Cada 15 de octubre se reconoce el aporte de las mujeres al desarrollo agrícola y rural. En 2026, la conmemoración coincide con el Año Internacional de la Agricultora, mientras la FAO advierte que las desigualdades en el acceso a la tierra, el financiamiento y la tecnología siguen limitando su potencial productivo. Cerrar esas brechas también podría mejorar la seguridad alimentaria de millones de personas.
Este jueves 15 de octubre se celebra en Argentina y en todo el mundo el Día Internacional de las Mujeres Rurales, una fecha establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2007 para reconocer su contribución al desarrollo agrícola, la producción de alimentos, la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza. La conmemoración adquiere especial relevancia en 2026, declarado por la ONU como Año Internacional de la Agricultora.
Las mujeres rurales cumplen un papel fundamental en el funcionamiento de los sistemas agroalimentarios. Participan en la producción agrícola y ganadera, la elaboración y comercialización de alimentos, la administración de establecimientos y el desarrollo de emprendimientos, además de asumir una parte importante de las tareas domésticas y de cuidado no remuneradas.
Una de cada tres trabajadoras participa en los sistemas agroalimentarios
Según un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), publicado en 2023, el 36% de las mujeres empleadas en el mundo trabaja en los sistemas agroalimentarios, que comprenden actividades que van desde la producción primaria hasta el procesamiento, la distribución y la comercialización.
En América Latina y el Caribe, las mujeres representan el 36% de la fuerza laboral de estos sistemas, de acuerdo con un informe regional presentado por la FAO en 2025. De las mujeres que trabajan en el sector, el 71% se desempeña en actividades no agrícolas, como el procesamiento de alimentos y su comercialización.
Sin embargo, esa participación no siempre se traduce en igualdad de oportunidades.
Las productoras y trabajadoras rurales continúan enfrentando obstáculos para acceder a la propiedad de la tierra, el crédito, la capacitación, las nuevas tecnologías y los espacios donde se toman las decisiones productivas y comerciales.
A estas dificultades se suma la distribución desigual del trabajo doméstico y de cuidado, que puede reducir el tiempo disponible para desarrollar actividades económicas, capacitarse o participar en organizaciones del sector.
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Cerrar las brechas podría mejorar la alimentación de millones de personas
La desigualdad también tiene consecuencias directas sobre la producción y la disponibilidad de alimentos.
En un informe publicado en 2011, la FAO estimó que garantizar a las mujeres el mismo acceso a los recursos productivos que los hombres podría aumentar los rendimientos de sus explotaciones entre un 20% y un 30%, con potencial para reducir el número de personas que padecían hambre en aquel momento entre 100 y 150 millones.
La estimación reflejaba que las diferencias de productividad no respondían a una menor capacidad de las agricultoras, sino principalmente a las desigualdades en la disponibilidad de recursos.
Posteriormente, en su informe de 2023 sobre las mujeres en los sistemas agroalimentarios, la FAO calculó que abordar las brechas de género podría incrementar el producto interno bruto mundial en un billón de dólares y reducir la inseguridad alimentaria de 45 millones de personas.
Se trata de estimaciones elaboradas en distintos años y con alcances diferentes, pero ambas ponen de manifiesto la relación entre igualdad de oportunidades, desarrollo productivo y seguridad alimentaria.
El aporte de las mujeres al campo argentino
En Argentina, el Día Internacional de las Mujeres Rurales también permite reconocer una participación que atraviesa numerosas actividades vinculadas al agro.
Productoras agrícolas y ganaderas, trabajadoras rurales, veterinarias, ingenieras agrónomas, investigadoras, técnicas, emprendedoras y dirigentes de organizaciones agropecuarias forman parte de una estructura productiva en la que las mujeres intervienen tanto en las tareas de campo como en la gestión y la toma de decisiones.
Su contribución no se limita al trabajo dentro de los establecimientos. También alcanza a la administración de empresas familiares, la incorporación de tecnologías, la generación de valor agregado, la comercialización y el sostenimiento de las comunidades rurales.
La posibilidad de acceder a capacitación, financiamiento, conectividad y herramientas productivas resulta especialmente importante para fortalecer su participación económica y ampliar las oportunidades de desarrollo en el interior del país.
2026, un año dedicado a reconocer a las agricultoras
La conmemoración de este 15 de octubre coincide con el Año Internacional de la Agricultora 2026, una iniciativa de las Naciones Unidas coordinada por la FAO junto con otros organismos internacionales.
Su objetivo es visibilizar la contribución de las mujeres a los sistemas agroalimentarios y promover medidas destinadas a reducir las desigualdades en el acceso a los recursos, las oportunidades económicas y los ámbitos de decisión.
La iniciativa comprende a agricultoras, ganaderas, campesinas, trabajadoras rurales, investigadoras, emprendedoras y todas aquellas mujeres que participan en las distintas etapas de las cadenas agroalimentarias.
En este contexto, la FAO sostiene que reconocer su trabajo debe ir acompañado de políticas, inversiones y herramientas concretas que permitan mejorar sus condiciones productivas.
Durante la presentación del Año Internacional de la Agricultora, Beth Bechdol, directora general adjunta de la FAO, planteó la necesidad de “convertir el compromiso en práctica, y la práctica en efectos mensurables”.
El mensaje resume uno de los principales desafíos de esta fecha: avanzar del reconocimiento del trabajo de las mujeres rurales hacia condiciones que les permitan desarrollar plenamente su capacidad productiva, económica y social.








































