Un informe proyecta un salto productivo histórico si se eliminan retenciones y se destraban inversiones
El campo argentino vuelve a mostrar su potencial con números que impactan: la producción agropecuaria podría crecer un 90% en los próximos diez años y alcanzar 251 millones de toneladas, según un informe del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral junto al IAE Business School.
El dato no es menor: de concretarse este escenario, el agro pasaría a ser el principal motor del crecimiento económico del país.
Qué tiene que pasar para que el agro pegue el salto
El informe es claro: el crecimiento no depende solo del productor, sino de cambios estructurales.
El principal punto es la eliminación de los derechos de exportación. Según los investigadores, la presión fiscal actual sobre la renta agrícola llega al 55,5% en cultivos clave como soja, maíz, trigo y girasol, lo que limita fuerte la inversión.
A esto se suman otros factores determinantes:
Mejora en infraestructura logística
Mayor adopción de tecnología
Renovación del parque de maquinaria
Expansión del área sembrada en 6,5 millones de hectáreas
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Más producción, más dólares
Hoy, el complejo agroindustrial explica:
El 23% del PBI
El 60% de las exportaciones
Y el 45% de las divisas a través de granos y derivados
Con estas bases, el salto a 251 millones de toneladas implicaría más volumen exportable, más ingreso de dólares y mayor actividad en toda la cadena.
El debate: retenciones vs. tecnología
Mientras desde el Gobierno, encabezado por Javier Milei, se plantea que el crecimiento puede acelerarse mediante el uso de semilla fiscalizada, el informe pone el foco en otro eje: la carga impositiva como principal freno.
“La presión fiscal reduce los incentivos a invertir y adoptar tecnología”, advierten desde el IAE.
Un cambio de modelo
El diagnóstico es contundente: Argentina tiene una base agroindustrial “extraordinaria”, pero condicionada por la macroeconomía.
Para los especialistas, el desafío es claro: pasar de un esquema extractivo a uno basado en inversión y productividad.
Si eso ocurre, el agro no solo crecería, sino que podría convertirse en el eje estructural de la economía argentina en la próxima década.












































