Con lluvias muy por debajo de lo normal, enero profundizó el déficit hídrico en la región núcleo. La mitad del área ya está en sequía y la soja de primera empieza a perder potencial, mientras la mirada se posa en febrero como última carta.
El cierre de enero dejó un dato que encendió todas las alertas en la región agrícola más productiva del país: llovió menos de 40 milímetros en promedio, cuando lo habitual para el mes ronda los 110 mm. Lejos de recomponer los perfiles, el agua faltó y la sequía comenzó a dejar huellas concretas en los cultivos.
Según el último informe de la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario, el promedio mensual apenas alcanzó los 38 mm, consolidando un escenario de déficit hídrico que impacta de lleno en la soja de primera, justo en su etapa más sensible de definición de rinde.
Un mapa dominado por el rojo
El relevamiento de las 36 estaciones meteorológicas de la red BCR-GEA expone con claridad la gravedad del cuadro. Solo General Pinto, en el noroeste bonaerense, logró alcanzar valores normales, con 122 mm acumulados, convirtiéndose en una excepción dentro de un mapa mayoritariamente seco.
En zonas cercanas del noroeste, los registros oscilaron entre 45 y 90 mm, todavía por debajo de la media histórica. El contraste más duro se observa en el corazón de la región núcleo:
Álvarez: apenas 9 mm en todo enero.
Pujato, Maggiolo y Godeken: entre 10 y 11 mm.
Como consecuencia, la mitad del área núcleo se encuentra en condición de sequía, con especial gravedad en la franja central. El resto presenta escasez hídrica y solo el sur de la región conserva algunos sectores con reservas regulares.
Te puede interesar
- Pronóstico de lluvias hasta el 9 de febrero
Cómo fijar pisos de precio en granos y proteger los márgenes en un mercado que no reacciona
Preocupación en el campo por la situación financiera de una cerealera
Leche en récord, tambos en rojo: producir más ya no alcanza para cubrir los costos
Lluvias tardías y muy desparejas
En los últimos días del mes se registraron algunos eventos de lluvia, pero su efecto fue limitado y altamente localizado. Tres episodios puntuales beneficiaron casi exclusivamente al oeste de la región.
El más significativo dejó 68 mm en Rufino, 62 mm en General Villegas y 45 mm en General Pinto, con aportes más modestos en el sur de Córdoba. El centro y este de la región núcleo quedaron prácticamente al margen. Los eventos posteriores fueron débiles y no lograron modificar el escenario general.
Soja de primera: el rinde empieza a ajustarse
La soja de primera atraviesa su momento crítico:
60% del área está en fructificación (R3–R4),
5% inicia llenado de granos (R5),
35% continúa en floración.
En este contexto, la falta de agua ya provocó pérdidas irreversibles de potencial. El noreste bonaerense y el sur de Santa Fe concentran los mayores daños. En Pergamino, técnicos estiman recortes de hasta 50% del rinde potencial. En Bigand, la combinación de hojas flácidas, marchitez y caída de flores podría traducirse en pérdidas del 15 al 20% si no llegan lluvias en el corto plazo.
En Marcos Juárez, aunque hubo algunos milímetros, ya se observan plantas muertas en sectores bajos, crecimiento detenido y pérdida de nudos. A esto se suma una mayor presión de arañuelas y trips, plagas favorecidas por el calor y la sequía.
Estado general, por ahora sostenido
Pese al escenario adverso, la condición general de la soja de primera se mantuvo respecto de la semana anterior:
5% excelente,
30% muy buena,
50% buena,
15% regular.
En zonas donde las lluvias fueron algo más generosas durante enero aún se conserva margen productivo, especialmente en lotes con buenos suelos y manejos más eficientes.
Soja de segunda: una ventana todavía abierta
La soja de segunda muestra un desarrollo atrasado, pero aún conserva chances de recuperación. Cerca de la mitad de los lotes permanece en estadios vegetativos y el resto inicia floración.
En Carlos Pellegrini y Piedritas, las últimas lluvias llegaron en el momento justo para evitar daños mayores. En cambio, en Marcos Juárez, Bigand y Pergamino, el cultivo sigue limitado por el estrés térmico e hídrico y cuesta superar el rastrojo de trigo. Aun así, el GEA remarca que una mejora en las lluvias podría revertir parte del daño.
Maíz tardío, también bajo presión
El maíz tardío y de segunda no escapa al combo calor-sequía. Unas 90.000 hectáreas están muy comprometidas en la región núcleo. El estado general muestra:
25% muy bueno,
30% bueno,
45% regular.
Los mejores lotes se concentran en el noroeste bonaerense, donde las lluvias llegaron “justo a tiempo”. El extremo sur de Santa Fe presenta el panorama más complejo, con cuadros estancados y fuerte dependencia de nuevas precipitaciones.
Febrero, la última carta
Los pronósticos de corto plazo no ofrecen alivio inmediato. Se esperan chaparrones aislados, con chances de lluvias algo más generalizadas recién hacia mitad de la primera semana de febrero, aunque con montos todavía inciertos.
“La señal más alentadora aparece hacia mediados de semana, con un frente que podría romper el bloqueo y generar lluvias en el centro de la región núcleo”, explicó el consultor climático Alfredo Elorriaga.
Mientras tanto, el reloj climático sigue corriendo: los rindes ya comenzaron a ajustarse y el margen de recuperación se achica día a día.











































