Tras años dominados por “La Niña”, crecen las probabilidades de un evento “Niño” para la próxima campaña. Qué intensidad tendría, cuándo impactaría en las lluvias y por qué el Atlántico también juega un rol clave.
Un cambio de escenario que ilusiona al campo
Después de varias campañas marcadas por la sequía, el clima empieza a dar señales de alivio. Los últimos datos climáticos anticipan un posible regreso del fenómeno “El Niño” de cara a la próxima campaña gruesa, una noticia que genera expectativas en el sector agropecuario.
El dato no es menor: desde 2020 se registraron cinco eventos “La Niña” en seis años, con fuerte impacto negativo en la producción. Solo durante el ciclo 2023/24, bajo condiciones de “Niño”, Argentina logró una cosecha de soja cercana a las 50 millones de toneladas.
Menos “Niña” y más neutralidad: la situación actual
Según el análisis del consultor de la GEA de la Bolsa de Comercio de Rosario, Alfredo Elorriaga, el enfriamiento del Pacífico ya quedó atrás. La última “Niña” fue débil y de corta duración, con su punto mínimo hacia fines de diciembre.
Actualmente, el sistema climático se encuentra en una fase de neutralidad, lo que implica que ni el Pacífico está condicionando de manera directa el régimen de lluvias en Argentina.
De hecho, la falta de agua registrada en el verano no respondió a este fenómeno, sino a bloqueos atmosféricos asociados a la dinámica del Atlántico.

¿Cuándo llegaría “El Niño” y qué impacto tendría?
Las proyecciones más recientes indican que el calentamiento del Pacífico podría superar el umbral de “Niño” entre mayo y junio. Sin embargo, su efecto sobre las lluvias no sería inmediato.
Elorriaga advierte que el fenómeno impacta principalmente durante la campaña gruesa, es decir, entre primavera y verano. Por lo tanto, los mayores beneficios en términos de humedad se esperarían desde octubre en adelante.
Esto descarta, en principio, una influencia significativa sobre las precipitaciones del invierno.
Intensidad en duda: ¿se viene un “Súper Niño”?
Uno de los interrogantes que más circula entre productores es la posible intensidad del evento. Algunos modelos internacionales sugieren un calentamiento fuerte hacia octubre, lo que alimenta la hipótesis de un “Súper Niño”.
Sin embargo, desde la GEA llaman a la cautela. La definición de la intensidad recién podrá precisarse hacia agosto, cuando haya mayor certeza en las proyecciones.
Por ahora, el consenso apunta a una alta probabilidad de ocurrencia, pero con incertidumbre respecto a su magnitud.

El rol clave del Atlántico en las lluvias
Más allá del Pacífico, el Atlántico Sur aparece como un actor determinante en el corto plazo. Su reciente calentamiento frente a las costas argentinas favoreció el ingreso de humedad, especialmente sobre Buenos Aires.
Este factor explica las lluvias recientes y los pronósticos de inestabilidad para los próximos días, con tormentas que podrían extenderse sobre la región central del país.
Te puede interesar
Pronóstico de lluvias hasta el 30 de marzo
Leche a Europa: el Gobierno obliga a los tambos a habilitarse cada 2 años para poder exportar
El agro puede crecer 90% y llegar a 251 millones de toneladas: el dato que cambia el futuro del campo
El maíz puede generar US$ 45.370 millones y 80.000 empleos si se industrializa más en Argentina
Polémica por la fiebre aftosa: productores rechazan cambios en la vacunación y advierten riesgos sanitarios
China busca producir más soja y podría recortar hasta 10 millones de toneladas de importaciones
El sueldo del peón rural pega un salto en 2026 y supera el millón de pesos
Clima y producción: una relación cada vez más evidente
La comparación regional deja en evidencia el impacto climático. Mientras Argentina promedió rindes de soja de 26 qq/ha desde 2020, Brasil alcanzó 34,7 qq/ha en el mismo período.
Si bien la tecnología influye, el factor climático fue determinante en la brecha productiva.
Un dato clave para planificar la próxima campaña
Con este escenario, el posible regreso de “El Niño” se convierte en una variable central para la toma de decisiones productivas.

Si bien aún quedan meses de monitoreo, la señal es clara: el clima podría jugar a favor del campo en la próxima campaña gruesa, aunque siempre condicionado por factores regionales que pueden alterar el resultado final.
Fuente: Cristian Russo GEA BCR











































