Un ensayo de larga duración realizado por el INTA San Salvador comprobó que los efectos de herbicidas utilizados en arroz podían manifestarse sobre el maíz más de 300 días después de su aplicación. La incorporación de trébol alejandrino como cultivo de servicio redujo la fitotoxicidad, mejoró las condiciones del suelo y permitió obtener hasta 1.566 kilos más de maíz por hectárea, un incremento del 35%, en el híbrido más sensible evaluado.
Un ensayo de larga duración en rotaciones con arroz
La persistencia de herbicidas en sistemas arroceros puede condicionar el desarrollo de los cultivos implantados posteriormente.
Frente a este problema, un equipo de la Agencia de Extensión Rural INTA San Salvador realizó un ensayo de larga duración para estudiar rotaciones de arroz con maíz y soja y evaluar el aporte del trébol alejandrino como cultivo de servicio.
El trabajo buscó determinar de qué manera una cobertura vegetal podía estimular la actividad biológica del suelo, favorecer la degradación de herbicidas residuales y mejorar posteriormente el desarrollo del maíz.
“Se observó una notable mejora en las condiciones del suelo en profundidad cuando se incorpora el cultivo de servicio”, explicó Héctor Rodríguez, investigador del INTA San Salvador y director del trabajo.
Según el especialista, el resultado podría estar asociado con una mayor actividad microbiana y con el aporte de biomasa del trébol alejandrino, factores que favorecerían la degradación de los herbicidas acumulados.
La fitotoxicidad seguía apareciendo más de 300 días después
Uno de los resultados más relevantes fue la persistencia de los efectos vinculados con los herbicidas empleados previamente en arroz.
“Aun después de más de 300 días desde la aplicación de los herbicidas en arroz, se observaron síntomas de fitotoxicidad sobre el maíz”, indicó Rodríguez.
La incorporación del trébol alejandrino permitió disminuir esa manifestación y generar mejores condiciones para el crecimiento del cultivo siguiente.
El efecto fue observado tanto en híbridos tolerantes como no tolerantes a imidazolinonas.
La cobertura redujo la fitotoxicidad en profundidad
El trabajo combinó un ensayo en macroparcelas con diferentes materiales de maíz y análisis de muestras de suelo tomadas a distintas profundidades.
Los resultados mostraron que las parcelas con trébol alejandrino ofrecieron un ambiente más favorable para el desarrollo de las raíces, con mejoras que aumentaron en los estratos más profundos.
“Entre los 0 y 30 centímetros de profundidad, el cultivo de servicio redujo la fitotoxicidad un 21%, alcanzando un 34% de favorecimiento en la capa de 10 a 30 centímetros”, puntualizó Rodríguez.
Este dato es importante porque muestra que el efecto no quedó limitado a la superficie.
Más materia orgánica en los lotes con trébol alejandrino
Las parcelas manejadas con esta leguminosa también registraron mayor contenido de materia orgánica que aquellas bajo el esquema tradicional.
El aporte de biomasa y una mayor actividad biológica aparecen entre los mecanismos asociados con la mejora del ambiente edáfico.
De acuerdo con las conclusiones del estudio, esos procesos también pueden contribuir a la degradación de las imidazolinonas acumuladas en el sistema.
La absorción de estos compuestos por parte de la biomasa del cultivo de servicio también formaría parte del proceso.
Te puede interesar
Pronóstico de lluvias hasta el 26 de octubre
Crédito para la campaña 2026/27: qué opciones arrancan en 5% en dólares y 16,6% en pesos
Río Uruguay: ganaderos trasladan hacienda ante el riesgo de campos inundados y caminos cortados
CREA identifica el tercer buen momento para invertir en el agro desde 2012
Feedlots récord: crece el encierre de hacienda y cae la salida de animales
El proyecto contra el vandalismo rural obtuvo dictamen favorable y quedó listo para el recinto de Diputados
Google ahora te deja elegir qué medio ver primero: activá Ruralnet en un click y cambiá tu forma de informarte
El maíz mostró una mejor implantación
La mejora del suelo tuvo una respuesta visible sobre el cultivo posterior.
Rodríguez señaló que la presencia del trébol alejandrino favoreció el establecimiento inicial del maíz y el desempeño general de los distintos híbridos evaluados.
“La incorporación de este cultivo de cobertura permitió acompañar el crecimiento inicial y potenciar el rendimiento general de los distintos híbridos evaluados”, explicó.
Las diferencias se observaron posteriormente en distintos componentes del rendimiento.
Hasta 1.566 kilos más de maíz por hectárea
El efecto más marcado apareció en el híbrido que mostró mayor sensibilidad dentro de la rotación.
Con trébol alejandrino, su rendimiento aumentó 1.566 kilogramos por hectárea respecto del esquema sin cobertura.
La diferencia representó una mejora del 35%.
En el segundo material evaluado, el incremento fue de 557 kilos por hectárea, equivalente a una suba del 11%.
Espigas más grandes y mayor fijación de granos
El aumento del rendimiento estuvo acompañado por otras mejoras observadas durante el ciclo.
Según el informe, las parcelas con cultivo de servicio presentaron mejores condiciones de implantación, mayor uniformidad, espigas de mayor tamaño y una fijación de granos más eficiente.
Estos resultados muestran que la respuesta productiva no quedó limitada únicamente a una reducción visual de la fitotoxicidad.
El mejor ambiente para las raíces y el desarrollo inicial terminó trasladándose a la producción final de grano.
El cultivo de servicio como herramienta dentro de la rotación
Las conclusiones del trabajo ubican al trébol alejandrino como una herramienta capaz de cumplir diferentes funciones dentro de los sistemas arroceros.
Por un lado, favoreció la reducción de los efectos de herbicidas residuales.
Por otro, incrementó la materia orgánica y estimuló condiciones biológicas más favorables en el suelo.
Finalmente, esas mejoras se reflejaron en el comportamiento del maíz implantado posteriormente.
El resultado más contundente se observó en el material de mayor sensibilidad, donde el rendimiento aumentó 35% y sumó 1.566 kilos por hectárea.
El estudio muestra así que la incorporación de un cultivo de servicio puede intervenir sobre un problema que persiste mucho después de la aplicación de los herbicidas y, al mismo tiempo, mejorar las condiciones productivas del cultivo siguiente.








































