Del maíz a la carne y del corral al suelo: el modelo que integra agricultura y ganadería en Córdoba

Referentes del IPCVA, INTA y entidades agropecuarias durante una Jornada a Campo realizada en el establecimiento Don Celeste, en Córdoba.
Más de 400 productores y técnicos participaron de una Jornada a Campo del IPCVA en Don Celeste, un establecimiento de 550 hectáreas ubicado entre Oncativo y Colonia Almada, Córdoba. Allí, casi todo el maíz producido se destina a la alimentación del ganado y el estiércol de los corrales vuelve posteriormente a los lotes agrícolas como fuente de nutrientes.

La integración entre agricultura y ganadería fue el eje de una nueva Jornada a Campo organizada por el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) en el establecimiento Don Celeste, en el centro de Córdoba, con participación del INTA y una convocatoria superior a 400 productores, técnicos y referentes de la cadena cárnica.

Bajo el lema “Ganadería recargada: cómo convertir grano a carne de manera simple, rentable y lista para el mundo”, el encuentro permitió observar un sistema productivo en el que el maíz cultivado dentro del propio establecimiento se transforma mayoritariamente en alimento para la hacienda y el estiércol generado durante el engorde regresa después a los lotes.

El esquema combina producción agrícola, terminación a corral, nutrición, análisis de suelos y reutilización de nutrientes dentro de una superficie de aproximadamente 550 hectáreas.

Una historia agrícola-ganadera que comenzó en 1916

Don Celeste pertenece a la familia Resiale desde 1916, cuando el abuelo del actual titular, Richard Resiale, llegó desde Italia.

“Desde el inicio siempre fue agrícola-ganadero”, explicó el productor.

La presencia de la hacienda se mantuvo a lo largo de las distintas etapas del establecimiento, incluso durante períodos en los que las condiciones económicas favorecieron una mayor especialización agrícola.

Actualmente, el planteo mantiene esa integración, aunque con una estructura adaptada a una zona donde la agricultura ocupa un papel predominante.

El 60% de la agricultura es maíz

De las aproximadamente 550 hectáreas trabajadas, la superficie agrícola se distribuye en 60% maíz y 40% soja.

La particularidad es el destino del cereal.

Casi todo el maíz producido se utiliza para transformarlo en carne dentro del propio establecimiento.

Del total destinado a alimentación animal, alrededor de 20% se pica, mientras que el resto se cosecha como grano húmedo y grano seco.

A esa base se incorporan rollos de alfalfa, burlanda y núcleos vitamínicos para formular las dietas del feedlot.

De esta manera, una parte importante del valor del cereal no sale del campo como grano, sino que continúa dentro del sistema a través de la producción bovina.

Dos ciclos de terminación por año

El esquema ganadero se concentra en la invernada y terminación a corral.

Don Celeste no realiza cría propia: los animales se compran y posteriormente ingresan al sistema para completar su recría y terminación.

La producción se organiza en dos ciclos anuales.

Por tratarse de una región predominantemente agrícola, el sistema no contempla una etapa pastoril.

“A pasto no tenemos nada”, sintetizó Resiale.

La eficiencia alimenticia se convierte, por lo tanto, en uno de los componentes centrales para sostener los márgenes.


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La recría alcanza 900 gramos diarios

Durante la etapa de recría, los animales están logrando ganancias cercanas a 900 gramos diarios, con un consumo equivalente aproximadamente al 3% de su peso vivo.

El desempeño resulta especialmente importante en el actual contexto comercial.

Resiale señaló que la relación entre el precio de compra y el valor del animal terminado exige precisión.

“La invernada está cara comparada con el precio del gordo”, sostuvo.

En ese escenario, una de las claves pasa por comprar animales con buen potencial productivo.

“Hay que ser muy eficiente en la conversión y ver la calidad que uno compra. Comprando buena calidad siempre hay mejor conversión”, explicó.

El estiércol vuelve a los lotes

La integración del sistema no termina con la alimentación.

Todos los años se realiza la limpieza de los corrales y el estiércol extraído se aplica posteriormente sobre los lotes agrícolas.

El objetivo es recuperar parte de los nutrientes concentrados durante el engorde y devolverlos al suelo.

De esta manera, el flujo productivo completa un circuito: el lote produce maíz, el maíz alimenta al ganado y parte de los nutrientes contenidos en el estiércol regresan nuevamente al lote.

