Brasil avanza con etanol de arroz y trigo: una salida para excedentes y granos de baja calidad

Arroz y trigo frente a una planta de bioetanol en Brasil, como nuevas materias primas para la producción de biocombustibles.
Rio Grande do Sul impulsa nuevos proyectos para producir etanol a partir de trigo, arroz y otros cereales, con el objetivo de absorber excedentes, valorizar partidas de menor calidad comercial y reducir su dependencia del biocombustible producido en otras regiones de Brasil. La estrategia también genera granos de destilería para alimentación animal y abre un antecedente de interés para las cadenas argentinas.

El mapa brasileño de los biocombustibles comienza a incorporar nuevas materias primas fuera de los tradicionales polos de caña de azúcar y maíz. En Rio Grande do Sul, distintos proyectos agroindustriales avanzan sobre la producción de etanol a partir de trigo, arroz y otros cereales, buscando transformar problemas recurrentes de comercialización en demanda industrial.

La estrategia tiene una lógica productiva concreta.

El estado concentra una importante producción de arroz y trigo, pero ambos cultivos pueden atravesar campañas en las que la abundancia o las condiciones climáticas deterioran los precios recibidos por el productor.

En arroz, los excedentes de variedades destinadas al consumo pueden presionar sobre el mercado regional. En trigo, las lluvias cercanas a la cosecha pueden afectar el peso hectolítrico y la calidad panadera, reduciendo su valor para la industria molinera.

La posibilidad de transformarlos en alcohol combustible introduce un destino alternativo para granos que de otro modo pueden sufrir fuertes descuentos comerciales.

Una planta ya produce etanol a partir de trigo

Uno de los proyectos que marca el avance de esta estrategia funciona en Santiago, Rio Grande do Sul, donde CB Bioenergia puso en marcha una planta orientada a la producción de etanol de trigo.

Según la información difundida, la instalación demandó una inversión de aproximadamente 100 millones de reales y cuenta con capacidad para procesar cerca de 100 toneladas diarias de biomasa.

Su producción inicial está proyectada en alrededor de 12 millones de litros anuales de etanol hidratado.

Para los productores trigueros, la principal ventaja aparece cuando una partida pierde calidad comercial.

El trigo brotado o con características insuficientes para panificación puede utilizarse como materia prima energética en lugar de quedar restringido a destinos de bajo valor.

El rendimiento señalado para el proceso ronda los 400 litros de etanol por tonelada de trigo.

Del problema


de calidad a una materia prima energética

El cambio es especialmente relevante para zonas productoras donde las lluvias de fin de ciclo representan un riesgo recurrente.

Un trigo que pierde parámetros industriales deja de competir únicamente por compradores dentro de los mercados molinero o forrajero y pasa a tener una tercera alternativa: la transformación energética.

Ese nuevo uso no elimina el riesgo agronómico, pero sí puede modificar la forma en que se valoriza un grano deteriorado.

El desarrollo se complementa con políticas de promoción implementadas en Rio Grande do Sul, donde el programa Pró-Etanol/RS contempla herramientas impositivas destinadas a incentivar nuevas inversiones en plantas que utilicen materias primas agrícolas regionales.


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El coproducto vuelve a la ganadería

La producción de etanol no termina en el combustible.

Durante la fermentación se extrae principalmente el almidón de los cereales y queda un coproducto conocido como granos de destilería, que puede comercializarse seco —DDGS— o húmedo —WDGS—.

Ese material concentra proteínas, fibra y grasas y puede utilizarse en la alimentación animal.

En las zonas ganaderas y lecheras del sur brasileño, estos coproductos comenzaron a adquirir importancia como ingredientes de las dietas.

De acuerdo con la experiencia descripta, pueden representar hasta alrededor del 30% de la materia seca de determinadas raciones, dependiendo de la formulación nutricional.

Este aspecto agrega una segunda dimensión económica: la industria no sólo genera combustible, sino también un insumo alimenticio para bovinos.

Un arroz desarrollado para uso industrial

El otro frente de expansión aparece en el arroz.

Embrapa desarrolló BRS AG, una variedad orientada principalmente a usos industriales y caracterizada por granos de mayor tamaño y elevado contenido de almidón.

A diferencia de las variedades convencionales, su objetivo no es competir prioritariamente en el mercado de arroz de mesa.

