El déficit hídrico se profundiza en la zona núcleo mientras el agua cae de forma muy desigual en el país
Las lluvias de la última semana fueron escasas o directamente nulas en gran parte de la región agrícola.
El resultado es claro: las reservas de agua en el suelo casi no cambiaron y en muchas zonas siguen en niveles ajustados.
Qué está pasando en los lotes
En la zona núcleo pampeana, la mayoría de los suelos se mantienen con reservas escasas o regulares. No hubo milímetros suficientes para recomponer perfiles.
En la provincia de Buenos Aires, la situación es más delicada: los lotes de soja de primera continúan bajo condiciones de sequía. Los chaparrones fueron muy locales y no alcanzaron para revertir el déficit general.
En cambio, algunas regiones muestran otra cara:
En sectores de Entre Ríos y el sudeste de Corrientes, donde semanas atrás hubo excesos temporarios, ahora se observa recuperación.
En la franja agrícola del NOA, que recibió los mayores acumulados recientes, persisten excesos hídricos en suelos puntuales.
El mapa hídrico vuelve a mostrar un país partido: falta agua en el centro y sobra en algunos puntos del norte.
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El dato clave: fuerte déficit en febrero
El balance mensual confirma el problema.
Gran parte del país terminó febrero con lluvias por debajo de lo normal:
En amplias zonas de Buenos Aires, el faltante fue de 50 a 100 mm.
En áreas cercanas al límite entre Chaco, Corrientes y Santa Fe, el déficit alcanzó 100 a 150 mm.
Pero la variabilidad fue extrema dentro de una misma provincia:
Corrientes: 6 mm en la capital y 320 mm en Monte Caseros.
Santa Fe: 27 mm en Reconquista y 250 mm en Sunchales.
Entre Ríos: 51 mm en Gualeguaychú y 199 mm en Paraná.
Salta: 54 mm en Rivadavia y 439 mm en Metán.
Es decir, no fue un febrero seco en todos lados, sino un mes muy desparejo, con contrastes fuertes en pocos kilómetros.
Por qué importa ahora
El agua que no cayó en febrero empieza a impactar en el potencial de rinde, especialmente en soja de primera en Buenos Aires y sectores de la zona núcleo.
Con perfiles ajustados, cualquier nueva semana sin lluvias generalizadas aumenta el riesgo productivo.
Para el trimestre que comienza, el pronóstico indica precipitaciones normales. Sin embargo, en zonas con déficit acumulado, se necesitarán eventos bien distribuidos y acumulados consistentes para revertir la situación.
Contexto y fuentes
El análisis surge del monitoreo agrometeorológico de reservas de agua en suelo y del estudio de anomalías de precipitación de febrero, junto con el pronóstico climático trimestral vigente.
La evolución de marzo será determinante para saber si el escenario se estabiliza o si el déficit hídrico continúa condicionando la campaña.
Fuente: Oficina de Riesgo Agropecuario





































