Trébol alejandrino en arroz: redujo la fitotoxicidad y elevó hasta 35% el rinde del maíz

Trébol alejandrino utilizado como cultivo de servicio en una rotación agrícola con maíz, para mejorar las condiciones del suelo y favorecer el cultivo siguiente.
Un ensayo de larga duración realizado por el INTA San Salvador mostró que incorporar trébol alejandrino como cultivo de servicio dentro de rotaciones arroceras mejoró las condiciones del suelo, redujo los efectos de fitotoxicidad asociados a herbicidas residuales y favoreció el desarrollo posterior del maíz. En el híbrido más sensible, el rendimiento aumentó 1.566 kilos por hectárea, un 35%, mientras que otro material produjo 557 kilos adicionales, equivalentes a una mejora del 11%.

Un cultivo de servicio para mejorar la rotación después del arroz

La incorporación de cultivos de servicio aparece como una herramienta para mejorar el funcionamiento de los sistemas arroceros y reducir algunos de los problemas que pueden afectar a los cultivos implantados posteriormente.

Un equipo de la Agencia de Extensión Rural INTA San Salvador desarrolló un ensayo de larga duración para estudiar rotaciones de arroz con maíz y soja y evaluar particularmente el comportamiento del trébol alejandrino como cobertura.

El trabajo analizó tanto su aporte sobre la condición del suelo como su posible contribución a la degradación de herbicidas residuales.

Según los resultados, la presencia del cultivo de servicio generó un ambiente más favorable para las raíces, mayor materia orgánica y una menor expresión de fitotoxicidad sobre el maíz posterior.

El problema de los herbicidas puede persistir más de 300 días

Uno de los datos relevantes del estudio fue la persistencia de efectos asociados a los herbicidas utilizados en arroz.

“Aun después de más de 300 días desde la aplicación de los herbicidas en arroz, se observaron síntomas de fitotoxicidad sobre el maíz”, explicó Héctor Rodríguez, investigador del INTA San Salvador y director del trabajo.

La incorporación del trébol alejandrino permitió reducir esa manifestación.

Según Rodríguez, la explicación estaría vinculada con varios procesos que se producen simultáneamente: mayor actividad biológica, incremento de la materia orgánica y absorción por parte de la biomasa del cultivo de servicio.

Esos mecanismos favorecerían la degradación de las imidazolinonas acumuladas en el sistema.

Hasta 34% de mejora en los estratos más profundos

Los investigadores combinaron ensayos en macroparcelas con diferentes híbridos de maíz y análisis de muestras de suelo tomadas a distintas profundidades.

Los resultados mostraron diferencias entre las parcelas con trébol alejandrino y aquellas manejadas sin esa cobertura.

“Entre los 0 y 30 centímetros de profundidad, el cultivo de servicio redujo la fitotoxicidad un 21%, alcanzando un 34% de favorecimiento en la capa de 10 a 30 centímetros”, detalló Rodríguez.

La mejora fue especialmente visible en los estratos más profundos del perfil, donde las condiciones resultaron más favorables para el crecimiento radicular.

Más materia orgánica y mejores condiciones para las raíces

Las parcelas que habían tenido trébol alejandrino registraron además un contenido superior de materia orgánica respecto de los tratamientos manejados de manera tradicional.

Para los investigadores, este cambio contribuyó a generar un ambiente edáfico más favorable.

“Se observó una notable mejora en las condiciones del suelo en profundidad cuando se incorpora el cultivo de servicio”, señaló Rodríguez.

El especialista vinculó el resultado con una mayor actividad microbiana y con el aporte de biomasa realizado por la leguminosa.

Ese funcionamiento biológico podría explicar parte de la mayor degradación de herbicidas residuales y la consecuente disminución de síntomas sobre el cultivo siguiente.


Te puede interesar


El maíz respondió con hasta 1.566 kilos adicionales

La mejora del ambiente no quedó limitada a indicadores del suelo.

También apareció directamente en el rendimiento.

El híbrido que mostró mayor sensibilidad a la rotación produjo 1.566 kilogramos por hectárea adicionales cuando fue implantado después del trébol alejandrino.

El incremento representó una mejora del 35% frente al tratamiento sin cultivo de servicio.

En el segundo material evaluado, la diferencia alcanzó 557 kilos por hectárea, equivalentes a un aumento del 11%.

Mejor implantación y espigas de mayor tamaño

Según el trabajo, los incrementos de rendimiento estuvieron relacionados con una combinación de mejoras durante el desarrollo del cultivo.

En las parcelas con cobertura se observaron mejores condiciones de implantación, mayor uniformidad del lote, espigas de mayor tamaño y una fijación de granos más eficiente.

Rodríguez destacó que el cultivo de servicio permitió acompañar especialmente las etapas iniciales.

“La incorporación de este cultivo de cobertura permitió acompañar el crecimiento inicial y potenciar el rendimiento general de los distintos híbridos evaluados”, explicó.

El efecto apareció tanto en materiales tolerantes como no tolerantes

Otro resultado del ensayo fue que la respuesta no quedó restringida a un único tipo de híbrido.

La disminución de los síntomas de fitotoxicidad y la mejora del crecimiento fueron observadas tanto en materiales tolerantes como no tolerantes a imidazolinonas.

Esto refuerza el papel que puede tener el manejo de la rotación para reducir el impacto de residuos químicos que permanecen en el perfil después del arroz.

El cultivo de servicio como parte del manejo del sistema

El trabajo del INTA plantea al trébol alejandrino no solamente como una cobertura entre cultivos, sino como una herramienta integrada al funcionamiento de la rotación.

El aporte de biomasa, el incremento de materia orgánica y una mayor actividad biológica pueden favorecer procesos que luego repercuten sobre el cultivo comercial siguiente.

En sistemas donde el arroz deja condiciones particulares de suelo y existe riesgo de persistencia de herbicidas, esa función adquiere especial importancia.

De mejorar el suelo a producir más maíz

Los resultados permiten conectar directamente el manejo del suelo con la productividad.

La incorporación del trébol alejandrino favoreció la reducción de la fitotoxicidad y generó mejores condiciones para el desarrollo radicular.

Esa respuesta terminó trasladándose al rendimiento, con aumentos que llegaron al 35% en el híbrido más sensible.

El ensayo muestra así que, dentro de una rotación arrocera, un cultivo de servicio puede cumplir una función que va más allá de mantener el suelo cubierto: puede contribuir a degradar residuos de herbicidas, mejorar el ambiente para las raíces y aumentar el rendimiento del cultivo siguiente.

MÁS INFORMACIÓN PARA TU CAMPO ENTRA AQUÍ