Un relevamiento del INTA Paraná en establecimientos de Villa Urquiza, las islas de Victoria y una zona próxima a Puerto Gaboto determinó que no existe una altura única del río Paraná que permita decidir cuándo evacuar la hacienda de las islas. La cota del albardón, los accesos, la distancia al embarcadero, la disponibilidad de embarcaciones y el tiempo de navegación modifican el margen operativo de cada campo. En uno de los casos analizados, retirar 500 animales demandaría 18 viajes fluviales, 12 personas y alrededor de tres días de trabajo.
Anticipar la salida amplía el margen para evacuar
Cuando el río Paraná comienza a crecer, la decisión sobre cuándo retirar la hacienda puede definir buena parte de la seguridad y eficiencia del operativo.
Esperar hasta que el agua comprometa corrales, caminos internos o embarcaderos reduce las alternativas disponibles.
Por ese motivo, especialistas del INTA Paraná analizaron distintos establecimientos de islas para determinar qué variables deberían considerarse antes de iniciar una evacuación.
El estudio mostró que la altura del río no puede utilizarse como una referencia universal para todos los campos.
Cada establecimiento responde de manera diferente según su topografía, infraestructura, accesos y capacidad logística.
Una misma altura del Paraná no produce el mismo efecto
El relevamiento comparó situaciones de Villa Urquiza, las islas de Victoria y un sector próximo a Puerto Gaboto.
Según explicó Matías Martínez, especialista en economía del INTA Paraná, la respuesta frente a una creciente varía incluso entre establecimientos ubicados dentro de un mismo sistema fluvial.
Entre los factores determinantes aparecen la altura del albardón, la distancia al embarcadero, el acceso a los corrales, la capacidad de las embarcaciones y el tiempo necesario para navegar.
Todas esas variables condicionan tanto la cantidad de animales que pueden retirarse por jornada como el último momento seguro para comenzar la evacuación.
Villa Urquiza: la pérdida de superficie comienza cerca de 4,30 metros
El estudio encontró diferencias concretas entre las zonas relevadas.
“En Villa Urquiza, por ejemplo, la pérdida de superficie comienza cerca de los 4,30 metros y la alerta interna se ubica en 4,70 metros, según la referencia del hidrómetro de Paraná”, señaló Martínez.
En ese establecimiento, esos valores sirven para relacionar el comportamiento del río con lo que efectivamente ocurre dentro del campo.
Sin embargo, trasladar ese mismo umbral a otra zona podría llevar a decisiones equivocadas.
En Victoria, el límite aparece con otra referencia
La situación analizada en las islas de Victoria mostró un comportamiento diferente.
Según Martínez, el establecimiento relevado pierde toda la tierra disponible cuando el puerto de Rosario registra 4,50 metros.
La comparación demuestra por qué una misma cifra no puede utilizarse como regla general.
Cada productor necesita saber cómo se relaciona la estación hidrométrica de referencia con las condiciones de su establecimiento.
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Cerca de Puerto Gaboto, el albardón permite ganar tiempo
En el caso analizado próximo a Puerto Gaboto, el relieve ofrece otro margen operativo.
El albardón permite mantener parte del rodeo durante alturas mayores del río.
Pero esa posibilidad tiene una condición: que todavía exista alimento suficiente para sostener a los animales.
El nivel del agua deja así de ser la única variable.
También importa cuánto tiempo podrá mantenerse el rodeo sobre las superficies que permanecen emergidas.
“No existe una única altura del río”
La principal conclusión del relevamiento fue precisamente esa.
“No existe una única altura del río válida para tomar decisiones en el conjunto de las islas”, subrayó Martínez.
La recomendación del INTA es que cada establecimiento construya su propia relación entre la estación hidrométrica que utiliza y lo que sucede dentro del campo.
Entre las señales concretas deberían observarse la pérdida de superficie útil, la interrupción del acceso al corral, la necesidad de comenzar a suplementar y el último momento en el que todavía puede realizarse una salida segura.
Sacar 500 animales puede demandar 18 viajes
La magnitud de la logística necesaria aparece con claridad en uno de los casos estudiados.
Ernesto Massa, especialista en ganadería de islas del INTA Paraná, explicó que para retirar 500 animales en Villa Urquiza se estimaron:
18 viajes fluviales, con una capacidad aproximada de 29 cabezas por viaje, y la participación de 12 personas durante tres días.
El cálculo muestra por qué esperar hasta último momento puede dejar al productor sin tiempo suficiente para retirar el rodeo.
Tres días pueden convertirse rápidamente en una ventana demasiado corta
El tiempo disponible es una de las variables más críticas.
