Un informe de FADA revela cambios en el consumo y advierte que la presión impositiva sigue marcando el precio de los alimentos, en un contexto global que suma tensión.
El consumo de alimentos en Argentina está cambiando y el bolsillo es el principal motor. En el último año, los argentinos redujeron en cinco kilos el consumo de carne vacuna, mientras aumentaron la ingesta de cerdo y lácteos, en un contexto donde los impuestos siguen explicando más de una cuarta parte del precio final.
Según el informe “Composición de precios” de FADA, el consumo anual de carne vacuna pasó de 49,5 a 44,5 kilos por persona, mientras que el de carne de cerdo subió a 19,3 kilos, con un incremento de un kilo y medio. Este cambio responde, en gran medida, a la evolución de los precios: la carne vacuna aumentó 64% en el último año, frente al 25% del cerdo.
En paralelo, el consumo de lácteos también creció un 7%, favorecido por subas de precios más moderadas, en torno al 13%, por debajo de la inflación general.
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Pero el impacto no es solo local. El contexto internacional empieza a sentirse en las góndolas. La guerra en Medio Oriente ya genera presión sobre los costos logísticos, especialmente por el encarecimiento de los combustibles, lo que repercute directamente en el transporte de alimentos.
En la estructura de precios, los costos representan el mayor componente: alcanzan el 51% en la carne, el 61% en el pan y el 71% en la leche. Sin embargo, el dato más relevante es que los impuestos explican más del 25% del precio final en todos los casos.
En términos simples, uno de cada cuatro pesos que paga el consumidor corresponde a carga impositiva. Esto incluye tributos nacionales como el IVA, provinciales como Ingresos Brutos y tasas municipales que se acumulan a lo largo de toda la cadena productiva.
El análisis por producto permite dimensionar cómo se construyen los precios. En la carne vacuna, el 35% corresponde a la cría, el 16% al feedlot, el 20% a la comercialización en carnicerías y el 28% a impuestos. En el pan, la mayor incidencia está en la panadería, que explica el 65% del precio, mientras que el trigo representa apenas el 7%.

En el caso de la leche, el reparto es más equilibrado entre los distintos eslabones: el tambo aporta el 27%, la industria el 24% y el comercio el 23%, con un 26% correspondiente a impuestos y apenas un 3% de ganancia.
Otro dato clave es que el impacto de los granos en el precio final es menor al que suele percibirse. El maíz representa solo el 6% del precio de la carne vacuna, el 4% en la leche y el 12% en la carne de cerdo, mientras que el trigo explica apenas el 10% del valor del pan.
Así, más allá de los costos productivos, la presión impositiva y los factores macroeconómicos —tanto locales como internacionales— continúan siendo determinantes en el precio de los alimentos.

Con este escenario, el comportamiento del consumo seguirá atado a la evolución de los precios, en un contexto donde cualquier variación en costos, impuestos o logística puede impactar directamente en la mesa de los argentinos.
Fuente: Prensa FADA










































