Algarrobo blanco: produjo hasta 21 kilos de frutos por árbol y muestra potencial para suplementar ganado

Ganado bovino bajo un algarrobo blanco con frutos en un sistema silvopastoril del norte argentino.
Una investigación del INTA Sáenz Peña y Montecarlo confirmó el potencial forrajero del algarrobo blanco (Neltuma alba) en sistemas silvopastoriles del Chaco. En una plantación joven de origen Campo Durán, Salta, la producción osciló entre 1,5 y 21 kilogramos de frutos por árbol, con contenidos de 8% a 12% de proteína bruta y alrededor de 2,3 Mcal/kg de materia seca de energía metabolizable. Los investigadores consideran que, mediante manejo silvícola y selección de los individuos más productivos, sus chauchas podrían convertirse en un suplemento estratégico para períodos de escasez.

El INTA estudia el potencial forrajero del algarrobo blanco

El algarrobo blanco es una de las especies emblemáticas del parque chaqueño y tradicionalmente es valorado tanto por su madera como por sus frutos.

Ahora, una investigación del INTA busca avanzar sobre otro atributo: su capacidad para aportar alimento a la ganadería dentro de sistemas silvopastoriles.

Un equipo de INTA Sáenz Peña, Chaco, e INTA Montecarlo, Misiones, analizó plantaciones jóvenes de algarrobo blanco de origen Campo Durán, Salta, instaladas ocho años atrás en territorio chaqueño.

El objetivo fue caracterizar la producción de frutos, su morfología y su calidad nutricional, para determinar qué aporte podrían realizar dentro de los planteos ganaderos de la región.

Hasta 21 kilos de frutos por árbol

Los resultados obtenidos durante el verano 2023-2024 mostraron una marcada variabilidad entre individuos.

La producción se ubicó entre 1,5 y 21 kilogramos de frutos por árbol.

Para los investigadores, esa diferencia es particularmente interesante porque permite comenzar a identificar ejemplares con mejores características productivas.

Además, los frutos observados fueron más largos que los informados para otras procedencias y llegaron a alcanzar hasta 29 centímetros.

“El algarrobo blanco de origen Campo Durán demuestra un potencial forrajero comparable al de otras especies del género”, señaló Marcos Atanasio, especialista del INTA Sáenz Peña y uno de los responsables del trabajo.

Entre 8% y 12% de proteína bruta

La investigación también analizó la composición nutricional de las chauchas.

Los frutos presentaron contenidos de proteína bruta de entre 8% y 12%.

A su vez, la energía metabolizable se ubicó cerca de 2,3 Mcal por kilogramo de materia seca.

Los niveles de fibra —FDN y FDA— resultaron relativamente bajos, una característica asociada en el estudio con una mejor digestibilidad del recurso forrajero.

Estos resultados permiten considerar al fruto como una alternativa para complementar la alimentación animal en determinados períodos del año.


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Un refuerzo para los momentos de escasez

Para Lorena Pernochi, investigadora del INTA Sáenz Peña, el manejo de la plantación será determinante para aprovechar ese potencial.

“Con buen manejo silvícola y selección de individuos de alta productividad, puede convertirse en un suplemento nativo estratégico para la ganadería chaqueña, aportando proteínas y energía en momentos de escasez”, sostuvo.

El interés se concentra especialmente en los períodos críticos, cuando disminuye la disponibilidad o calidad de otros recursos forrajeros.

Entre 6 y 82 kilos de proteína por hectárea

Al trasladar los resultados a una escala productiva, los especialistas estimaron que las chauchas podrían aportar entre 6 y 82 kilogramos de proteína por hectárea.

El aporte podría resultar especialmente útil durante el invierno.

Los investigadores aclararon que estos valores corresponden a plantaciones jóvenes y son inferiores a los que podrían obtenerse en sistemas adultos.

Aun así, consideran que los resultados son promisorios para planteos silvopastoriles en etapas iniciales de desarrollo.

El estudio encontró grandes diferencias entre árboles

Uno de los aspectos relevantes fue la variabilidad detectada dentro de la misma procedencia.

No todos los ejemplares produjeron igual cantidad de frutos ni presentaron las mismas características forrajeras.

Esa heterogeneidad abre una posibilidad de selección.

Según explicó Pernochi, la caracterización permite identificar individuos que combinan mayor producción de frutos con mejor calidad, ampliando los criterios utilizados para elegir árboles en plantaciones multipropósito.

Buscan seleccionar árboles especialmente productivos

A partir de los resultados, los investigadores plantean avanzar en la identificación de los fenotipos más destacados.

“A futuro estos fenotipos pueden ser utilizados en programas de forestación destinados especialmente a producción de frutos”, indicó Pernochi.

La investigadora agregó que la procedencia estudiada presentó frutos de mayor tamaño que otras evaluadas, una característica que podría asociarse con nuevas posibilidades de aprovechamiento.

El objetivo es que la selección no se limite al crecimiento del árbol o al valor de su madera, sino que incluya también la capacidad de producir frutos con características forrajeras favorables.

¿Puede reemplazar parte del maíz o la soja?

El potencial económico para los establecimientos ganaderos aparece en la posibilidad de utilizar un recurso producido dentro del propio sistema.

Atanasio señaló que la calidad de los frutos podría ayudar a reducir la necesidad de determinados insumos externos.

“La calidad forrajera de los frutos posibilita la sustitución de insumos externos, debido a que podría reemplazar parcial o totalmente otros insumos, como el maíz o la soja en la dieta animal”, explicó.

El investigador agregó que disponer de información sobre morfología y calidad nutricional permitiría además formular raciones con mayor precisión.

La magnitud de esa sustitución deberá depender de cada planteo y de la composición de las dietas evaluadas.

Una especie multipropósito para sistemas silvopastoriles

Los resultados refuerzan la posibilidad de utilizar el algarrobo blanco con distintos objetivos dentro de una misma plantación.

Además de su aprovechamiento tradicional por la madera, sus frutos podrían sumar una función nutricional dentro de los sistemas ganaderos.

Pernochi destacó precisamente que la especie es apreciada en la región tanto por su madera como por las chauchas utilizadas como alimento.

Esta característica permite pensar en plantaciones donde el componente forestal y el ganadero puedan complementarse.

Los próximos pasos de la investigación

El trabajo continuará con una selección más precisa de fenotipos destacados por producción y calidad de frutos.

Los especialistas también prevén profundizar el análisis de azúcares y otros atributos, además de realizar el seguimiento de individuos implantados en diferentes condiciones edafoclimáticas.

Para ello se utilizarán parcelas demostrativas ya establecidas.

Otro objetivo será estudiar con mayor detalle cómo varía el aporte de estas plantaciones entre ciclos anuales y cuáles son las prácticas de manejo que permiten aprovechar el recurso de manera más eficiente.

Un recurso nativo con potencial ganadero

Los primeros resultados muestran que una plantación joven de algarrobo blanco puede producir árboles con hasta 21 kilos de frutos, contenidos de 8% a 12% de proteína bruta y un aporte potencial de hasta 82 kilos de proteína por hectárea.

La elevada variabilidad entre individuos representa al mismo tiempo un desafío y una oportunidad: seleccionar aquellos árboles capaces de combinar buena producción de frutos con mayor calidad forrajera.

Para el INTA, esa selección, acompañada por un manejo silvícola adecuado, podría convertir al algarrobo blanco en un suplemento nativo estratégico para la ganadería chaqueña, particularmente durante los períodos en los que disminuye la oferta de otros recursos alimenticios.

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