En Villa Urquiza, completar el operativo demandaría aproximadamente tres días.
Para el establecimiento de Victoria, el relevamiento calculó una ventana de entre tres y cuatro días.
A eso se agrega que durante una creciente la navegación puede extenderse entre 4,5 y 6 horas.
“Una demora, la falta de embarcaciones o una dificultad en la carga pueden reducir rápidamente el margen de seguridad”, explicó Massa.
No alcanza con conseguir una embarcación
La evacuación requiere coordinar diferentes componentes al mismo tiempo.
Es necesario disponer de personal para realizar el arreo, embarcaciones, puntos de carga, corrales y transporte terrestre una vez que los animales llegan a tierra firme.
También debe estar resuelto el lugar donde permanecerá posteriormente la hacienda.
La falta de cualquiera de esos elementos puede retrasar toda la operación.
Por eso, el INTA plantea que la planificación debe comenzar antes de que el agua convierta el traslado en una emergencia.
El problema continúa después de sacar los animales
Mover el rodeo fuera de la isla no termina con el riesgo.
Una vez evacuados, los animales necesitan permanecer durante un período que dependerá de la duración de la creciente.
El campo receptor debe contar con agua, alimentación, alojamiento, personal y atención sanitaria.
También deben contemplarse eventuales pérdidas de peso, problemas sanitarios, mortalidad y los costos asociados al traslado.
Las reservas forrajeras también deben estar previstas
El tiempo que dure la creciente puede transformar la alimentación en uno de los principales problemas.
“Contar con reservas y acuerdos operativos previos ayuda a mantener disponibles la alimentación, el agua, la sanidad, el alojamiento y los servicios necesarios”, destacó Massa.
La planificación debería incluir entonces no sólo cómo sacar los animales, sino también cómo mantenerlos durante todo el período fuera de las islas.
Y después habrá que organizar el regreso
El operativo tampoco termina cuando baja el río.
El productor deberá determinar cuándo existen nuevamente condiciones para regresar con la hacienda, reconstruir o revisar infraestructura y garantizar que el campo vuelva a tener capacidad de sostener los animales.
La creciente genera así una secuencia completa de decisiones: preparación, evacuación, permanencia en tierra firme y retorno.
Cada etapa necesita recursos y coordinación.
Dos niveles propios: preparación y salida
Una de las principales recomendaciones del INTA es que cada establecimiento establezca dos niveles de referencia propios.
El primero debe funcionar como nivel de preparación.
Al alcanzarlo, deberían activarse las tareas previas: revisar embarcaciones, confirmar personal, ordenar el rodeo y asegurar los campos receptores.
El segundo debe ser un nivel de salida.
Ese punto debe establecerse antes de que se pierda el acceso al corral o al embarcadero.
Inventariar el rodeo antes de una emergencia
El informe también recomienda actualizar el inventario de animales según categoría, peso y prioridad de extracción.
Esta información permite definir qué grupos deben salir primero y dimensionar mejor las necesidades de transporte.
También resulta necesario conocer la capacidad real de las embarcaciones y no basar la planificación en estimaciones teóricas.
Una diferencia pequeña en la cantidad de animales transportados por viaje puede representar horas o incluso jornadas adicionales cuando se trabaja con rodeos numerosos.
Los pronósticos oficiales deben formar parte de la decisión
Además de las señales observadas dentro del establecimiento, el INTA remarcó que las decisiones deben apoyarse en pronósticos oficiales actualizados.
La información sobre la evolución futura del río puede aportar tiempo adicional para organizar una evacuación.
Pero debe combinarse con el conocimiento específico del campo.
La altura hidrométrica sirve como referencia sólo cuando el productor sabe qué consecuencias concretas produce ese nivel dentro de su establecimiento.
Anticipar puede ser la principal herramienta de seguridad
El estudio muestra que una evacuación de hacienda desde las islas del Paraná es una operación compleja que puede requerir varios días, numerosas personas y múltiples viajes.
Por eso, comenzar tarde reduce rápidamente las alternativas.
La conclusión del INTA es que cada establecimiento debe construir sus propios umbrales de preparación y salida, vinculando la evolución del río con lo que realmente ocurre en corrales, embarcaderos, albardones y superficies de pastoreo.
En una creciente, anticiparse no evita el traslado, pero amplía el margen operativo para organizarlo y reduce el riesgo de tener que evacuar el rodeo cuando el agua ya condiciona las posibilidades de salida.










































