Oportunidades y potencial de la bioenergía: eje en el Congreso Aapresid que se desarrolla en Rosario

El Doctor Martín Battaglia, especialista con Masters y Doctorados en Suelo, cultivos y ambiente, ha formado parte de estas experiencias y  lo trae al XXVII Congreso Aapresid como una posibilidad de desarrollo de cultivo bioenergético en Argentina. Su disertación tendrá lugar en la sala CQ6 de taller, el día jueves 8 de agosto entre las 17:30 y 18:30.

Los sistemas productivos evolucionan, y con ellos la producción de energía. Frente a la realidad de un sistema que está viviendo su ocaso, por estar basado en recursos no renovables (combustibles fósiles), surge el cultivo bioenergético como alternativa basada en un recurso que sí es renovable.
Miscanthus × giganteus es un pasto perenne del tipo fotosintético C4 con gran potencial para el cultivo energético, y se viene gestando los últimos 15 años en el este de Estados Unidos.

1. Concretamente; ¿Qué es la bioenergía?

De acuerdo a la definición práctica más coloquialmente extendida al día de hoy, la bioenergía es la utilización de algún tipo de biomasa vegetal producida en el presente, para su utilización como fuente directa (ejemplo, biocombustibles) o indirecta (ejemplo, como producto intermediario para la generación de biogás) de energía. Esta definición supone una clara distinción con el uso energético de combustibles fósiles producidos a partir de la descomposición química de residuos de plantas que poblaron la tierra hace millones de años.

Sin embargo, la definición es un poco ambigua desde el punto de vista determinístico y de procesos, porque en ambos casos la fotosíntesis, y la consecuente formación de biomasa vegetal producto de esta, son comunes denominadores: una fotosíntesis “antigua” que devino en la formación de residuos fósiles, en un caso, y otra fotosíntesis “presente” a partir de la cual se generan las plantas y granos utilizados bajo el concepto comúnmente conocido como “bioenergía”, en el otro.

La diferencia radical entre ambos procesos es la naturaleza no renovable, a escala de vida humana, de los combustibles fósiles formados hace millones de años, en comparación con la eventualmente ilimitada posibilidad de renovar nuestras fuentes actuales de biomasa vegetal para la elaboración de productos bioenergéticos. Por ello, para entender el concepto de bioenergía dentro del marco más englobador de la bioeconomía de la cual forma parte, es importante hacer hincapié en esta diferenciación basada en la renovabilidad (“bioenergía”), o no (“combustibles fósiles”), de esos productos energéticos dentro del infinitamente pequeño lapso de vida humana a escala geológica.
2. ¿Qué tipo de cultivos son aptos para esta producción?

Eventualmente, cualquier cultivo podría ser utilizado para fines energéticos en tanto exista una fuente de biomasa vegetal que pueda ser transformada en energía. Sin embargo, mucho menos son los cultivos que pueden ser eficientemente utilizados con fines bioenergéticos desde un punto de vista práctico, agronómico, ecológico y económico.
Entre otros, podemos citar los siguientes:
a) Residuos de cultivos de grano como maíz, sorgo y trigo, comúnmente denominados biocombustibles celulósicos o de segunda generación. Sistemas de uso dual donde se produce grano como insumo principal, para luego utilizar una parte determinada del resto de la biomasa vegetal que no es grano con fines energéticos.
b) Grano de maíz para elaboración de bioetanol, y de soja, girasol, colza y Jatropha para biodiésel. En la actualidad, estos sistemas son de fin único: el grano del cultivo es el único producto final. Los residuos de cosecha de maíz en estos sistemas de fin único podrían ser económicamente utilizados dentro de un esquema de uso dual.
c) Gramíneas perennes como Miscanthus, Switchgrass, caña de azúcar, pasto elefante, caña de Castilla (o “giant reed”) y otros cultivos de segunda generación. Sistemas bioenergéticos de fin único.

3. ¿Cuál es la situación de nuestro país respecto a la bioenergía? ¿En qué estado se encuentra Argentina respecto al resto del mundo?
Argentina encabezó el ranking de producción mundial en la producción de biodiesel en base a soja hasta 2012. En la actualidad,  disputa el segundo lugar con Brasil, por detrás de EE.UU. Si bien hoy son incipientes otros tipos de cultivo como base en la producción de biodiésel, como son la Jatropha, el girasol y la colza es incipiente, en la Argentina aún poseen menor importancia. Sin embargo, se están sentando las bases para que nuestro país sea un actor de trascendencia mundial en este sentido.

