El Niño “a medias”: llega al NEA y el Litoral, pero todavía no se siente en la región pampeana

Contraste entre un lote anegado por lluvias y otro más seco, representando el impacto desigual de El Niño en distintas regiones agrícolas de Argentina.
El fenómeno El Niño ya está declarado y afecta el clima a nivel global desde junio de 2026, pero su impacto sobre las lluvias en la Argentina se está dando “a medias”, según coinciden dos informes difundidos en los últimos días por la Oficina de Riesgo Agropecuario (ORA) y la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR). Mientras el NEA y el Litoral ya registran precipitaciones por encima de lo normal, tal como anticipa el patrón de un año “Niño”, la región pampeana —el corazón de la zona agrícola del país— sigue recibiendo lluvias por debajo de la media histórica, en momentos en que la intensidad del propio fenómeno muestra señales de estar bajando tras dos meses consecutivos de descenso.

El primer informe, de la ORA —organismo dependiente de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca—, se preguntó directamente en su reporte semanal si ya se había notado el impacto de El Niño en el país. Según explicó el organismo, el índice que mide la influencia del fenómeno sobre la circulación atmosférica del Pacífico ecuatorial (SOI) confirma esa influencia desde junio, pero el comportamiento de las lluvias entre julio y septiembre se ajustó al patrón esperado solo en algunas zonas. Concretamente, el impacto ya se verifica en gran parte del NEA y el Litoral —con Corrientes y Misiones como las provincias de mayor tendencia a lluvias superiores a lo normal—, mientras que en la región pampeana, en especial en su centro y sur, la precipitación del trimestre resultó levemente inferior a la media.

El segundo informe, elaborado por el jefe de estimaciones agrícolas de la BCR, Cristian Russo, a partir del análisis del consultor en clima Alfredo Elorriaga, profundiza sobre las causas de ese comportamiento dispar y agrega un dato que genera inquietud: la intensidad del fenómeno, que llegó a proyectarse como la más fuerte de los últimos 50 años, bajó durante dos meses consecutivos. Según el seguimiento de la anomalía de temperatura superficial del Pacífico (SST) que realiza la NOAA, el valor se ubicaba en 1,8°C en agosto y subió a 2,2°C a fines de septiembre, superando el umbral de “Niño fuerte” para entrar en la categoría “muy fuerte”. Sin embargo, las proyecciones a futuro muestran una tendencia a la baja: en julio se manejaban valores no corregidos de hasta 4,26°C para la anomalía, que en agosto bajaron a 4°C y en septiembre a 3,25°C, mientras que la proyección de pico para diciembre pasó de 2,4°C a 2°C en las últimas actualizaciones.


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Elorriaga explicó que la ausencia de lluvias en la región pampeana, pese a los niveles de calentamiento asociados a un “Niño” fuerte o muy fuerte, responde a que el fenómeno no es la única variable que determina el clima. Según detalló, una circulación fría de origen polar proveniente de la Patagonia viene condicionando el ingreso de humedad desde el norte hacia el centro del país, a lo que se suma una anomalía fría del Atlántico frente a la desembocadura del Río de la Plata, asociada a la corriente de Malvinas, que tampoco favorece el ingreso de humedad por esa vía. El especialista remarcó que, a dos meses de que el fenómeno quedara instalado, su influencia sobre las lluvias en las regiones productoras del país “no se ve” todavía, y que tampoco se verifica en Perú ni en el oeste de Brasil.

De cara a lo que resta del año, el consultor de GEA/BCR planteó que, si se confirma la tendencia a la baja en los próximos datos —que se conocerán a comienzos de octubre—, El Niño podría terminar pasando de una categoría “muy fuerte” a “fuerte”, e incluso obligar a revisar a la baja las proyecciones de lluvia para el trimestre octubre-noviembre-diciembre, que hasta ahora preveían acumulados por encima de la media de entre 30% y 90% según el mes. Aun así, remarcó que los valores actuales siguen siendo inferiores a los registrados durante el evento de El Niño de 2015, y que el escenario de fondo no cambia: se espera que las lluvias sigan estando por encima de la media en el trimestre, aunque posiblemente con menor magnitud que la inicialmente proyectada.

Para Elorriaga, el dato de fondo es que la fuerza del calentamiento oceánico está confirmada, pero el verdadero interrogante pasa por el impacto real que ese calentamiento vaya a tener sobre las lluvias en la Argentina, condicionado por otros factores atmosféricos que escapan al comportamiento típico de un año “Niño”. “Lo que necesitamos es que el Niño se comporte como un Niño”, resumió el especialista, en una definición que deja abierta la principal incógnita de cara a la campaña 2026/27: si la región pampeana logrará, finalmente, recibir el aporte de humedad que el fenómeno climático todavía no terminó de confirmar.

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