Un análisis presentado por FERTILIZAR Asociación Civil para la zona núcleo mostró que una mayor inversión en nutrición puede mejorar el resultado económico cuando la respuesta en rendimiento compensa el costo adicional. En maíz temprano, pasar de un planteo de 80 a 160 kilos de nitrógeno por hectárea elevó el margen bruto en campo propio de US$468 a US$871 por hectárea, una diferencia de US$403/ha. En soja alquilada, una mayor fertilización fosfatada llevó el margen de US$79 a US$153 por hectárea.
La fertilización no se define solamente por el costo
El precio del fertilizante es una de las variables que mira el productor al momento de planificar la campaña, pero analizarlo de manera aislada puede llevar a decisiones equivocadas.
Ese fue uno de los principales planteos de FERTILIZAR AC durante el encuentro “La matemática del lote”, donde especialistas vincularon los procesos biológicos de los cultivos con las cuentas económicas de la empresa agropecuaria.
La propuesta fue evaluar cuánto nutriente necesita el cultivo, cuánto aporta el suelo, qué respuesta en rendimiento puede esperarse y cómo esa producción adicional modifica el margen bruto.
“La idea es contar con elementos más precisos para evaluar situaciones en las que se plantea que ‘los números no dan’”, explicó María Fernanda González Sanjuan, gerente ejecutiva de FERTILIZAR AC.
¿Cuánto nitrógeno y fósforo necesita el maíz?
El coordinador técnico de FERTILIZAR AC, Esteban Ciarlo, explicó que para calcular correctamente una estrategia de nutrición primero es necesario distinguir entre los nutrientes que demanda la planta y aquellos que finalmente salen del sistema con la cosecha.
En maíz, por cada tonelada de grano producida se requieren aproximadamente 20 kilos de nitrógeno y 4 kilos de fósforo.
Sin embargo, la extracción a través del grano es menor: alrededor de 14 kilos de nitrógeno y 3 kilos de fósforo por tonelada.
Con un rendimiento promedio nacional de 7,7 toneladas por hectárea en 2025/26, la extracción estimada alcanzó unos 105 kilos de nitrógeno y 23 kilos de fósforo por hectárea.
Cuando la fertilización no repone esos nutrientes, parte del cultivo termina utilizando las reservas del suelo.
En palabras de Ciarlo, se consume así “un insumo que no figura directamente en las facturas de la campaña”.

Las lluvias también modifican la disponibilidad de nutrientes
El manejo cambia además según las condiciones ambientales.
En una campaña con precipitaciones abundantes, el nitrógeno puede perderse por lavado debido a su mayor movilidad, por lo que su disponibilidad debe analizarse en relación con el ciclo del cultivo.
El fósforo, en cambio, presenta menor movilidad y puede acumularse en el suelo, lo que le otorga un efecto que puede extenderse a campañas posteriores.
Esto obliga a considerar no solamente cuánto nutriente aplicar, sino también la fuente, el momento y la forma de aplicación.
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La cuenta que define si la fertilización se paga
Para vincular agronomía con rentabilidad, Franco Córdoba, responsable del área de Mercados de FERTILIZAR AC, presentó dos herramientas: la relación insumo/producto y el margen bruto.
La relación insumo/producto indica cuántos kilos de grano son necesarios para comprar un kilo de nutriente.
Ese valor debe compararse con la eficiencia agronómica, es decir, cuántos kilos adicionales de grano se obtienen por cada kilo de nutriente aplicado.
“Siempre que la eficiencia agronómica sea mayor a la relación I/P, la respuesta en rendimiento paga la inversión en nutrientes”, explicó Córdoba.
Los precios utilizados para hacer las cuentas
Para los escenarios económicos presentados, FERTILIZAR tomó como referencia valores de octubre de 2026.
El precio considerado fue de US$201 por tonelada para el maíz abril 2027 y de US$358 por tonelada para la soja mayo 2027.
A los precios de los granos se les descontaron los gastos de comercialización, mientras que al valor de los fertilizantes se le agregó el costo de aplicación en campo.
Maíz: tres estrategias de nutrición y tres niveles de rinde
Para maíz temprano en zona núcleo se compararon tres estrategias.
El planteo de menor intensidad utilizó 80 kilos de nitrógeno por hectárea, asociado a un rendimiento alcanzable de 8 toneladas por hectárea.
El manejo intermedio consideró 120 kilos de nitrógeno y un rinde de 10 toneladas.
Finalmente, el planteo de mayor productividad utilizó 160 kilos de nitrógeno por hectárea, con un rendimiento de 12 toneladas por hectárea.
Una inversión adicional de US$134 generó una diferencia de US$403 en el margen
El costo de fertilizantes pasó de US$203 por hectárea en el planteo de menor intensidad a US$337 por hectárea en la estrategia de mayor productividad.
Es decir, la inversión adicional fue de US$134 por hectárea.
Pero la diferencia de rendimiento llegó a 4 toneladas por hectárea.