Su composición permite utilizarlo como materia prima para fermentación, con un rendimiento informado cercano a 430 litros de etanol por tonelada.

Esto permitiría separar parcialmente la producción destinada al consumo alimentario de aquella diseñada desde el comienzo para abastecer a la industria energética.

Un regulador para el mercado arrocero

La posibilidad de desarrollar arroz específicamente destinado a biocombustibles también puede funcionar como herramienta de diversificación.

En regiones donde los excedentes periódicos presionan sobre los precios, una demanda industrial adicional puede absorber parte de la producción.

Además, su incorporación dentro de rotaciones agrícolas podría sumar alternativas de manejo en campos que también producen soja.

El objetivo no sería reemplazar al arroz destinado a consumo, sino crear un mercado adicional para materia prima industrial.

Una biorrefinería proyecta una escala mucho mayor

La estrategia arrocera podría alcanzar una dimensión considerable con el proyecto de Vinema Biorefinarias do Sul, previsto en Charqueadas, cerca de Porto Alegre.

La planta proyecta procesar arroz junto con sorgo y triticale.

Según los datos del proyecto, la capacidad prevista alcanzaría 635 millones de litros de etanol por año, un volumen de escala muy superior a las experiencias iniciales con cereales alternativos.

La instalación cuenta además con el interés del sector arrocero regional, que observa en la bioenergía una posible herramienta para diversificar destinos.

Rio Grande do Sul busca producir más de su propio etanol

Detrás del desarrollo existe también una cuestión energética.

Rio Grande do Sul históricamente depende en gran medida del etanol producido en otras regiones brasileñas.

El desarrollo de plantas propias permitiría aumentar la transformación local de granos y reducir parte de esa dependencia logística.

Brasil ya posee una de las industrias de etanol más importantes del mundo, históricamente basada en caña de azúcar y, más recientemente, con una fuerte expansión del maíz.

Lo novedoso ahora es la incorporación de cereales del sur que hasta el momento tenían un papel mucho menor en la matriz energética.

Qué puede significar para la Argentina

El desarrollo de Rio Grande do Sul tiene implicancias particularmente cercanas para la Argentina.

El país comparte con el sur brasileño cadenas productivas de trigo y arroz y, al mismo tiempo, dispone de una industria de bioetanol consolidada principalmente sobre maíz y caña de azúcar.

La experiencia brasileña abre entonces otra pregunta: qué hacer con cereales de bajo valor comercial o con excedentes regionales.

En trigo, determinadas campañas dejan volúmenes que pierden calidad panadera y terminan volcándose al mercado forrajero.

En arroz, Entre Ríos y Corrientes enfrentan además costos logísticos significativos para colocar producción lejos de las zonas de origen.

Una posibilidad para agregar valor cerca del campo

El modelo brasileño pone sobre la mesa la posibilidad de instalar industrias próximas a las zonas productoras capaces de transformar granos en combustible y proteína animal.

En regiones ganaderas, los coproductos húmedos de la destilería podrían además consumirse cerca de la planta, reduciendo parte de los costos asociados al secado y transporte.

No significa que el esquema brasileño pueda trasladarse automáticamente a la Argentina: la viabilidad depende de escala, regulación, precios relativos, infraestructura y demanda de biocombustibles.

Pero sí introduce un antecedente regional sobre una cuestión que el agro argentino conoce bien: cómo convertir un grano que perdió valor comercial en una materia prima para otra industria.

De alimento a energía, sin desperdiciar el coproducto

La expansión del etanol de trigo y arroz en Rio Grande do Sul representa una etapa distinta dentro del desarrollo brasileño de biocombustibles.

No se trata solamente de producir más alcohol combustible.

El modelo intenta combinar gestión de excedentes, agregado de valor, sustitución de combustibles transportados desde otras regiones y generación de coproductos para la ganadería.

Para la Argentina, donde el debate sobre biocombustibles continúa concentrado principalmente en maíz, caña y en el marco regulatorio, el avance del vecino abre una referencia cercana sobre otras posibilidades de industrialización agrícola.

La pregunta que deja Rio Grande do Sul no es únicamente cuánto etanol puede producir con arroz o trigo, sino cuánto valor puede recuperar de granos que hasta ahora tenían pocas alternativas cuando el mercado o el clima jugaban en contra.

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