El Niño 2026: advierten por inundaciones en el norte argentino y efectos sobre el agro

Mapa ilustrativo del océano Pacífico ecuatorial con el calentamiento asociado a El Niño 2026 extendiéndose hacia Sudamérica.
La CEPAL advirtió que la posible intensificación de El Niño durante 2026 podría generar lluvias superiores a lo habitual en el norte argentino y aumentar el riesgo de inundaciones, con consecuencias potenciales sobre los cultivos, los caminos rurales y la infraestructura vinculada al comercio. El organismo recogió proyecciones que ubican por encima del 90% la probabilidad de un evento muy fuerte y en 75% la posibilidad de una magnitud histórica hasta diciembre, aunque aclaró que los efectos productivos dependerán de cómo se distribuyan las precipitaciones.

El foco pasa de la intensidad a sus consecuencias

El posible desarrollo de un El Niño de magnitud excepcional vuelve a colocar al clima entre las principales variables de seguimiento para la campaña agrícola 2026/27.

Un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) analizó proyecciones de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) que ubican por encima del 90% la probabilidad de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte.

Dentro de ese escenario, la posibilidad de que el episodio adquiera una magnitud histórica hasta diciembre de 2026 se sitúa en torno del 75%.

Pero el aspecto central para la producción argentina no está únicamente en esa clasificación.

La CEPAL puso el foco sobre las consecuencias que un fenómeno de gran intensidad puede generar sobre las precipitaciones, la agricultura, la infraestructura y los mercados internacionales de alimentos.

El norte argentino, entre las regiones a seguir

Para la Argentina, el organismo identificó especialmente al norte del país entre las regiones donde los episodios de El Niño suelen estar asociados con precipitaciones significativamente superiores a los valores normales.

La mayor disponibilidad de agua puede representar una ventaja para algunos sistemas productivos.

En regiones donde los perfiles necesitan recuperar humedad, un incremento de las lluvias puede mejorar las condiciones para los cultivos.

Sin embargo, esa misma señal puede convertirse en un problema cuando las precipitaciones superan la capacidad de absorción de los suelos o se concentran en períodos cortos.

El riesgo pasa entonces de la falta de agua al exceso.

Las inundaciones también pueden afectar la producción

La CEPAL advirtió sobre la posibilidad de inundaciones fluviales en las regiones más expuestas.

“Existe el riesgo de inundaciones que podrían afectar a la misma actividad agrícola y también las infraestructuras necesarias para el comercio”, indicó el organismo.

Para el agro, un escenario de excesos hídricos puede tener impactos diferentes según la zona y el momento del ciclo productivo.

Las dificultades pueden aparecer durante las tareas de siembra, en lotes con problemas de drenaje o en campos donde el exceso de humedad impide el ingreso de maquinaria.

También puede verse comprometida la logística.

Los caminos rurales, accesos a establecimientos e infraestructura utilizada para trasladar la producción pasan a ser variables críticas cuando las lluvias se vuelven persistentes o extraordinarias.


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Más lluvia no significa necesariamente menores rindes

El informe introduce una aclaración importante.

Un escenario con mayores precipitaciones no implica automáticamente pérdidas generalizadas de producción en la Argentina.

Los efectos dependerán de varios factores: la distribución geográfica de las lluvias, el estado previo de los perfiles de suelo y la etapa en la que se encuentren los cultivos cuando ocurran los principales eventos.

“Mientras determinadas regiones pueden experimentar pérdidas de rendimiento por sequías o excesos de precipitaciones, otras pueden beneficiarse de condiciones climáticas más favorables”, señaló la CEPAL.

Esa heterogeneidad es una de las principales características de los fenómenos de El Niño.

Una misma campaña puede presentar sectores con una disponibilidad hídrica favorable y otros sometidos a anegamientos o dificultades operativas.

Todavía no hay una estimación de pérdidas para soja, maíz o trigo

La CEPAL aclaró que, por el momento, no existen estimaciones específicas sobre posibles reducciones de rendimiento de soja, maíz o trigo en Argentina durante la campaña 2026/27.

Ese dato resulta relevante frente a la intensidad proyectada del fenómeno.

La elevada probabilidad de un Niño muy fuerte no permite traducir directamente el escenario en un porcentaje determinado de pérdidas productivas.

Para llegar a esa instancia será necesario conocer cómo evolucionan las precipitaciones y en qué regiones terminan concentrándose los principales excesos.

