Caña de azúcar: la fertilización variable con nitrógeno mejora rindes y reduce costos en los cañaverales

Caña de azúcar: la fertilización variable con nitrógeno mejora rindes y reduce costos en los cañaverales

La aplicación de dosis variables de nitrógeno se consolida como una herramienta clave para mejorar la eficiencia productiva de la caña de azúcar. Un trabajo conjunto entre el INTA Famaillá (Tucumán), empresas privadas y el Grupo CREA Cañaverales demostró que ajustar la fertilización según la calidad ambiental de cada sector del lote permite aumentar los rendimientos y optimizar los costos.

El estudio se desarrolló durante dos campañas consecutivas y evaluó la respuesta del cultivo en ambientes de baja, media y alta productividad, confirmando que no todos los suelos reaccionan de la misma manera frente a la aplicación de fertilizantes.

Manejo diferenciado dentro del mismo lote

La investigación se apoyó en un enfoque de agricultura de precisión, que propone adaptar las decisiones de manejo a las variaciones productivas y ambientales dentro de cada cañaveral. El objetivo fue medir cómo respondía la caña de azúcar a distintas cantidades de nitrógeno, aplicadas de forma variable, y analizar su impacto en el rendimiento y la rentabilidad.


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“Este estudio de dos años confirmó que la fertilización con dosis variables es una herramienta eficaz para mejorar la productividad en áreas con distintos niveles de fertilidad”, explicó Roberto Sopena, especialista del Grupo de Recursos Naturales del INTA Famaillá.

Resultados de la primera campaña

Durante el primer año de ensayos, se aplicaron cinco dosis diferentes de nitrógeno, utilizando urea como fuente fertilizante. En los ambientes de media y alta calidad, las dosis más elevadas lograron un incremento del 10,2 % en el rendimiento respecto del manejo estándar utilizado por la empresa.

En cambio, las dosis más bajas provocaron una merma productiva limitada, del 3,5 %, en relación con el testigo. En los sectores de baja calidad ambiental, el aumento de las dosis no generó mejoras significativas, lo que indicó la presencia de factores restrictivos, como pH elevado y problemas estructurales del suelo, que condicionan el desarrollo del cultivo.

Ajustes y respuestas en la segunda campaña

Para la campaña 2024-2025, el equipo ajustó la estrategia y redujo a tres dosis de nitrógeno, redefiniendo los niveles según la experiencia previa y priorizando una mayor oferta en los ambientes de mejor aptitud productiva.

Los resultados profundizaron las conclusiones del primer año. En los ambientes de calidad media, las dosis más altas aumentaron el rendimiento en 23 % frente a la dosis más baja. En los sectores de alta calidad, la respuesta fue aún más marcada, con un salto productivo del 36,8 %.

Más eficiencia, no más insumos

Según Sopena, el foco no está en aplicar menos fertilizante, sino en utilizarlo mejor. “La clave es reasignar el nitrógeno de manera eficiente: aplicar más donde el cultivo lo aprovecha y reducirlo en los ambientes de menor respuesta. De esa manera, los productores pueden maximizar los retornos económicos”, subrayó.

Del trabajo también participaron los especialistas del INTA Gustavo Martos, Héctor Sánchez y Leandro Bustos, en una experiencia que refuerza el potencial de la agricultura de precisión para mejorar la sustentabilidad y competitividad del cultivo de caña de azúcar.

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