Con esas condiciones, el margen bruto en campo propio pasó de US$468 a US$871 por hectárea.
La mejora fue de US$403 por hectárea.
En campo alquilado, bajar la fertilización llevó el margen a terreno negativo
La diferencia fue todavía más significativa al incorporar un arrendamiento equivalente a 16 quintales de soja por hectárea.
Con el planteo de menor fertilización, el margen quedó en -US$105 por hectárea.
La alternativa intermedia, con 120 kilos de nitrógeno y 10 toneladas de rendimiento, alcanzó casi US$100 por hectárea en campo alquilado.
Con el manejo de mayor productividad, el resultado se acercó a US$300 por hectárea.
En campo propio, esos dos últimos escenarios alcanzaron márgenes de US$671 y US$871 por hectárea, respectivamente.
El ejercicio muestra que, dentro de los escenarios evaluados, reducir fertilización para bajar el gasto puede terminar deteriorando el resultado económico si la menor nutrición reduce suficientemente el rendimiento.
Soja: más fósforo y 500 kilos adicionales por hectárea
Para soja de primera en zona núcleo, la comparación se realizó entre dos niveles de fertilización fosfatada.
En el manejo frecuente se utilizaron 9 kilos de fósforo por hectárea, con un rendimiento de 3,7 toneladas y un costo de fertilización de US$39 por hectárea.
El margen bruto estimado en campo propio fue de US$652 por hectárea.
En el planteo de nutrición completa, la dosis aumentó a 24 kilos de fósforo por hectárea.
El rendimiento subió hasta 4,2 toneladas por hectárea, es decir, 500 kilos adicionales.
El costo de fertilización aumentó hasta US$103 por hectárea, pero el margen bruto llegó a US$726 por hectárea.
La diferencia favorable fue de US$74 por hectárea, equivalente a un 12%.
En soja alquilada, el margen casi se duplicó
El efecto económico fue todavía más marcado cuando se incorporó el costo del arrendamiento.
Con un alquiler equivalente a 16 quintales de soja, el margen bruto pasó de US$79 a US$153 por hectárea.
Esto representa un incremento de US$74 y significa que el margen prácticamente se duplicó.
Para conseguir ese resultado, la inversión adicional en fertilizantes fue de US$64 por hectárea, acompañada por un aumento estimado del rendimiento de 500 kg/ha.
El fósforo también puede dejar efecto para la campaña siguiente
El análisis no se limitó al margen del cultivo actual.
Córdoba señaló que la fertilización fosfatada puede mejorar la disponibilidad de fósforo en el suelo, generando un efecto residual que potencialmente beneficia a cultivos posteriores.
Por eso, el resultado económico de una estrategia de nutrición puede superar incluso el ciclo individual en el que se realizó la aplicación.
“El éxito del negocio necesita ante todo rinde”
El presidente de FERTILIZAR AC, Roberto Rotondaro, puso el foco en la relación entre rendimiento y rentabilidad.
Según explicó, tanto la tecnología incorporada como el nivel de fertilización pueden cambiar significativamente el margen bruto.
Rotondaro citó además un trabajo realizado por Juan Pablo Monzón, productor CREA e investigador de INTA-CONICET, sobre datos de más de 300 productores, en el que el rendimiento aparece como la variable que mejor explica el margen bruto de los cultivos.
“Tenemos que concentrarnos en las tecnologías que apalancan el aumento de rendimientos”, sostuvo Rotondaro.
Más kilos también permiten diluir los costos fijos
El efecto del rendimiento no se limita a generar más ingresos.
Producir más toneladas permite además distribuir costos fijos como alquiler, semillas y labores entre una mayor cantidad de kilos.
Por eso, FERTILIZAR plantea que una estrategia para reducir costos no debería analizar solamente cuánto se ahorra al comprar menos fertilizante.
También debe medirse cuánto rendimiento se resigna y cómo esa menor producción termina modificando el margen.
La cuenta empieza en el diagnóstico del lote
La conclusión del encuentro fue que la decisión de fertilizar no puede reducirse a observar el precio de una tonelada de producto.
El análisis debería contemplar los requerimientos del cultivo, el aporte del suelo, la respuesta esperable en rendimiento, la eficiencia agronómica y la relación entre precios de granos y nutrientes.
Los escenarios presentados muestran que una mayor inversión puede resultar económicamente favorable cuando logra transformar nutrientes adicionales en suficientes kilos de grano.
En el caso analizado para maíz, US$134 adicionales en fertilización estuvieron asociados a una mejora de US$403 por hectárea en el margen bruto.
En soja alquilada, una inversión adicional de US$64 por hectárea estuvo acompañada por 500 kilos más de rendimiento y un margen que pasó de US$79 a US$153 por hectárea.
La matemática del lote, de acuerdo con los especialistas, empieza entonces por el diagnóstico agronómico y termina cuando esa respuesta productiva se convierte en resultado económico.











