También será determinante el momento en que ocurran respecto de la implantación, desarrollo y cosecha de los cultivos.

Los grandes episodios que quedaron en la historia

Para dimensionar el escenario, la CEPAL repasó algunos de los eventos de El Niño más intensos registrados durante las últimas décadas.

Entre ellos mencionó los episodios de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016, además del fenómeno fuerte registrado entre 2023 y 2024.

El posible episodio de 2026 aparece, según las proyecciones consideradas en el informe, dentro del grupo de eventos que podrían ubicarse entre los más intensos de las últimas décadas.

Esto no significa que vaya a reproducir exactamente los impactos de fenómenos anteriores.

Cada evento presenta diferencias en su evolución y sus consecuencias territoriales.

El impacto económico puede continuar durante años

Uno de los aspectos destacados por el organismo es que los efectos de un fenómeno climático de esta magnitud pueden extenderse mucho más allá del período en que ocurren las anomalías meteorológicas.

La CEPAL citó investigaciones internacionales que calcularon para El Niño de 1997-1998 pérdidas de ingresos globales de entre US$2,1 billones y US$5,7 billones.

Según el análisis, determinados efectos económicos pueden persistir durante tres años, mientras otros trabajos extienden esas consecuencias hasta cinco años.

El mecanismo comienza por el clima, pero puede trasladarse posteriormente hacia la producción, la infraestructura, el comercio y los precios.

Precipitaciones, temperatura y disponibilidad de agua

La CEPAL explicó que El Niño modifica las condiciones productivas fundamentalmente mediante cambios en las lluvias, las temperaturas y la disponibilidad de agua.

Estas variables afectan de manera directa la agricultura.

Un déficit hídrico puede limitar los rendimientos, mientras que un exceso de precipitaciones puede dificultar las labores, provocar anegamientos y alterar la logística.

Por eso, el efecto económico no es uniforme.

El desempeño de cada región dependerá de cuánto se aparte el clima de sus condiciones habituales y de la capacidad de los sistemas productivos para absorber esas variaciones.

Los efectos pueden llegar a los precios internacionales

Las consecuencias de un Niño intenso tampoco quedan necesariamente limitadas a los países donde se producen los eventos meteorológicos más importantes.

La CEPAL señaló que las alteraciones en la producción agrícola pueden trasladarse a los mercados internacionales de alimentos.

Según las proyecciones consideradas en el informe, el trigo duro podría experimentar un incremento importante de precios.

El maíz también podría mostrar una tendencia alcista.

En cambio, la soja y el trigo rojo podrían registrar bajas.

Para el arroz, la proyección contempla una reducción inicial de las cotizaciones seguida de una recuperación posterior.

El propio documento advierte, no obstante, que estas estimaciones mantienen un grado considerable de incertidumbre.

Una campaña condicionada también por la logística

Para la producción argentina, uno de los interrogantes centrales pasa por cuánto pueden afectar las precipitaciones extraordinarias no sólo a los cultivos, sino a la posibilidad de trasladar la mercadería.

Una campaña con buenos rendimientos puede igualmente enfrentar dificultades si el estado de los caminos impide sacar la cosecha o si los excesos hídricos afectan infraestructura estratégica.

Por ese motivo, el análisis amplía el concepto de riesgo climático.

No se trata únicamente de cuánto puede producir un lote, sino también de si será posible sembrarlo, ingresar con maquinaria, cosecharlo y transportar luego la producción.

El 75% ya no es el único dato a mirar

La posibilidad de que El Niño alcance una magnitud histórica durante los últimos meses de 2026 constituye uno de los principales datos climáticos de la campaña.

Sin embargo, a medida que el fenómeno avanza, la atención comienza a desplazarse desde la probabilidad de ocurrencia hacia la forma concreta que podrían adoptar sus impactos.

Para la Argentina, la CEPAL pone ahora un foco particular sobre el norte del país, donde las lluvias superiores a lo normal pueden mejorar inicialmente la disponibilidad de agua, pero también elevar el riesgo de inundaciones.

El escenario obliga así a seguir simultáneamente los perfiles de suelo, la distribución de las precipitaciones, el estado de los cultivos y la infraestructura rural.

El posible Súper Niño de 2026 no implica por sí solo un resultado productivo determinado: la diferencia entre una campaña favorecida por una mayor oferta de agua y otra condicionada por excesos dependerá de dónde, cuándo y con qué intensidad terminen ocurriendo las lluvias.

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