En cuanto al bioetanol, Argentina es aún un productor secundario a nivel mundial, oscilando entre los puestos 7 y 10 del ranking mundial en los últimos 10 años. Se trata de un mercado  repartido principalmente entre EE.UU y Brasil, donde el primero produce entre el 55% y el 60%, y el segundo Brasil entre el 25% y 30% del total mundial.

Argentina cuenta hoy con unas 10 plantas de bioetanol, en base a caña de azúcar, localizadas en Tucumán, Salta y Jujuy, y otras 7 en base a grano de maíz en el centro del país, mayormente en Córdoba.

No obstante, el reciente interés de productores y empresarios en cuanto a bioetanol, sumados al apoyo de líneas de crédito para la radicación de nuevos emprendimientos, permite vislumbrar un panorama muy favorable para la industria del bioetanol en Argentina en los próximos 10 a 15 años. Además, si se tiene en cuenta la potencialidad de utilizar una parte de los rastrojos de cosecha de maíz, trigo y/o sorgo para la elaboración de bioetanol, Argentina tiene el potencial mediato de convertirse en uno de los 3 productores de bioetanol más importantes del mundo. Tomando los datos oficiales de producción de maíz en el período 2005-2015, y suponiendo que la mitad de todo lo producido es grano y la otra mitad rastrojo de maíz (comúnmente conocido como “índice de cosecha”), la sola remoción del 25% de los residuos de cosecha de maíz en las provincias de Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires, permitiría la instalación de hasta 17 plantas de bioetanol con capacidad de producción de entre 100 a 120 millones de litros por año (en base a análisis propio). Este escenario de mínima puede rápidamente crecer hasta las 22 a 26 biorefinerías con tasas de remoción de rastrojos de maíz en torno al 30%, y entre 29 a 35 con tasas de remoción del 40%. Vale aclarar que solo estamos hablando de rastrojo de maíz aquí y en base a datos del período 2005-2015, momento en el cual la superficie destinada a maíz fue sensiblemente menor a la registrada en los últimos 3 años. Rastrojos de otros cultivos como trigo o sorgo podrían sumarse al esquema.

El desafío está en conocer cuánto podemos remover sustentablemente, a largo plazo, y para cada región ecoclimática de Argentina, antes de generar efectos detrimentales en nuestros agroecosistemas. Esos datos no están actualmente disponibles en nuestro país, por lo que se deben generar haciendo ciencia.

4. ¿Posee Argentina características específicas que le permitan avanzar en este tipo de producción?

Sí, ciertamente. La riqueza de nuestros suelos, la bondad de poseer benignos y variados climas en la mayor parte de la zona agropecuaria núcleo del país, sumado al conocimiento agronómico práctico que históricamente acumularon nuestros productores, entre ellos la adopción relativa -sin comparación alguna en el plano mundial- del sistema de siembra directa, hacen que Argentina tenga el potencial para convertirse en uno de los 3 países líderes en producción total de biocombustibles a nivel mundial en el mediano y largo plazo.

5. ¿Cuáles son las principales trabas?

En la actualidad, una de las principales trabas para el desarrollo de Argentina como potencia mundial bioenergética está relacionada a la naturaleza variable de la coyuntura económico-política de los países a los cuales les podemos vender nuestros biocombustibles. Como estos factores son exógenos y, por lo tanto, ajenos a nuestro control, hay poco o nada que podamos hacer al respecto para cambiar la situación.
Una alternativa superadora es la de poder ampliar el nivel de corte de las naftas locales, llevando estos valores del actual 12.5% a niveles por encima del 25% a 30%. Esta última sería una medida muy favorable y factible de hacerse en el corto plazo.

El otro gran inconveniente por superar es la falta de evidencia científica local a más largo plazo y en diferentes regiones del país, que nos proporcione una pauta más robusta de cuánto residuo de cosecha de maíz y otros cultivos podemos remover sustentablemente para la industria bioenergética.

Por último, debemos conocer un poco más sobre cuestiones agronómicas básicas de manejo, logística y transporte de cultivos perennes como Miscanthus y Switchgrass, dos de los cultivos bioenergéticos con mayor potencial de producción. Como dije antes, esto se soluciona apostando a la ciencia de mediano y largo plazo, y existen esfuerzos actuales que trabajan en este sentido.

 

Fuente: Prensa Aapresid

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