El INTA descubrió que 1 millón de hectáreas de Córdoba son humedales sin que casi nadie lo sepa

Técnicos realizando monitoreo ambiental en un humedal inundado de Córdoba, con vegetación natural y presencia de agua en una amplia llanura
El INTA Manfredi avanza en la identificación y delimitación de humedales en Córdoba mediante indicadores de campo validados en la zona de Laboulaye. Un relevamiento preliminar estima que las áreas con potencial presencia de humedales abarcarían 1 millón de hectáreas —el 6,3% del territorio provincial— y otras 4,3 millones presentan limitaciones por excesos hídricos o drenaje deficiente.

Los humedales son ecosistemas clave para regular el agua, almacenar carbono y sostener biodiversidad, y se forman en ambientes donde el agua permanece durante largos períodos, como lagunas, bajos y bañados. El relevamiento de la EEA Manfredi surge del cruce entre mapas satelitales multitemporales del período 2000-2020 y la cartografía de suelos provincial.

El trabajo de campo se concentró en la zona de Laboulaye, en el departamento Presidente Roque Sáenz Peña, un área de lagunas, bajos y bañados interconectados que el INTA considera representativa para este tipo de estudios. “Este área reúne condiciones representativas para estudiar este tipo de ambientes”, explicó Lautaro Faule, investigador del Grupo Manejo de Cultivos y Recursos Naturales de INTA Manfredi.


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Los avances fueron presentados en el 30° Congreso Argentino de la Ciencia del Suelo, realizado en abril en San Carlos de Bariloche, donde equipos del Proyecto Nacional Humedales del INTA coordinaron conferencias y mesas redondas, y donde además intercambiaron experiencias con Michael Vepraskas, especialista estadounidense que desarrolló parte de las metodologías de identificación utilizadas.

La definición de humedal que guía el proyecto fue establecida en 2016 en el marco del COFEMA: un ambiente donde la presencia temporaria o permanente de agua genera condiciones particulares que se reflejan en la vegetación y en el suelo. Para identificarlos, los investigadores adaptaron guías de indicadores morfológicos desarrolladas por el USDA. En el campo, las pruebas incluyen calicatas donde se buscan cambios de color o estructura del suelo asociados a saturación hídrica, reactivos químicos que se tiñen de rojo cuando confirman esas condiciones, y tubos de hierro pintados de amarillo que se entierran durante 21 días para evaluar el desgaste provocado por bacterias asociadas al exceso hídrico.

El proyecto se desarrolla en regiones muy distintas del país —desde Corrientes y Misiones hasta la Patagonia— con un rasgo común: la permanencia de agua o el anegamiento prolongado. En el sur del país, algunos de estos suelos tienen alto contenido de materia orgánica y funcionan como reservorios de carbono relevantes para el cambio climático. En Laboulaye, muchos de estos ambientes forman parte de la cuenca de la laguna La Picasa, que involucra a Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires.

“La vegetación puede cambiar con el uso, pero los suelos permanecen. Aun en ambientes intervenidos, los rasgos del suelo permiten identificar si se trata de un humedal”, concluyó Faule. El desafío ahora es delimitar con precisión dónde empiezan y dónde terminan estos sistemas, una información clave para su conservación y para el manejo hídrico de las cuencas que integran.

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