Los contratistas forrajeros consolidan su rol estratégico en la alimentación animal. La actividad sigue creciendo en superficie, tecnología y demanda, aunque la suba de la carne y el retraso del precio de la leche generan realidades muy distintas a la hora de pagar el servicio de picado.
La actividad de los contratistas forrajeros atraviesa una etapa de fuerte consolidación en la Argentina, apalancada por cambios profundos en los sistemas ganaderos y lecheros. Más hectáreas destinadas a forrajes conservados, mayor incorporación de tecnología y una demanda que se sostiene incluso en contextos económicos complejos confirman que el sector dejó de ser marginal para transformarse en una pieza estructural de la producción animal.
Ese crecimiento, sin embargo, convive hoy con un escenario desigual: mientras la ganadería de carne ganó poder de compra, la lechería enfrenta una ecuación mucho más ajustada, lo que impacta de lleno en la relación costo-beneficio del servicio de picado.
Más superficie, más forraje, más demanda
Fernando Opacak, coordinador general de la Cámara de Contratistas Forrajeros (CAFC), describe un proceso que no se limita a lo coyuntural, sino que responde a una tendencia de fondo.
“La cantidad de hectáreas que se ensilan crece año tras año. Hay una migración clara hacia sistemas donde el animal depende cada vez más de forrajes conservados y menos del pastoreo directo”, explicó.
En la última campaña, la superficie destinada al picado rondó los 2 millones de hectáreas, repartidas prácticamente en partes iguales entre los sistemas de carne y de leche. “Eso demuestra que el servicio de picado pasó a ser estructural dentro de la producción ganadera argentina”, subrayó.
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Carne y leche: dos realidades, una misma hectárea
La principal tensión del momento pasa por la brecha de precios entre la carne y la leche, que redefine la capacidad de pago de los productores.
“La carne tuvo una suba interanual cercana al 90%, lo que mejora notablemente el poder de compra del productor ganadero. En cambio, la leche al productor aumentó apenas entre un 2% y un 10%”, detalló Opacak.
La comparación es directa: hoy, un productor de carne necesita menos kilos de su producto para pagar una hectárea de ensilado que el año pasado. En el tambo ocurre lo contrario: hacen falta más litros de leche para cubrir el mismo servicio.
Aun así, el picado sigue siendo una decisión validada por los productores lecheros. “El silo continúa siendo una de las reservas más eficientes y económicas. Aporta proteína, energía y fibra, y se produce dentro del propio establecimiento. No hay muchas alternativas con esa eficiencia”, remarcó.
Una campaña con rindes que sorprenden
Desde lo productivo, la campaña forrajera viene mostrando resultados por encima de los promedios históricos en varias regiones del país.
“Estamos viendo rindes que superan sin problemas las 35 o 40 toneladas por hectárea en distintas cuencas. Los cultivos de primera están cerrando con números realmente muy buenos”, señaló el referente de la CAFC.
El maíz vuelve a ser el cultivo estrella del picado, con siembras tempranas y cosechas concentradas entre diciembre y enero. Luego, el calendario se reactiva desde marzo con maíces de segunda y sorgo.
Además, la actividad dejó de ser estacional. “Hoy el contratista trabaja prácticamente todo el año: alfalfa durante varios meses y excelentes resultados en pasturas de invierno como avena, cebada, trigo y centeno”, destacó Opacak.
Tecnología de punta y normalización del mercado
Otro rasgo distintivo del sector es el alto nivel tecnológico de los contratistas argentinos, comparable con el de los principales países productores.
“La tecnología que se usa en Argentina es la misma que se ve en Europa o Estados Unidos. Las picadoras y equipos que se presentan en ferias internacionales llegan al mismo tiempo”, afirmó.
Tras años de restricciones, el acceso a maquinaria y repuestos muestra señales de normalización. Incluso, algunos contratistas comenzaron a importar equipos usados por cuenta propia, sin depender exclusivamente de los fabricantes.
“También mejoró mucho el abastecimiento de repuestos y cubiertas, claves para sostener la operatividad de la tecnología de precisión”, agregó.
Crédito, ferias y decisiones clave
En un contexto macroeconómico todavía desafiante, el financiamiento sigue siendo central para la renovación tecnológica. Según Opacak, los créditos en dólares a tasa fija ganaron protagonismo por su previsibilidad, aunque también existen opciones en pesos para bienes de capital.
Las grandes exposiciones funcionan como verdaderos termómetros del año. “Expoagro marca el pulso: ahí se definen muchas de las condiciones comerciales y financieras que después se replican”, sostuvo.
El sector se prepara para su gran cita
Con una actividad en expansión y desafíos por delante, la CAFC ya organiza el 2° Congreso Argentino de Forrajes, que se realizará del 19 al 21 de agosto en Córdoba.
“La primera edición superó ampliamente las expectativas, con más de 1.300 asistentes. Ahora queremos consolidarlo como el gran punto de encuentro del sector”, anticipó Opacak.
En un escenario donde la eficiencia es una necesidad transversal, los contratistas forrajeros refuerzan su protagonismo. Y la síntesis del momento queda clara: para algunos, el picado hoy se paga con menos carne; para otros, con más leche.











































