Trigo, harina, exportaciones y divisas

El trigo argentino, que venía ganando superficie de siembra las últimas cuatro campañas, suspende este crecimiento ante el panorama seco de algunas áreas productivas, con lo que la expectativa de sumar hectáreas adicionales este año no será cumplida. Así, se mantiene una proyección productiva 20/21 en torno a 19,5 millones de toneladas y se espera un mercado exportador muy activo, tal como se desarrolló en el informe de la semana pasada.

En el siguiente gráfico puede observarse la evolución de volumen producido, industrializado y exportado desde nuestro país. El volumen exportado se ha estabilizado en torno a 12 millones de toneladas, mientras se ha procesado por encima de 6 millones de toneladas en la industria local, es decir que se exporta en torno al 70% de lo que se produce. El ingreso de divisas por exportación de trigo como grano se acerca a U$S 2.500 millones, y representa el 10% del total de divisas ingresadas por los complejos trigo, soja y maíz.

Avanzando sobre el camino del valor agregado del trigo argentino, la producción anual de harina se encuentra entre 4 y 5 millones de toneladas, y la exportación de harina ha evolucionado del 3% al 16% del volumen producido, pasando de 108 mil a máximos de 703 mil toneladas. En cuanto al ingreso de divisas, las exportaciones de harina de trigo en 2019 acumularon un máximo hasta ahora de U$S 215 millones. Las exportaciones 2020 aún están en curso, por lo que los datos del gráfico son registros hasta abril del corriente 2020.

Del conjunto de divisas que ingresan al país por exportaciones de grano de trigo más harina de trigo, tenemos que las divisas de harina representan entre el 9 y 10% del total.

Para terminar, en el siguiente gráfico se observa el recorrido de los precios promedio de exportación de la tonelada de trigo y harina de trigo, desde 2013 hasta el 2020. Mientras las exportaciones de harina de trigo representan menos del 10% de divisas del complejo exportador triguero, cada tonelada de harina exportada genera al menos U$S 100/TN más que la tonelada exportada de trigo como grano. Si, además, se observa que el 95% de las exportaciones de harina de trigo tienen por destino Brasil y Bolivia, con Chile ganando participación los últimos años, vemos que hay mucho por hacer en lo que respecta a desarrollar mercados de exportación, que requieran harina, como productos derivados de harina (fideos, galletitas, etc.) y aumentar el protagonismo de las exportaciones de productos con valor agregado.

Conclusiones: Moler trigo para producir harina es una de las prácticas más básicas de agregado de valor, pero los últimos años se ha convertido en un desafío para el posicionamiento de marcas, con diferentes utilidades y soluciones para los consumidores. Esto pone a la industria molinera argentina en la necesidad de ser competitivos para conservar y elevar su protagonismo en el mercado local, y redobla la apuesta para ingresar en mercados internacionales, que exigirán buenas relaciones precio/calidad que justifiquen comprar un producto con valor agregado, en lugar de la materia prima para ser procesada en el país de destino.

El trigo argentino viene ganando superficie y volumen de cosecha, así como mercados de exportación de granos y harinas. Con un 70% del trigo destinado a la exportación como grano, es necesario lograr consenso hacia un camino que permita desarrollar de modo sustentable en el tiempo el mercado de trigo y sus derivados.

El agregado de valor provee trabajo mientras el trigo provee alimento, dos necesidades que tenemos en nuestras manos suplir, solo se necesita voluntad y coordinar políticas públicas que orienten a invertir en desarrollar un ambiente predecible de negocios, para dar vuelta la relación, y pasemos de ser exportadores de materias primas, a exportadores de alimentos de calidad.

 

Fuente: INTA por Marianela Sabrina De Emilio

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