Con solo 500 animales por productor —cuando se necesitan 4.000 para ser rentable— el sur rionegrino enfrenta sequía, predadores y falta de recambio generacional.
El sur de Río Negro atraviesa una caída histórica en su producción ovina. El stock bajó de 1,4 millones de cabezas en 2011 a 900.000 en la actualidad, distribuidas en 2.700 establecimientos. El promedio es alarmante: apenas 500 ovejas por productor, muy lejos de las 4.000 que recomienda el INTA para lograr escala rentable.
En la zona de San Carlos de Bariloche, epicentro ovino provincial, el diagnóstico es directo: si la tendencia continúa, la oveja puede desaparecer en amplias áreas de la Patagonia.
Sequía, depredadores y números que no cierran
El problema no es uno solo.
Dos años de sequía redujeron la oferta de pasturas.
La predación de zorros, pumas y jabalíes golpea fuerte sobre majadas chicas.
La rentabilidad viene deteriorada desde hace años.
El recambio generacional casi no existe.
El resultado es un cóctel que acelera el cierre de estancias y el achique de rodeos.
En 2011, la caída de ceniza volcánica marcó un quiebre productivo. Desde entonces, muchos establecimientos no lograron recuperarse y otros sobreviven con estructuras mínimas.
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Campos que se vacían y no tienen reemplazo productivo
En el sur y la zona precordillerana de Río Negro, la oveja no es solo tradición: es prácticamente la única alternativa productiva viable. Son campos de baja receptividad, donde el bovino no es opción.
Cuando un productor deja la actividad, el campo no se reconvierte: se vacía. Y eso genera un efecto dominó. A mayor abandono, mayor presencia de predadores, lo que complica aún más a los establecimientos vecinos.
El impacto va más allá del campo
El cordero patagónico es identidad regional y motor gastronómico. Si el stock sigue en baja, también podría resentirse la oferta comercial en carnicerías y restaurantes del sur.
Hoy la actividad ovina en Río Negro enfrenta un desafío estructural: sin escala, sin rentabilidad y con presión ambiental, el modelo actual no cierra.
La pregunta ya no es solo productiva. Es territorial: qué pasa con la Patagonia si la oveja retrocede.
Porque en gran parte del sur rionegrino, sin ovejas, no hay reemplazo posible.






































