargo, la adopción de esta herramienta sigue siendo baja. Según los últimos relevamientos del RETAA para trigo en la campaña 2023/24, apenas el 25% de los productores realiza análisis de suelo antes de sembrar.


La relación insumo-producto sigue siendo favorable

A pesar del aumento de costos generado por el conflicto internacional, fertilizar sigue siendo negocio. La relación actual requiere 8,9 kg de trigo para comprar 1 kg de nitrógeno —contra 6,3 kg antes del conflicto—, pero cada kilo de nitrógeno aplicado genera en promedio 20 kg de trigo. En fósforo, la respuesta media es de 50 kg de grano por kilo aplicado, más del doble del costo del nutriente.

En números concretos, con un precio de trigo de 230 dólares por tonelada y urea en torno a los 940 dólares, pasar de dosis promedio a dosis optimizadas puede generar un aumento del margen bruto del orden del 25% según la zona productiva.

Ciarlo fue directo: “En un contexto de costos fijos elevados, es importante analizar la fertilización como la inversión estratégica que nos garantiza el retorno económico y hace viable la siembra de trigo y cebada en 2026”.


Cebada cervecera: fertilizar para la proteína, no para el rendimiento

En el caso de la cebada cervecera, el manejo es diferente al trigo. Pablo Prystupa, de la Facultad de Agronomía de la UBA, explicó que el objetivo no es maximizar el rendimiento sino lograr un equilibrio entre producción y calidad proteica. Los estándares comerciales exigen un rango de proteína de entre el 10% y el 12%: por encima o por debajo de ese intervalo se pierde calidad industrial y valor de venta.

“Se debe fertilizar para la proteína y no para el rendimiento cuando el destino es maltería”, sintetizó el especialista. Para pasar de 10% a 12% de proteína se requieren entre 23 y 43 kg de nitrógeno por tonelada de grano. En un lote de 4.000 kg/ha, aumentar un punto de proteína implica unos 82 kg de urea y un costo estimado de 78 dólares por hectárea.

Las aplicaciones tardías y foliares aparecen como herramienta para corregir desvíos de calidad cuando el cultivo ya está en pie, mientras que tecnologías como sensores de verdor (SPAD) o índices de vegetación (NDVI) permiten ajustar las decisiones en tiempo real.


Abastecimiento de fertilizantes asegurado

Frente a la preocupación por el contexto internacional —con la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán afectando el mercado de combustibles y fertilizantes—, Roberto Rotondaro, presidente de Fertilizar AC, dio un mensaje tranquilizador: si bien Argentina importa cerca del 70% de los fertilizantes que necesita, el abastecimiento para la siembra fina está asegurado por la disponibilidad en plantas y el material que está en camino.


La conclusión de Fertilizar AC

Con agua de sobra y suelos nutricionalmente agotados, la campaña fina 2026 tiene todo para ser récord. Pero el resultado final dependerá de una sola variable: la decisión del productor de invertir en diagnóstico y fertilización balanceada. “Si hay agua, manda la nutrición”, resumieron desde la entidad.

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