Verdeos invernales, avenas y raigrás, utilización en campos de la Cuenca del Salado

El propósito de esta nota es ofrecer algunas recomendaciones para lograr la máxima eficiencia en el manejo y aprovechamiento de estos verdeos invernales en campos de la Cuenca del Salado.

  • Si se está pastoreando avena o raigrás, trate de dividir mediante alambre o hilo electrificado el lote lo máximo posible.
  • Si de avena se trata, luego del pastoreo, se debe dejar un remanente de pasto bastante importante, (no menos de un puño), para que no haya pérdida de plantas y para que no se demore el rebrote para la próxima comida. La avena es una planta muy sensible al sobrepastoreo en relación a la velocidad de rebrote. Si el cultivo es “talado” durante el otoño – invierno, recién contaremos con el rebrote para la primavera avanzada.
  • En el caso de raigrás, la presión de pastoreo intensa, no redundará en pérdida de plantas, pero sí implicará en la lentitud del rebrote y en el tiempo de espera para la segunda comida.
  • Si hay exceso de humedad y falta de piso, hay que cuidar estos verdeos para que la pezuña del animal no lastime y mate plantas en esta situación. Una forma de lograrlo es contar con “potreros sacrificio”, como es el caso de festucales viejos que son grandes formadores de piso firme, y así esperar que mejoren las condiciones para volver a los verdeos.
  • Si estamos engordando animales en estos cultivos forrajeros, debemos tener presente que estamos cubriendo ampliamente las necesidades de proteína, pero no así las de energía. Esto se puede subsanar con la suplementación con bajos niveles de grano de maíz o sorgo, (0,5 % del peso vivo del animal = 1 Kg. de grano de maíz o sorgo por día para un ternero de 200 Kg.), lo que implicará pasar de ganancias de 500 a 600 grs. por animal y por día con el verdeo sólo, a 800 grs. a 1 Kg. con el agregado del grano.
  • Si creemos que no nos alcanzará el pasto ofrecido por los verdeos en función con la carga animal que soportan, y estamos pensando en incrementar la oferta con fertilización nitrogenada, (urea por ejemplo), debemos esperar hasta fines de julio – principios de agosto para aplicarla, ya que recién se vuelve eficiente la técnica cuando empiezan a elevarse las temperaturas medias. Siempre se dijo que para obtener las máximas respuestas a la fertilización con nitrógeno, debemos antes cubrir las necesidades de fósforo en el suelo. Esto es así, y está corroborado por numerosos ensayos de investigación. Nuestra zona es muy pobre en cuanto a los tenores de fósforo, pero aunque hayamos sembrado o promocionado las avenas o raigrases sin la debida fertilización fosfatada que necesitan, la respuesta a la aplicación de urea en el momento indicado, siempre está, (aunque “no” en todo su potencial)
  • Llegada la primavera, avena y raigrás presentan sus más altas tasas de crecimiento, de modo que si no estamos en condiciones de aumentar la carga animal, es producente cerrar parte del potrero para destinarlo a reservas forrajeras: rollos o fardos de avena granada en estado de “grano lechoso” por ejemplo.

En el caso de raigrás, si el objetivo es “perennizar” esta planta anual con la técnica de “promoción”, debemos cerrar los lotes el 1ro. de noviembre para que la planta encañe y semille, y esta semilla que se volteará en diciembre, será la responsable de generar el nuevo cultivo del año próximo, previa aplicación de glifosato o talado del lote a “diente” (alta presión de pastoreo), sobre fines de enero – principios de febrero. La decisión de realizar la promoción con aplicación de glifosato o diente (el objetivo de estas prácticas es dejar el lote lo más “pelado” posible para que pueda nacer libremente y sin competencia el raigrás de semilla que se volteó en diciembre), dependerá de la presencia o ausencia de gramilla o gramón en el potrero. Si hay gramón o gramilla en cantidad, la necesidad de pulverizar con glifosato es ineludible.

 

Fuente: INTA por Jorge Ignacio Ripodas

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