El laboratorio también forma parte del sistema

La estrategia se apoya además en información generada dentro del propio establecimiento.

Paula y Julieta, hijas de Resiale y ambas ingenieras agrónomas, están a cargo de la actividad agrícola y cuentan con un laboratorio agropecuario donde realizan análisis de suelo, semillas, agua y forraje.

Ese seguimiento permite ajustar las decisiones agronómicas y nutricionales.

“Estamos teniendo muy buen resultado agronómico gracias al seguimiento que hacen en el laboratorio. Tenemos muy buena fertilidad en el suelo manteniendo todos los nutrientes”, afirmó el productor.

El manejo de los corrales, en tanto, está a cargo de su hijo Franco, acompañado por un nutricionista y un veterinario.

También trabajan tres empleados dentro de la estructura productiva.

Qué se mostró durante la Jornada a Campo

La actividad organizada por el IPCVA incluyó recorridas por distintas estaciones técnicas.

Una de ellas estuvo dedicada a “La importancia de un manejo integral en feedlot”, a cargo del ingeniero agrónomo José Sisto, especialista en nutrición bovina y asesor técnico de VS Oncativo S.A.

Otra parada se concentró en “Recorriendo el corral: qué mirar y por qué”, con la participación de Analía Echeverría, ingeniera agrónoma del INTA EEA Manfredi.

El programa incluyó además exposiciones sobre:

  • mercados y agregado de valor;
  • normativa europea contra la deforestación, EUDR 1115;
  • valorización agronómica del estiércol;
  • trazabilidad electrónica;
  • conservación de burlanda;
  • pastoreo de lotes agrícolas;
  • modelos productivos de carne y maíz bajos en carbono.

El desafío de agregar valor al grano

Durante la apertura, la presidenta de Federación Agraria Argentina, Andrea Sarnari, destacó el papel social y económico de la ganadería en las regiones productivas.

“Donde hay una vaca hay una persona cuidando y detrás está la familia”, señaló.

También planteó que el contexto actual de precios puede convertirse en una oportunidad para reinvertir y mejorar la infraestructura productiva.

“Nunca nos vamos a salvar solos, la salida es colectiva”, sostuvo al referirse a la necesidad de articulación dentro de la cadena.

Mercado interno y exportación

Ulises “Chito” Forte, ex presidente y actual consejero del IPCVA, destacó la articulación entre el sector público y privado y el trabajo del Instituto para ampliar mercados internacionales.

También remarcó que el mercado interno continúa absorbiendo alrededor del 70% de la producción, por lo que su fortalecimiento sigue siendo central para la cadena.

A su vez, destacó el valor de las jornadas técnicas como espacios para transferir experiencias concretas entre productores.

“La carne no se vende sola”

Matías Martiarena, consejero del IPCVA, señaló que la promoción constituye otra de las herramientas necesarias para fortalecer el posicionamiento de la carne argentina.

Según planteó, el trabajo del Instituto contribuyó al reconocimiento internacional del producto y permite acercar herramientas al sector productivo.

“La carne no se vende sola”, afirmó.

INTA plantea adaptar sus capacidades

El director del INTA Manfredi, Ariel Odorizzi, señaló durante la jornada que el organismo atraviesa un proceso de reorganización y que uno de los objetivos es mantener sus capacidades alineadas con las necesidades de la producción ganadera.

“Siempre estamos a disposición de que crezca el sector”, sostuvo.

La participación del organismo incluyó contenidos técnicos vinculados al manejo de corrales, nutrición y producción integrada.

Maíz, carne y nutrientes en un mismo circuito

La experiencia de Don Celeste muestra un modelo donde agricultura y ganadería funcionan como actividades complementarias.

El maíz producido en el establecimiento se transforma en carne mediante el engorde a corral; los residuos del sistema ganadero vuelven posteriormente al suelo; y los análisis agronómicos permiten monitorear el impacto de ese manejo.

Para la familia Resiale, además, la integración excede la dimensión productiva.

“Donde hay vacas, se une la familia. Y es una pasión”, resumió Richard Resiale.

El caso presentado por el IPCVA deja así una idea central: en regiones agrícolas de alto potencial, agregar valor al grano dentro del propio establecimiento puede convertirse en una herramienta para integrar producción, nutrición, fertilidad del suelo y generación de carne.

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